viernes, 29 de abril de 2016

CHUCK NORRIS 3. LA ÚLTIMA BATALLA DEL HÉROE DEL PUEBLO.



Siempre hace falta una tercera parte.

Un cierre a las tramas abiertas en la saga y un postrero adiós al personaje con el que hemos convivido.

En el caso de Chuck Norris, el epílogo de su carrera discurriría por senderos de menor calado, aunque también gozaría de momentos de gran popularidad.

En su siguiente trabajo, “The Hitman” (1991), todavía bajo el amparo de la Cannon, Chuck Norris interpretaría al policía de Seattle, Cliff Garret, el cual es traicionado por un compañero corrupto y dado por muerto. No obstante, Garret reaparecerá más adelante bajo el nombre de Danny Grogan, un brutal pistolero a las ordenes del jefe criminal Marco Luganni (Al Waxman), que deberá intentar salir vivo de una guerra mafiosa por el control de la ciudad, mientras planea su venganza.



Estrenada directamente a video, la mediocridad inunda  una película de la que no se salva ni siquiera el incoherente personaje de Norris que resulta demasiado sádico para lo que había sido habitual en su filmografía.

Lo mejor: La impagable mullet de Chuck, su relación con el niño al que enseña que huir de los temores es peor que enfrentarse a ellos, y la entrevista que le hizo Nieves Herrero en la promoción española.



Más adelante, llega “Juntos para vencer” (1992), que marca con claridad la intención de Norris de buscar proyectos para todos los públicos, habida cuenta del escaso éxito de sus últimos largometrajes.

Barry Grabewski (Jonathan Brandis), un enfermizo chaval que sufre bullying, se refugia en fantasías en las que comparte aventuras con su ídolo, Chuck Norris.  Su padre (Beau Bridges) y su profesora (Julia Nickson), preocupados por su conducta cada vez más ausente, deciden que aprenda kárate con el anciano Mr. Lee (Mako), el cual entrena a Barry para poder participar en un torneo local.

Curioso ejercicio de metacine que se adelanta a “El último gran héroe” (1993) y que debutó en el segundo puesto del Box Office, el fin de semana de su estreno. Aún así, no pasa de ser la historia de Karate Kid, aliñada con las ensoñaciones del protagonista en las que se recrean escenas de varios films de Norris (“Desaparecido en Combate”, “Duelo Final”  e incluso “The Hitman”) eliminando toda la violencia explícita. Precisamente es ese saturado tono inocentón lo que merma el conjunto final, llegando incluso a privarnos de la clásica pelea entre el nerd  acosado y el abusón del Instituto.

Trágica la historia de Jonathan Brandis que es otra de esas estrellas infantiles que no soportó el dejar de ser un popular rostro televisivo, y terminó colgado del techo de su apartamento. Tenía 27 años.

Lo mejor: El segmento final del torneo en el que Norris vuelve a las competiciones de artes marciales  tras “Fuerza 7” (1979).


Un héroe familiar, pasos en falso y el dorado camino a Texas

En el año 1993, Norris cruza su camino con el que, para el gran público, es su personaje más reconocido: el expeditivo ranger de Texas, Cordell Walker.

Primo lejano de aquel J.J. McQuade de “McQuade Lobo Solitario” (1983), el papel estaba hecho a la medida de Chuck: descendiente de indios nativos, veterano del Vietnam, experto en defensa personal, y de carácter indómito aunque noble, en poco tiempo, conseguiría ser el agente de la ley favorito de la América conservadora, que adoraba sentarse delante de la pequeña pantalla para  ver a  Walker aplicar la ley a este lado del río Colorado.

Walker con Tribette y el resto de la pandilla.

“Walker, Texas Ranger” (1993-2001), aún hoy resulta entretenida si uno se acerca a ella con las ideas claras acerca de sus características: moralista y formularia, pero sincera y sin pretensiones, cada episodio garantiza peleas, persecuciones, tiroteos y mucho, mucho Chuck Norris. 

Anyway, Norris lo seguiría intentando en el cine y en 1994 estrena “El mensajero del infierno”. A un paso de la bancarrota, la Cannon decide contar por una última vez con el que había sido su emblema durante sus años de gloria, aunque el proyecto no podría ser más disparatado.


Jerusalén, Año 1.186. Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, derrota en Tierra Santa a un enviado de Satanás (Christopher Neame), que tras siglos encerrado, consigue escapar.

Chicago, en la actualidad. El sargento de policía Frank Shatter (Chuck Norris) investiga el horrible asesinato de un rabino y las pistas le llevan a viajar a Israel, tras el rastro de una amenaza sobrenatural que busca desencadenar el Apocalipsis bíblico.

De Walker, Texas Ranger se repesca a Sheree J. Wilson como la experta en mitología, Leslie Hawkins, y también se repite el formato de la serie, acompañando a Norris, del actor afroamericano Calvin Levels como alivio cómico.

