martes, 8 de marzo de 2016

CHUCK NORRIS 2. EL RETORNO DEL HÉROE DEL PUEBLO.


Ya es tiempo de volver al frente. De que silben las balas y estallen las bombas.

Ya es tiempo de impartir justicia junto a la verdad implacable, junto a la muerte que acecha, junto al héroe que no retrocede.

Ya es tiempo de acompañar a Chuck Norris en su cruzada por reventar a patadas las pantallas del mundo y descubrir dónde termina el camino del guerrero.

Habíamos dejado a Chuck en la cima de su popularidad, enlazando varios éxitos en taquilla, que llevaron a que disfrutase de lo que sin duda es el máximo ejemplo de que has llegado a lo más alto: tener tu propia serie animada.

Y no sólo eso, a “Chuck Norris Karate Kommandos” la acompañan una línea de figuras de acción, e incluso una colección de cómics Marvel, dibujada por el gran Steve Ditko.

No obstante, los fans adultos necesitaban más material de the real one y pronto llegaría a las carteleras uno de sus títulos más recordados.



Inspirada en el secuestro del Vuelo 847 de la TWA por terroristas islámicos, “Delta Force” (1986) fue uno de los proyectos más ambiciosos de la Cannon, que rodeó a Norris de rostros conocidos de Hollywood (George Kennedy, Martin Balsam, Shelley Winters, Robert Vaughn, un irreconocible Robert Foster como cabecilla de la milicia libanesa…etc.) entre los que destaca el gran Lee Marvin como el Coronel Nick Alexander, líder de los Delta Force.

Un avión de pasajeros despega de Atenas cuando un violento grupo de miembros de la Yihad se hace con el control del vuelo, exigiendo la liberación de sus compañeros encarcelados y desviándolo hacia Beirut.

Esto hace que se active el comando de élite antiterrorista del ejercito norteamericano, Delta Force. Justo antes de trasladarse hacia su destino, hace su aparición Mayor Scott McCoy (Chuck), un antiguo miembro que decide regresar para una última misión.
 
Los Delta Force preparándose para el combate.

El film mantiene una gran carga de tensión y destacan todas las escenas que se desarrollan en el interior del avión, las cuales reflejan con bastante exactitud lo que ocurrió en el secuestro real, como el descubrimiento entre el pasaje de un buzo de la Marina estadounidense que sería torturado y ejecutado, o la selección de judíos para su retención en el Líbano.

Anyway, todo el segundo segmento se dedica a mayor gloria de los soldados yankees dejando secuencias de acción tremendas como cuando Norris se sube a su motocicleta Suzuki SP600, modificada con lanza-cohetes, y se torna en despiadado fantasma vengador que arrasa media Beirut. Aún así, es un largometraje bastante coral en el que los fans echamos en falta algo más de Chuck. 

Lo mejor: Lee Marvin, la maña del director Menahem Golan para saber disfrazar su falta de medios, y una ALUCINANTE Banda Sonora de Alan Silvestri.

Tras ella, en Cannon deciden intentar sacar unos dólares de la moda del cine de aventuras, iniciada años antes por “En busca del arca perdida” (1981), y se comienza en Méjico la producción de “El templo del oro” (1986). Al frente se pone al director J. Lee Thompson, que ya había realizado “Las minas del rey Salomón” (1985), y, el reparto lo forman el incombustible Louis Gossett Jr., un habitual de este tipo de productos como John Rhys-Davies, la televisiva Melody Anderson y, cómo no, Chuck Norris en un papel inesperado: el del socarrón e intrépido soldado de fortuna, Max  Donigan.


Patricia Goodwin (Melody Anderson) contrata a la pareja de aventureros Max Donigan (Norris) y Leo Porter (Gossett Jr.) para que le ayuden en la búsqueda de un mítico tesoro azteca. Tras esto comienza una desenfrenada carrera por el oro en la que los protagonistas deberán viajar a la imaginaria San Miguel para sumergirse en una jungla inhóspita, poblada de guerrillas sanguinarias, animales salvajes y espíritus vengativos,…todo sin perder la sonrisa y el buen humor.


Lo mejor: El encuentro con el antiguo camarada Corky Taylor (Rhys-Davies), transformado en trastornado reyezuelo de un grupo de indígenas, el Volkswagen Escarabajo de camuflaje y observar una faceta cómica, desconocida para los seguidores del hasta ahora impasible Chuck Norris.

Para su siguiente proyecto, Norris decide volver a uno de sus personajes más celebres y cierra su particular trilogía de Vietnam con Braddock: Desaparecido en combate III (1988).


