No fue la primera, pero sí la mejor.
Antes se habían estrenado Acorralado (1982), y Terminator (1984), que se desvinculaban del género de Aventuras, del Policíaco, o del Bélico, y marcaban las líneas maestras de lo que se comenzaba a llamar Cine de Acción. Historias de planteamiento sencillo y ritmo vertiginoso, en las que el antihéroe solitario lucha por vencer al enemigo superior y salvar a la chica, en medio de un huracán de persecuciones, explosiones y balas.
Incluso el humor ya se había
añadido a la mezcla en la icónica Arma Letal (1987). No obstante, en La Jungla
De Cristal (1988) confluyen una serie de claves que han hecho que el resto de
Action movies sueñen con alcanzar ese aura de clásico definitivo que estos 25
años le han otorgado al film de McTiernan.
Del libro Nothing Lasts Forever, de Roderick Thorp, cuyo personaje principal
ya había sido llevado al cine en la piel de Frank Sinatra, se
extrae una historia que comienza con el sargento-detective John McClane
viajando a Los Angeles para visitar a su familia en Navidad. Tras reunirse con su
esposa en la sede de la multinacional japonesa en la que trabaja esta, hace su
aparición un grupo de asalto paramilitar, al compás del Himno De La Alegría de
Beethoven y del rugido de sus Heckler & Koch MP5. Anyway, no contaban con
la presencia de un hombre que decide enfrentarse a ellos, únicamente armado con
su instinto de poli de Nueva York, su sarcasmo, una capacidad infinita para
soportar el dolor, una Beretta, un paquete de cigarrillos alemanes y un par de
huevos.
El papel protagonista pasó por
las agendas de Arnold, Sly, Nick Nolte, Burt Reynolds (!) y Richard Gere (!!)
hasta que se le adjudica a un actor cómico de T.V., un tal Bruce Willis que buscaba saltar a la gran pantalla, y que fue camuflado en la carátula por la desconfianza que
los productores tenían en que él solo pudiera aguantar la película.
No obstante, ese aparente missmatch, no empeora y sí enriquece unos fantásticos 131 minutos de puro
entretenimiento que han engendrado un rebaño de largometrajes que repitieron ad nauseam su misma fórmula.
Y es que el
héroe contra terroristas en un único entorno, es un argumento que viaja por
Alerta Máxima (1992), Pasajero 57 (1992), Speed (1994), Muerte Súbita (1995),
La Roca (1996)…hasta llegar a Objetivo: La Casa Blanca (2013), que,
directamente, fusila el guión de La Jungla de Cristal.
No se dan cuenta que, aparte de
la historia, lo que atrae de esta película es la masterclass de John McTiernan
tras las cámaras, que crea una maquinaria infalible de nervio, agilidad y
espectáculo visual. Nada que ver con el mareante frenesí para adolescentes de un género, que hoy sigue perdido en su obsesión por el bigger,
higher, faster.
Incluso la propia saga Die Hard se ha
contagiado por este declive, en unas últimas secuelas en las que Willis pasa de ser un hombre corriente en el sitio incorrecto en el momento equivocado, a transformarse paulatinamente en un imparable
Golem calvo.
Lo más que se acerca al personaje
original es su socias, el cochambroso detective Joe Hallenbeck, de la inigualable El Ultimo Boy Scout
(1991), similar a McClane en ingenio, testosterona y frases
lapidarias por minuto. Tipos desastrados en tiempos de dioses nórdicos y armaduras de ultratecnología, pero cuya humanidad es una inspiración para el espectador.
Por eso yo siempre querré que me proteja John McClane.
El que se veía acojonado cuando
escucha las primeras ráfagas de ametralladora, el que se arranca los cristales
de la planta de los pies y le ruega al sargento Powel que le pida a Holly McClane
Gennero que lo perdone.
Yo me quedo con ese cínico de incipiente alopecia y camisilla Imperio, insolente y
derrotado por la vida, pero siempre dispuesto a luchar por liberar al Nakatomi Plaza de las garras del luciferino Hans Gruber.
Siempre, aceptando su responsabilidad ante la adversidad.
Siempre, un héroe.
¡Yippee Ki Yay, hijo de puta!
No está nada mal para acabar el año, eh?
ResponderEliminarUna de mis preferidas de acción y uno de sus mejores papeles. Incluso pude disfrutar con alguna secuela como la III.
Bruce Willis es para mí un actor entrañable que me hizo madurar con Luz de Luna, reír con La muerte os sienta tan bien y disfrutar mucho en Doce Monos o con su papel de Butch en Pulp Fiction. Por eso se lo perdono todo, hasta su ultrarrepetido gesto de boca de piñón chulesco y sus pifias cinematográficas.
A ver si los Reyes nos dejan algo con estilo.
Que haya suerte.
La tercera parte es, después de ésta, la mejor de la saga. Es más, la 4 y la 5, son remakes encubiertos de La Jungla 3, La Venganza. Pero las he vuelto a ver todas y la que más en forma está es la primera, que ya se ve casi con orgullo de algo propio. Y es que es una golosina que te sabes de memoria y disfrutas como un loco, con un guión a prueba e bombas, un villano a la altura y un Willis que derrocha carisma.
ResponderEliminarEspero que cierren la saga con la 5, definitivamente, o, ahora que McTiernan ha salido de prisión intenten recuperar la magia de esa película original que nos voló la cabeza en nuestra infancia.