Precisamente este último aspecto, lastra la película y al espectador que tiene que soportar un guión con demasiados chistes malos y poco (o nada) del terror prometido.

Lo mejor: La curiosidad de haber sido rodada en Israel (la Cannon muere donde nació) y que sea algo mejor que su anterior film.


Para su nuevo trabajo, Norris decide llevar más lejos ese tono infantil que había  marcado sus últimos largometrajes, y en lugar de ser acompañado por un niño, se hace acompañar por algo aún más tierno que un crío: un perro(!!).





























En “Top Dog. El perro sargento”(1995), Jake Wilder (Chuck) es un desastrado agente de la ley de San Diego, al que le asignan un nuevo compañero: Reno, un perro-policía (magistralmente interpretado por dos pastores de Brie, Digby y Betty). Juntos investigarán los ataques terroristas de un grupo supremacista blanco, mientras tratan de adaptarse el uno el al otro.

La intención era repetir la fórmula de “Socios y Sabuesos” (1989) o “Superagente K-9” (1989), sustituyendo al cómico protagonista (Hanks y Belushi) por un actor de acción. No obstante, su estreno, sólo nueve días después del atentado al edificio federal en Oklahoma , generó el rechazo de la audiencia e hizo que fuese la última película de Norris estrenada en salas de cine.

Lo mejor: Cada vez que sale el perro.

En 1996, nos encontramos con Walker, Texas Ranger ascendiendo en los rankings de audiencia, pero con los recelos de las productoras a financiar nuevos proyectos cinematográficos a Chuck, debido al poco impacto de sus últimos largometrajes. Es por esto que los hermanos Norris tienen que conformarse con rodar un direct-to-video como “El Guerrero del Bosque” (1996).


Unos niños sentados alrededor del fuego, escuchan la leyenda de Jeremiah McKenna (Chuck Norris), un colono asesinado mientras intentaba salvar a su esposa, que es resucitado por el espíritu de la Naturaleza que lo transforma en una fuerza protectora que defenderá la montaña de quiénes la ataquen.

Cuando una compañía maderera amenaza con talar el bosque, el espíritu regresa y ayuda a los niños a derrotar a los hombres del codicioso Travis Thorne (Terry Kiser).

Exclusivamente dirigida al público infantil, a cualquiera mayor de ocho años le resultará complicado tragar con este guión bonachón hasta la nausea, más adecuado para un Cartoon de sábado por la mañana, con Chuck apareciendo y desapareciendo vestido de David Crockett, o bien transmutándose en oso, águila, o lobo. Casi nada.

Lo mejor: La secuencia en la que Norris detiene una sierra mecánica con su mano, muy célebre en Internet.


Para entonces ya estaba claro que la estrella de Chuck Norris no volvería a brillar en el cine como antaño, y es por eso que decide centrarse en la televisión. En 1998, Norris participa en el telefilm “Cuestión de Honor”.

Logan Fallon (Eddie Cibrain) es testigo del asesinato de su familia por los sicarios de Al Talgorno (R. D. Call), gangster al que su padre, Fiscal del Distrito, investigaba. Tras esto, se traslada con su tío Jake (Chuck Norris), el cual le instruye en las artes marciales, lo que le servirá, junto a su especial habilidad para presentir el peligro, para cobrarse venganza.

Escrita entre Chuck y Aaron Norris, el largometraje gustará a los fans ya que presenta un ritmo ágil y mantiene todos los elementos propios de la filmografía del actor:  la camaradería, el valor, la familia, la vida en contacto con la naturaleza…


Lo mejor: Las clásicas escenas de entrenamiento, los guiños a “Delta Force 2”  (1990) y a “Los valientes visten de negro” (1978), y la química entre Cibrain y Norris.



Los 00: Cabalgando hacia el crepúsculo.


“El Hombre del Presidente” (2000) es el siguiente telefilm en el que participa Chuck, esta vez, dirigido por su propio hijo Eric. Al igual que su tío Aaron, comenzó como especialista y secundario en varias de las películas de su padre, hasta que decide ponerse tras la cámara para filmar las aventuras de Joshua McCord, un profesor universitario que oculta su condición de agente del Servicio Secreto, que se pregunta si ya ha llegado la hora de la retirada. No obstante, antes deberá modelar como sustituto al temperamental Deke Slater (Dylan Neal),  un antiguo sargento de las Fuerzas Especiales caído en desgracia, al que McCord dará una segunda oportunidad.

Muy entretenido largometraje que acierta al sacar a Norris de los films familiares y devolverlo a un universo similar al de la saga Delta Force: misiones de rescate, lucha contra el narcotráfico, y defensa a ultranza del modo de vida americano. De lo mejor de su última época.

Lo mejor: Las secuencias iniciales del rescate de la Primera Dama a lo 007; la buena forma de un Chuck que ya tenía 60 años; la pelea con Soon Tek-Oh (“Desaparecido en Combate 2 “(1985)) el diabólico General Vinh Tran.