En esta ocasión, nos encontramos al Coronel Braddock (Chuck Norris) en 1975, buscando a su esposa vietnamita, en medio de la caída de Saigón. Tras creerla muerta, se marcha a los EE. UU. Años después, le encuentra en Washington, el Reverendo Polanski, el cual le cuenta que su mujer sigue viva y que tienen un hijo. Será entonces cuando Braddock vuelva a Vietnam, donde nada ni nadie le detendrán hasta poder reunirse con su familia.

Así mismo, Norris, también guionista del film, hizo valer su estatus de estrella para que el director Joseph Zito (con el que había tenido problemas en Invasión U.S.A. (1986)) fuese sustituido por su hermano menor, Aaron Norris. Secundario en varios films de Chuck, aquí tuvo la oportunidad de estrenarse como director, iniciando una longeva colaboración.

Pese a su escaso respeto por la continuidad, la película es muy entretenida y sirve de digna conclusión de la franquicia Missing in Action, con varias secuencias herederas de lo filmado en sus antecesoras. No obstante, en aquellos años, los norteamericanos estaban ya saturados de Vietnam y no llenaron la salas de cine en las que se exhibió. Aún así, como siempre, sería un éxito en el alquiler de VHS.

Lo mejor: El emocionante reencuentro con Lin, las canciones que aporta Ron Bloom a la B.S.O., la escena del violador, y Braddock e hijo, contra el helicóptero.



Ese mismo año llega “El héroe y el terror” (1988), uno de los más insólitos productos de la filmografía de Norris. En él, el Detective de Homicidios, Danny O´Brien (Chuck Norris) no consigue superar el trauma que le supuso la detención del monstruoso psicópata Simon Moon (Jack O´Hallaran). Cuando este consigue escapar, O´Brien deberá proteger a su novia embarazada y librar, de forma permanente, a Los Angeles de los asesinatos de “El Terror”.

Thriller psicológico con mucho diálogo y sin apenas acción, en el que Norris se muestra más “humano” de lo habitual, teniendo no sólo que derrotar a Moon, sino también enfrentarse a sus propios miedos o lidiar con los antojos e inseguridades de su pareja. Por lo tanto, no contentará al fan medio que espere disparos y peleas cada cinco minutos.

Lo mejor: Su sugestiva propuesta, la presencia de caras conocidas de la Cannon como Billy Drago o Steve James, y las gafas de sol de Chuck.

En 1990, la Cannon se pone en contacto con Norris para rodar un nuevo film. No obstante, no era una buena época para la compañía. Los fracasados intentos por expandirse y competir con las grandes productoras habían terminado con la marcha de Menahem Golan para montar la 21st Century Film Corporation. El otro líder de la Cannon, Yoram Globus necesitaba un éxito y se opta por continuar la historia del Coronel Scott McCoy y los Delta Force. 



En “Delta Force 2” (1990), el capo de la droga suramericano, Ramón Cota (Billy Drago), inunda de cocaína los EE.UU, sin que sirvan para nada los esfuerzos de la D.E.A. por detenerle.

Tras una operación fallida en Río de Janeiro, recurren a Scott McCoy (Norris) para que viaje a la imaginaria San Carlos y lleve ante la justicia al poderoso traficante. La sanguinaria respuesta de Cota convierte la misión en algo personal y McCoy no cejará hasta obtener su venganza.

También dirigida por su hermano Aaron, pese a no llegar al nivel de su predecesora, el film cuenta con todos y cada uno de los maravillosos clichés que pueblan las producciones de Chuck Norris: los planos frontales de las patadas de Chuck, los helicópteros, la contraposición entre la inquebrantable honestidad del protagonista y el despiadado villano, la inevitable muerte de los secundarios para reforzar la sed de revancha de Norris…

Anyway, los tiempos estaban cambiando. Los exuberantes años 80 habían terminado, Stallone y Schwarzenegger lo intentaban con la comedia y en el videoclub, los chavales preferían la excitante savia nueva de Van Damme y Seagal, frente al maduro barbudo al que ya se percibía como un disfrute “de padres”.  

Lo mejor: La ambigüedad reptiliana de Billy Drago, Chuck dándole lecciones al secuaz de Cota, el catártico final y que sea paradigma de una época que llegaba a su fin.


Chuck Norris volverá muy pronto a la Triple Amenaza por última vez…

viernes, 19 de febrero de 2016

POPULAR 1. VEINTE AÑOS JUNTOS.

Andaba yo, por el 96, en mi mundo de revistas heavys cuando nos presentó un amigo común.

En principio, me tiró para atrás la cantidad de texto y los artículos editados en blanco y negro. Pero tras derribar esa mínima barrera inicial, se ensanchó el camino frente a mí.