La buena acogida de su primera parte hizo que se llevase a cabo una secuela,  en  “El Hombre del Presidente 2” (2002) repite el mismo equipo salvo Dylan Neal que es sustituido por Judson Mills en el rol de Deke Slater.

En esta ocasión el hombre del Presidente deberá enfrentarse al terrorista islámico Fadul Rashid y su plan de detonar un dispositivo nuclear en territorio norteamericano.

Los rescoldos del 11S dan pie a un relato un tanto maniqueo pero que funciona como puro entretenimiento y en el que destaca el recordado Robert Urich como el Presidente Mayfield, en uno de sus últimos papeles. No obstante, Chuck está muy de fondo y los fans echamos en falta un mayor protagonismo, pese a las secuencia final del ataque a la Refinería.

Lo mejor: Se nota que cuenta con más medios económicos y el potenciar la influencia 007.


En 2003, llega "Las Campanas de la Inocencia". En esta ocasión, no colabora con Eric y sí con su hijo mayor, Mike Norris, el cual interpreta a Jux Jonas, un piloto alcohólico, destrozado por la trágica muerte de su hija, que decide participar en una misión humanitaria consistente en llevar Biblias a Coahuila, Méjico. No obstante, tras un aterrizaje de emergencia, llegan a Ceres,Texas; una extraña población, perdida en el tiempo, en la que deberán detener un blasfemo ritual que quiere liberar una fuerza demoníaca, sólo con la ayuda de su fe y de Matthew (Chuck Norris).

En este film, Chuck da rienda suelta a sus inquietudes religiosas y colabora en esta torpe producción cristiana que juguetea con el terror pero que sólo te interesará si eres de Dakota del Sur, y quieres complementar el sermón del domingo.

Lo mejor: Chuck encarnando al justiciero definitivo: un ángel de Dios (!!).




Mejor resultado dio el telefilm "Walker Texas Ranger: La Trampa" (2005). Cuatro años después de que concluyese la serie tras ocho temporadas, Norris vuelve a calarse el sombrero tejano y retoma el rol del ranger Cordell Walker en un proyecto que pretendía resucitar la franquicia.

Con casi todo el reparto original (Trivette sólo aparece en un pequeño cameo), se desarrolla una historia al margen de los acontecimientos de la serie, en la que se percibe la intención de darle un look más actual, siendo palpable la influencia de CSI: Crime Scene Investigation (2000-2015).

En esta ocasión, el ranger Walker  (Chuck Norris) y su equipo deberán por un lado, encontrar a un niño que tiene en su poder un sistema de guía de misiles robado por espías norcoreanos, y, por otra parte, liberar de prisión, a su compañero Rhett Harper (Andre Kristoff), injustamente acusado de asesinato.

El resultado es una refrescante actualización de la saga y un regalo para los fans, que disfrutan de que Chuck, tras varios films como secundario, vuelva a ser la estrella principal.

Lo mejor:  Norris repartiendo leña como antaño, y su dramático final.



De ese mismo año es el direct-to-DVD "El Mediador" (2005). En esta ocasión, Chuck repite con el director William Tannen tras haber trabajado juntos en la insólita “El héroe y el terror” (1988) e interpreta al John Sheperd, duro detective privado, acosado por la culpa de no haber podido salvar la vida de una joven secuestrada, que debe intentar detener a un violento criminal (Daniel Bernhardt) que retiene a un tallador judío, superviviente de Auschwitz, para obligarle a dar forma a dos extraordinarios diamantes.

Bastante cruda, aunque presenta un ritmo moroso que no ayuda a darle interés a este thriller que resultó ser la última película protagonizada por el gran Chuck Norris.

Lo mejor: La venganza del judío de su carcelero nazi.

Y tras esto, la aparición en “Los Mercenarios II” (2012), donde los héroes de los blockbusters de los 80 le rinden justo homenaje; generar en Internet miles de hilarantes “Chuck Norris Facts” y el merecido descanso del guerrero.

Así que, tras este viaje de seis meses, buceando en la filmografía de este hombre… ¿ha merecido la pena? ¿merece respeto la carrera del viejo Chuck más allá de la nostalgia o de la visión irónica?

Pues yo creo que si. He disfrutado de la mayor parte del viaje y siempre me he encontrado con productos honestos, impulsados por la fuerza de un cineasta que no ha querido otra cosa que servir de desconexión de la dura realidad.

También creo que sus películas, en estos tiempos oscuros de fronteras en Europa cada vez más altas, y enemigos sin rostro en una guerra difusa, son el refugio ideal para el que anhela una justicia pura, de blancos y negros, impartida con firmeza por el poderoso Carlos “Chuck” Ray Norris.

Militar condecorado.

Campeón Mundial de karate seis años consecutivos.

Leyenda del Actioner durante cuatro décadas.

Creador de la asociación “Kickstart Kids” que lucha contra la drogadicción juvenil mediante la inclusión del entrenamiento en Artes Marciales en colegios e institutos.