Me dio la mano un ente del que aprendí que los héroes de la Marvel, Charlie Parker, Brando, el Rat Pack, y Marvin Gaye también eran rock n´roll. En mi habitación, explotaron unos monumentales No me Judas, Satanás en los que cabían perversiones sexuales, el enigma de Howard Hugues, las aventuras de Errol Flynn o el Metal 80. Disfruté del correo y del apéndice por los que respiraba la revista, con un Cesar Martín con alma de hooligan que defendía sus filias y fobias con un pie en la provocación y otro en el fanatismo. Descubrí entrevistas hechas por y para fans en las que Van Halen eran vecinos de Patti Smith, Public Enemy y los Cramps. 

El mítico especial de los 70s, la decadencia del Grunge, sentir la leyenda de las bandas clásicas, el viaje por Norteamérica, el retorno de Kiss, el hallazgo de Cheap Trick, Marilyn Manson, Chris Isaak, Monster Magnet... La mezcolanza total de modas, géneros y épocas bajo el estandarte del rock como algo más que un variante musical. Como un estilo de vida cuyos ejes son la pasión y la honestidad. Como algo en lo que poder creer.

Han pasado veinte años y ya no es ese amor de antes. Aún así, no renuncio a ese affaire mensual en el que nos volvemos a encontrar. A abrirte y olerte, y llevarte a casa con todas las demás. A que te salpique el agua de la ducha y te arrugues en mi mochila. A que formes parte de mi vida.

Y conservo la esperanza de que pronto vuelva el brío de antaño.

Larga vida a Popular 1 R n´R Magazine y brindo por los próximos veinte años juntos.

Gracias, Omar por prestarme aquellos Popus y no una Rockdelux, y no ser yo ahora un gilipollas.



sábado, 14 de noviembre de 2015

CHUCK NORRIS. EL HÉROE DEL PUEBLO (I).

-¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
- Primero fue Chuck Norris.


Stallone, Schwarzenegger, Willis, Gibson…

Esos eran los nombres que de niño buscaba en las estanterías del videoclub. Protagonistas de monumentales producciones de serie A, que opacaban las más modestas películas de Chuck Norris, las cuales nunca llevé a casa.

Los años lo han dejado casi como gag de una época perdida. Como epítome del tipo duro, básico y cavernícola, de pocas palabras y mucha violencia.

Así que me pregunto:  ¿Merece más respeto el viejo Chuck? ¿Tiene vigencia la filmografía de este hombre, sin el cariño de la nostalgia? ¿Explotará mi reproductor de DVD (y mi cerebro) ante este estampido de testosterona ochentera?


Para responder a estas preguntas, me voy a servir de la colección lanzada por el MARCA, de mi valor y de mis ganas de atracarme de la esencia cruda del actioner old school.


La forja de una leyenda



Prestigioso artista marcial, Norris llamó la atención de la Industria cinematográfica tras aparecer en “El Furor del Dragón” (1972) como némesis final del gran Bruce Lee. Los productores norteamericanos vieron una oportunidad de oro para darle réplica al cine oriental, con un hombre de la tierra: un fornido muchachote rubio de Oklahoma, capaz de exhibir en pantalla toda su pericia con el karate.  


Pero antes de que su nombre encabezase el reparto de los films, a Chuck le tocaría cuajarse en subproductos tales como “El tigre de San Francisco” (1974), peli cutrísima de origen hongkonés, aunque ambientada en Norteamérica, en la que Norris hace nuevamente de malo, interpretando (es un decir) a un jefe mafioso con el departamento policial en el bolsillo, al que sólo hace frente el honrado Don Wong.

Pese a tener pinta de haberse rodado en tres días, conserva cierto encanto y es curioso ver a Chuck Norris haciendo de villano de opereta, con su puro, su pecho peludo y su sonrisa malévola.

Lo mejor: La pelea con Wong. La agilidad del coreano frente a la contundencia de Chuck recuerda a la lucha del “Furor del Dragón”.

Para su siguiente película, ya como protagonista, “Breaker, Breaker” (1977), nuestro héroe haría de un camionero (!) que cuida de su hermano pequeño, y se ve envuelto en una trama de corrupción en un pueblo sureño.


Aquí ya se dibuja el perfil del personaje que lo haría celebre: hombre serio, sencillo y apacible pero de métodos expeditivos cuando la ocasión lo requiere. Con todo, la acción tarda en llegar y desprende un tufillo televisivo que la emparenta con un capítulo de los Duques de Hazard venido a más.  

Lo mejor: El ambiente de western, el ataque de los camiones y la exhibición de patadas que despliega Chuck.

El modesto éxito que cosechó, hizo que participase en un proyecto de mayor caché y, un año después, se estrena “Los valientes visten de negro” (1978).  Los tratados de paz con Vietnam del Norte se firmaron a cambio de que, años después, se acabase con el comando de élite norteamericano, los Tigres Negros. Su antiguo líder, el Mayor John T. Booker (Norris), luchará porque se descubra la verdad, aunque tenga que llegar hasta la cúpula del poder de Washington.