Un hombre que se ha ganado todo mi respeto y que ha conseguido que le repita a todo el que quiera oírme, dónde se encuentra la esencia cruda del cine de Acción old school.



 LA TRIPLE AMENAZA SALUDA A CHUCK NORRIS.
          ¡NOS VEREMOS EN EL FRENTE!

martes, 8 de marzo de 2016

CHUCK NORRIS 2. EL RETORNO DEL HÉROE DEL PUEBLO.


Ya es tiempo de volver al frente. De que silben las balas y estallen las bombas.

Ya es tiempo de impartir justicia junto a la verdad implacable, junto a la muerte que acecha, junto al héroe que no retrocede.

Ya es tiempo de acompañar a Chuck Norris en su cruzada por reventar a patadas las pantallas del mundo y descubrir dónde termina el camino del guerrero.

Habíamos dejado a Chuck en la cima de su popularidad, enlazando varios éxitos en taquilla, que llevaron a que disfrutase de lo que sin duda es el máximo ejemplo de que has llegado a lo más alto: tener tu propia serie animada.

Y no sólo eso, a “Chuck Norris Karate Kommandos” la acompañan una línea de figuras de acción, e incluso una colección de cómics Marvel, dibujada por el gran Steve Ditko.

No obstante, los fans adultos necesitaban más material de the real one y pronto llegaría a las carteleras uno de sus títulos más recordados.



Inspirada en el secuestro del Vuelo 847 de la TWA por terroristas islámicos, “Delta Force” (1986) fue uno de los proyectos más ambiciosos de la Cannon, que rodeó a Norris de rostros conocidos de Hollywood (George Kennedy, Martin Balsam, Shelley Winters, Robert Vaughn, un irreconocible Robert Foster como cabecilla de la milicia libanesa…etc.) entre los que destaca el gran Lee Marvin como el Coronel Nick Alexander, líder de los Delta Force.

Un avión de pasajeros despega de Atenas cuando un violento grupo de miembros de la Yihad se hace con el control del vuelo, exigiendo la liberación de sus compañeros encarcelados y desviándolo hacia Beirut.

Esto hace que se active el comando de élite antiterrorista del ejercito norteamericano, Delta Force. Justo antes de trasladarse hacia su destino, hace su aparición Mayor Scott McCoy (Chuck), un antiguo miembro que decide regresar para una última misión.
 
Los Delta Force preparándose para el combate.

El film mantiene una gran carga de tensión y destacan todas las escenas que se desarrollan en el interior del avión, las cuales reflejan con bastante exactitud lo que ocurrió en el secuestro real, como el descubrimiento entre el pasaje de un buzo de la Marina estadounidense que sería torturado y ejecutado, o la selección de judíos para su retención en el Líbano.

Anyway, todo el segundo segmento se dedica a mayor gloria de los soldados yankees dejando secuencias de acción tremendas como cuando Norris se sube a su motocicleta Suzuki SP600, modificada con lanza-cohetes, y se torna en despiadado fantasma vengador que arrasa media Beirut. Aún así, es un largometraje bastante coral en el que los fans echamos en falta algo más de Chuck. 

Lo mejor: Lee Marvin, la maña del director Menahem Golan para saber disfrazar su falta de medios, y una ALUCINANTE Banda Sonora de Alan Silvestri.

Tras ella, en Cannon deciden intentar sacar unos dólares de la moda del cine de aventuras, iniciada años antes por “En busca del arca perdida” (1981), y se comienza en Méjico la producción de “El templo del oro” (1986). Al frente se pone al director J. Lee Thompson, que ya había realizado “Las minas del rey Salomón” (1985), y, el reparto lo forman el incombustible Louis Gossett Jr., un habitual de este tipo de productos como John Rhys-Davies, la televisiva Melody Anderson y, cómo no, Chuck Norris en un papel inesperado: el del socarrón e intrépido soldado de fortuna, Max  Donigan.


Patricia Goodwin (Melody Anderson) contrata a la pareja de aventureros Max Donigan (Norris) y Leo Porter (Gossett Jr.) para que le ayuden en la búsqueda de un mítico tesoro azteca. Tras esto comienza una desenfrenada carrera por el oro en la que los protagonistas deberán viajar a la imaginaria San Miguel para sumergirse en una jungla inhóspita, poblada de guerrillas sanguinarias, animales salvajes y espíritus vengativos,…todo sin perder la sonrisa y el buen humor.


Lo mejor: El encuentro con el antiguo camarada Corky Taylor (Rhys-Davies), transformado en trastornado reyezuelo de un grupo de indígenas, el Volkswagen Escarabajo de camuflaje y observar una faceta cómica, desconocida para los seguidores del hasta ahora impasible Chuck Norris.

Para su siguiente proyecto, Norris decide volver a uno de sus personajes más celebres y cierra su particular trilogía de Vietnam con Braddock: Desaparecido en combate III (1988).


En esta ocasión, nos encontramos al Coronel Braddock (Chuck Norris) en 1975, buscando a su esposa vietnamita, en medio de la caída de Saigón. Tras creerla muerta, se marcha a los EE. UU. Años después, le encuentra en Washington, el Reverendo Polanski, el cual le cuenta que su mujer sigue viva y que tienen un hijo. Será entonces cuando Braddock vuelva a Vietnam, donde nada ni nadie le detendrán hasta poder reunirse con su familia.

Así mismo, Norris, también guionista del film, hizo valer su estatus de estrella para que el director Joseph Zito (con el que había tenido problemas en Invasión U.S.A. (1986)) fuese sustituido por su hermano menor, Aaron Norris. Secundario en varios films de Chuck, aquí tuvo la oportunidad de estrenarse como director, iniciando una longeva colaboración.

Pese a su escaso respeto por la continuidad, la película es muy entretenida y sirve de digna conclusión de la franquicia Missing in Action, con varias secuencias herederas de lo filmado en sus antecesoras. No obstante, en aquellos años, los norteamericanos estaban ya saturados de Vietnam y no llenaron la salas de cine en las que se exhibió. Aún así, como siempre, sería un éxito en el alquiler de VHS.

Lo mejor: El emocionante reencuentro con Lin, las canciones que aporta Ron Bloom a la B.S.O., la escena del violador, y Braddock e hijo, contra el helicóptero.



Ese mismo año llega “El héroe y el terror” (1988), uno de los más insólitos productos de la filmografía de Norris. En él, el Detective de Homicidios, Danny O´Brien (Chuck Norris) no consigue superar el trauma que le supuso la detención del monstruoso psicópata Simon Moon (Jack O´Hallaran). Cuando este consigue escapar, O´Brien deberá proteger a su novia embarazada y librar, de forma permanente, a Los Angeles de los asesinatos de “El Terror”.

Thriller psicológico con mucho diálogo y sin apenas acción, en el que Norris se muestra más “humano” de lo habitual, teniendo no sólo que derrotar a Moon, sino también enfrentarse a sus propios miedos o lidiar con los antojos e inseguridades de su pareja. Por lo tanto, no contentará al fan medio que espere disparos y peleas cada cinco minutos.

Lo mejor: Su sugestiva propuesta, la presencia de caras conocidas de la Cannon como Billy Drago o Steve James, y las gafas de sol de Chuck.

En 1990, la Cannon se pone en contacto con Norris para rodar un nuevo film. No obstante, no era una buena época para la compañía. Los fracasados intentos por expandirse y competir con las grandes productoras habían terminado con la marcha de Menahem Golan para montar la 21st Century Film Corporation. El otro líder de la Cannon, Yoram Globus necesitaba un éxito y se opta por continuar la historia del Coronel Scott McCoy y los Delta Force. 



En “Delta Force 2” (1990), el capo de la droga suramericano, Ramón Cota (Billy Drago), inunda de cocaína los EE.UU, sin que sirvan para nada los esfuerzos de la D.E.A. por detenerle.

Tras una operación fallida en Río de Janeiro, recurren a Scott McCoy (Norris) para que viaje a la imaginaria San Carlos y lleve ante la justicia al poderoso traficante. La sanguinaria respuesta de Cota convierte la misión en algo personal y McCoy no cejará hasta obtener su venganza.

También dirigida por su hermano Aaron, pese a no llegar al nivel de su predecesora, el film cuenta con todos y cada uno de los maravillosos clichés que pueblan las producciones de Chuck Norris: los planos frontales de las patadas de Chuck, los helicópteros, la contraposición entre la inquebrantable honestidad del protagonista y el despiadado villano, la inevitable muerte de los secundarios para reforzar la sed de revancha de Norris…

Anyway, los tiempos estaban cambiando. Los exuberantes años 80 habían terminado, Stallone y Schwarzenegger lo intentaban con la comedia y en el videoclub, los chavales preferían la excitante savia nueva de Van Damme y Seagal, frente al maduro barbudo al que ya se percibía como un disfrute “de padres”.  

Lo mejor: La ambigüedad reptiliana de Billy Drago, Chuck dándole lecciones al secuaz de Cota, el catártico final y que sea paradigma de una época que llegaba a su fin.


Chuck Norris volverá muy pronto a la Triple Amenaza por última vez…

viernes, 19 de febrero de 2016

POPULAR 1. VEINTE AÑOS JUNTOS.

Andaba yo, por el 96, en mi mundo de revistas heavys cuando nos presentó un amigo común.

En principio, me tiró para atrás la cantidad de texto y los artículos editados en blanco y negro. Pero tras derribar esa mínima barrera inicial, se ensanchó el camino frente a mí.


Me dio la mano un ente del que aprendí que los héroes de la Marvel, Charlie Parker, Brando, el Rat Pack, y Marvin Gaye también eran rock n´roll. En mi habitación, explotaron unos monumentales No me Judas, Satanás en los que cabían perversiones sexuales, el enigma de Howard Hugues, las aventuras de Errol Flynn o el Metal 80. Disfruté del correo y del apéndice por los que respiraba la revista, con un Cesar Martín con alma de hooligan que defendía sus filias y fobias con un pie en la provocación y otro en el fanatismo. Descubrí entrevistas hechas por y para fans en las que Van Halen eran vecinos de Patti Smith, Public Enemy y los Cramps. 

El mítico especial de los 70s, la decadencia del Grunge, sentir la leyenda de las bandas clásicas, el viaje por Norteamérica, el retorno de Kiss, el hallazgo de Cheap Trick, Marilyn Manson, Chris Isaak, Monster Magnet... La mezcolanza total de modas, géneros y épocas bajo el estandarte del rock como algo más que un variante musical. Como un estilo de vida cuyos ejes son la pasión y la honestidad. Como algo en lo que poder creer.

Han pasado veinte años y ya no es ese amor de antes. Aún así, no renuncio a ese affaire mensual en el que nos volvemos a encontrar. A abrirte y olerte, y llevarte a casa con todas las demás. A que te salpique el agua de la ducha y te arrugues en mi mochila. A que formes parte de mi vida.

Y conservo la esperanza de que pronto vuelva el brío de antaño.

Larga vida a Popular 1 R n´R Magazine y brindo por los próximos veinte años juntos.

Gracias, Omar por prestarme aquellos Popus y no una Rockdelux, y no ser yo ahora un gilipollas.



sábado, 14 de noviembre de 2015

CHUCK NORRIS. EL HÉROE DEL PUEBLO (I).

-¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
- Primero fue Chuck Norris.


Stallone, Schwarzenegger, Willis, Gibson…

Esos eran los nombres que de niño buscaba en las estanterías del videoclub. Protagonistas de monumentales producciones de serie A, que opacaban las más modestas películas de Chuck Norris, las cuales nunca llevé a casa.

Los años lo han dejado casi como gag de una época perdida. Como epítome del tipo duro, básico y cavernícola, de pocas palabras y mucha violencia.

Así que me pregunto:  ¿Merece más respeto el viejo Chuck? ¿Tiene vigencia la filmografía de este hombre, sin el cariño de la nostalgia? ¿Explotará mi reproductor de DVD (y mi cerebro) ante este estampido de testosterona ochentera?


Para responder a estas preguntas, me voy a servir de la colección lanzada por el MARCA, de mi valor y de mis ganas de atracarme de la esencia cruda del actioner old school.


La forja de una leyenda



Prestigioso artista marcial, Norris llamó la atención de la Industria cinematográfica tras aparecer en “El Furor del Dragón” (1972) como némesis final del gran Bruce Lee. Los productores norteamericanos vieron una oportunidad de oro para darle réplica al cine oriental, con un hombre de la tierra: un fornido muchachote rubio de Oklahoma, capaz de exhibir en pantalla toda su pericia con el karate.  


Pero antes de que su nombre encabezase el reparto de los films, a Chuck le tocaría cuajarse en subproductos tales como “El tigre de San Francisco” (1974), peli cutrísima de origen hongkonés, aunque ambientada en Norteamérica, en la que Norris hace nuevamente de malo, interpretando (es un decir) a un jefe mafioso con el departamento policial en el bolsillo, al que sólo hace frente el honrado Don Wong.

Pese a tener pinta de haberse rodado en tres días, conserva cierto encanto y es curioso ver a Chuck Norris haciendo de villano de opereta, con su puro, su pecho peludo y su sonrisa malévola.

Lo mejor: La pelea con Wong. La agilidad del coreano frente a la contundencia de Chuck recuerda a la lucha del “Furor del Dragón”.

Para su siguiente película, ya como protagonista, “Breaker, Breaker” (1977), nuestro héroe haría de un camionero (!) que cuida de su hermano pequeño, y se ve envuelto en una trama de corrupción en un pueblo sureño.


Aquí ya se dibuja el perfil del personaje que lo haría celebre: hombre serio, sencillo y apacible pero de métodos expeditivos cuando la ocasión lo requiere. Con todo, la acción tarda en llegar y desprende un tufillo televisivo que la emparenta con un capítulo de los Duques de Hazard venido a más.  

Lo mejor: El ambiente de western, el ataque de los camiones y la exhibición de patadas que despliega Chuck.

El modesto éxito que cosechó, hizo que participase en un proyecto de mayor caché y, un año después, se estrena “Los valientes visten de negro” (1978).  Los tratados de paz con Vietnam del Norte se firmaron a cambio de que, años después, se acabase con el comando de élite norteamericano, los Tigres Negros. Su antiguo líder, el Mayor John T. Booker (Norris), luchará porque se descubra la verdad, aunque tenga que llegar hasta la cúpula del poder de Washington.


Chuck reconocería en su autobiografía (“Against All Odds”) que los consejos de sus compañeros de reparto (James Franciscus, Anne Archer, Lloyd Hanes…) le ayudaron a darle mayor empaque a su papel y considera esta película, el primer “Chuck Norris film”.

Lo mejor: La mitiquísima patada atravesando el parabrisas del coche, y la escena de Harolds (Dana Andrews), con su batín y su distinción empapada en whisky, divagando sobre política exterior de EE.UU.


Después llega “Fuerza 7 (A force of one)” (1979). En ella, Logan (Chuck Norris), campeón mundial de karate, decide colaborar con la policía, tratando de desbaratar una organización de contrabando de drogas, que opera en una pequeña ciudad californiana.

Más detectivesca que de acción, pese a su desarrollo convencional, resulta agradable de ver, y llama la atención cómo estos films primarios, ya apuntan los temas que, posteriormente, se desarrollarían en sus títulos más conocidos: la guerra de Vietnam, la lucha policial contra el trafico de drogas, el mundillo de las artes marciales y la venganza como camino del héroe solitario.

Lo mejor: El combate con la leyenda del kickboxing, Bill Wallace, su falta de pretensiones, y la simbólica escena de Chuck destrozando una caja llena de droga (¿cómo no?) de una patada.

“Duelo Final” (1980), ninjaxplotation un tanto aburrida, sin apenas peleas y que abusa del punto débil de Norris: actuar. La película es un batiburrillo de terrorismo internacional, ninjas (pocos), y demasiado romance para un producto de estas características.



Lo mejor: Lee Van Cleef y su pendiente, y el acertado recurso de la voz en off para cubrir las limitaciones actorales de Norris.

Mejor resultado daría su siguiente proyecto, “Golpe por golpe” (1981). Chuck, vuelve a San Francisco para ponerse en la piel del duro agente de narcóticos, Sean Kane. El cual, tras la muerte de su compañero, asesinado en una operación fallida, abandona el Cuerpo de Policía, esperando averiguar quién les traicionó y poder impartir justicia: su justicia.


Su film de mejor factura hasta el momento, el reparto está lleno de caras conocidas tales como Richard “Shaft” Roundtree, Mako, el inmenso Toru Tanaka, o todo un Christopher Lee en el papel de líder de la Triada.

Lo mejor: Las andanzas de Norris y Mako por Chinatown, Tanaka contra el Volkswagen Escarabajo y los majestuosos planos de la ciudad de la Bahía.

Al año siguiente, se estrena una inesperada incursión de Chuck Norris en el terror. Tras acabar con delincuentes como traficantes, ninjas, o polis corruptos, en “Furia Silenciosa” (1982), el adversario de Chuck es un psicópata modificado genéticamente que siembra el terror en una pequeña localidad tejana, únicamente defendida por el sheriff Dan Stevens (Norris).


También cuenta con la presencia del añorado Ron Silver como honesto psiquiatra que se niega a participar en este moderno experimento de Frankenstein.

Lo mejor: El ser un refrescante crossover entre el slasher y las películas de karate.



Por su parte, “Marcado para morir” (1982) es un retorno a los parámetros típicos del cine de Norris. Venganzas, peleas callejeras, persecuciones, mujeres encandiladas por la virilidad sin límites de Chuck… Aunque esta vez, el argumento se desarrolla en el exótico Hong Kong, donde Norris es Josh Randall, jefe de seguridad de un casino, hostigado por una familia mafiosa que quiere utilizarlo como  tapadera de  sus negocios sucios.

 “Marcado para morir” es una de las favoritas de los fans, pero fue un fracaso económico que llevó a que Chuck Norris se desvinculase de la Metro Goldwyn Mayer y tuviese que volver a buscar financiación en pequeñas compañías para su siguiente trabajo.


Lo mejor: La inolvidable secuencia de créditos con las siluetas peleando ante los neones, su potente Banda Sonora, y las calles de Hong Kong como un personaje más de la película.
  
En 1983, llega “McQuade, Lobo Solitario”. Esta vez, Chuck se cala el sombrero del Ranger, J.J. McQuade.  Sus brutales métodos de trabajo no son del agrado de sus superiores, pero es el único hombre de Texas capaz de acabar con una red de tráfico de armas dirigida por Rawley Wilkes (David Carradine). Cuando los criminales amenazan la vida de la hija de McQuade, lo convertirán en algo personal: grave error.


Spaghetti western contemporáneo con un Norris, medio alcohólico y lleno de mugre, más turbio, más rudo, no tan “blanco” como el de films anteriores.

Lo mejor: Chuck y Barbara Carrera retozando en el barro, su violencia sin complejos, McQuade volviendo de la tumba con su 4x4, y la pelea con David Carradine, el otrora Kwai Chang Caine de la serie “Kung-Fu” (1972-1975).




Los 80: Reagan, la Cannon y el defensor de América.

Hasta ese momento, hay que reconocer que Chuck Norris era la verdadera fuerza impulsora de sus películas, ya que se encargaba tanto de vender sus proyectos en las productoras como de obtener una buena distribución. Pero todo eso cambiaría tras recibir la llamada telefónica del capo de la Cannon, Menahem Golan.

Golan había conseguido un gran éxito resucitando la saga “Death Wish” de Charles Bronson, y quería sumar otra estrella de Acción a la nómina de su productora. Por sus manos pasó el libreto de “Rambo: Acorralado Parte II” (1985) y decidió contar a su modo, la historia del veterano que regresa a Vietnam para liberar a los soldados retenidos en campos de concentración. Para ello, el ya renombre de Norris, su pasado militar y su habilidad en la lucha cuerpo a cuerpo lo hacían ideal para encarnar al coronel James Braddock.

En mi opinión, aunque sea el título más reconocido del actor, no me entusiasma y pienso que el director Joseph Zito hace deambular el film por terrenos bastante convencionales, sin la chispa de producciones anteriores.


A pesar de eso y de subirse descaradamente a la ola de la rambomanía, “Desaparecido en combate” (1984), fue un taquillazo, tanto en las salas como en videoclub, e hizo popular el nombre de Chuck Norris en todo el mundo. 
  
Lo mejor: El que el hieratismo de Norris encaje tan bien en la personalidad traumatizada del protagonista y la famosa escena de Braddock saliendo del agua con su M-60, para ametrallar a los vietnamitas.



Rodadas a la vez, "Desaparecido en Combate 2" (1985) fue inicialmente ideada para ser la primera parte, pero Menahem Golan vio más potencial comercial en el regreso de Braddock a Vietnam, por lo que, al final, terminó ejerciendo de precuela.

Lo que aquí se narra (y ya se veía en “Desaparecido en combate” (1984) en forma de flashbacks) es la reclusión del coronel y sus hombres en el campo de prisioneros  dirigido por el sanguinario Yin (Soon-Tek Oh). El resultado es para mí, superior a su predecesora. Con pocos medios, se dota de profundidad a la historia de los soldados torturados en escenas difíciles de olvidar por su dureza que le dan un tono adulto a la película. 

Cuando Braddock consigue escapar, su deseo de venganza será incontenible y la noche se cernirá sobre los malvados vietnamitas, entre los que se encuentra Toru Tanaka, que repite con Norris tras “Golpe por golpe” (1981).

Lo mejor: la tortura de la rata, Braddock y el lanzallamas, la refinada crueldad de Yin y el saber recoger el sentir del pueblo norteamericano que busca quitarse la espina de la guerra perdida mediante el cine. 


Un año después, Chuck interrumpe temporalmente su colaboración con la Cannon para rodar la magnífica  "Código de Silencio" (1985). Aquí retoma el género policíaco y viaja a una Chicago envuelta en una guerra mafiosa entre italianos y colombianos por el control del tráfico de cocaína. El único que hace frente a la omertá o código de silencio, es el sargento Eddie Cusack (Chuck Norris), un poli que no se deja entrampar por la corrupción y que sólo se rige por su inquebrantable sentido del deber.



Quizás más para Bronson que para Norris, pero aun así, un muy disfrutable film que no sería más ochentero aunque John Hughes le vomitase encima. 

Lo mejor: Un tremendo (aunque escaso) Henry Silva como capo de la familia Comacho, la escena en la que Chuck le empurra la cara a un criminal en un espejo de cocaína, y el final, con el mano a mano de Eddie Cusack y el robot-policía, contra los colombianos.


En 1985, la pesadilla de Ronald Reagan toma forma y la tierra de la libertad es invadida por un ejercito terrorista liderado por Mikhail Rostov (Richard Lynch) y su secuaz cubano Nico, sembrando el caos en Miami mediante violentos atentados. Sólo el ex agente de la C.I.A., Matt Hunter (Chuck) puede frenar a los que quieren dinamitar el american way of life.

En "Invasión U.S.A" (1985), esta vez sí, la cámara de Joseph Zito acierta y consigue crear un surrealista Miami de cartón-piedra, que se torna en aquelarre de pólvora, sangre y desolación. Todo eso, salpimentado con una batería de frases lapidarias marca de la casa ("Cualquier noche cerrarás los ojos y cuando los abras, yo estaré allí. Y habrá llegado tu hora.").  


"América lleva 200 años sin haber sido invadida por ningún ejército enemigo. Míralos...frágiles...una civilización decadente...ellos son su peor enemigo, pero no lo saben. 
Esta noche haremos Historia.
América será un lugar diferente. "

Lo mejor: El duelo de maldad entre Richard Lynch y Billy Drago, la batalla en el centro comercial, el duelo de bazookas, que los años la hayan convertido en una imprescindible deconstrucción del género, y que inaugure la edad de oro del cine de Chuck Norris.



Chuck Norris volverá muy pronto a la Triple Amenaza...