Chuck reconocería en su autobiografía (“Against All Odds”) que los consejos de sus compañeros de reparto (James Franciscus, Anne Archer, Lloyd Hanes…) le ayudaron a darle mayor empaque a su papel y considera esta película, el primer “Chuck Norris film”.

Lo mejor: La mitiquísima patada atravesando el parabrisas del coche, y la escena de Harolds (Dana Andrews), con su batín y su distinción empapada en whisky, divagando sobre política exterior de EE.UU.


Después llega “Fuerza 7 (A force of one)” (1979). En ella, Logan (Chuck Norris), campeón mundial de karate, decide colaborar con la policía, tratando de desbaratar una organización de contrabando de drogas, que opera en una pequeña ciudad californiana.

Más detectivesca que de acción, pese a su desarrollo convencional, resulta agradable de ver, y llama la atención cómo estos films primarios, ya apuntan los temas que, posteriormente, se desarrollarían en sus títulos más conocidos: la guerra de Vietnam, la lucha policial contra el trafico de drogas, el mundillo de las artes marciales y la venganza como camino del héroe solitario.

Lo mejor: El combate con la leyenda del kickboxing, Bill Wallace, su falta de pretensiones, y la simbólica escena de Chuck destrozando una caja llena de droga (¿cómo no?) de una patada.

“Duelo Final” (1980), ninjaxplotation un tanto aburrida, sin apenas peleas y que abusa del punto débil de Norris: actuar. La película es un batiburrillo de terrorismo internacional, ninjas (pocos), y demasiado romance para un producto de estas características.



Lo mejor: Lee Van Cleef y su pendiente, y el acertado recurso de la voz en off para cubrir las limitaciones actorales de Norris.

Mejor resultado daría su siguiente proyecto, “Golpe por golpe” (1981). Chuck, vuelve a San Francisco para ponerse en la piel del duro agente de narcóticos, Sean Kane. El cual, tras la muerte de su compañero, asesinado en una operación fallida, abandona el Cuerpo de Policía, esperando averiguar quién les traicionó y poder impartir justicia: su justicia.


Su film de mejor factura hasta el momento, el reparto está lleno de caras conocidas tales como Richard “Shaft” Roundtree, Mako, el inmenso Toru Tanaka, o todo un Christopher Lee en el papel de líder de la Triada.

Lo mejor: Las andanzas de Norris y Mako por Chinatown, Tanaka contra el Volkswagen Escarabajo y los majestuosos planos de la ciudad de la Bahía.

Al año siguiente, se estrena una inesperada incursión de Chuck Norris en el terror. Tras acabar con delincuentes como traficantes, ninjas, o polis corruptos, en “Furia Silenciosa” (1982), el adversario de Chuck es un psicópata modificado genéticamente que siembra el terror en una pequeña localidad tejana, únicamente defendida por el sheriff Dan Stevens (Norris).


También cuenta con la presencia del añorado Ron Silver como honesto psiquiatra que se niega a participar en este moderno experimento de Frankenstein.

Lo mejor: El ser un refrescante crossover entre el slasher y las películas de karate.



Por su parte, “Marcado para morir” (1982) es un retorno a los parámetros típicos del cine de Norris. Venganzas, peleas callejeras, persecuciones, mujeres encandiladas por la virilidad sin límites de Chuck… Aunque esta vez, el argumento se desarrolla en el exótico Hong Kong, donde Norris es Josh Randall, jefe de seguridad de un casino, hostigado por una familia mafiosa que quiere utilizarlo como  tapadera de  sus negocios sucios.

 “Marcado para morir” es una de las favoritas de los fans, pero fue un fracaso económico que llevó a que Chuck Norris se desvinculase de la Metro Goldwyn Mayer y tuviese que volver a buscar financiación en pequeñas compañías para su siguiente trabajo.


Lo mejor: La inolvidable secuencia de créditos con las siluetas peleando ante los neones, su potente Banda Sonora, y las calles de Hong Kong como un personaje más de la película.
  
En 1983, llega “McQuade, Lobo Solitario”. Esta vez, Chuck se cala el sombrero del Ranger, J.J. McQuade.  Sus brutales métodos de trabajo no son del agrado de sus superiores, pero es el único hombre de Texas capaz de acabar con una red de tráfico de armas dirigida por Rawley Wilkes (David Carradine). Cuando los criminales amenazan la vida de la hija de McQuade, lo convertirán en algo personal: grave error.


Spaghetti western contemporáneo con un Norris, medio alcohólico y lleno de mugre, más turbio, más rudo, no tan “blanco” como el de films anteriores.

Lo mejor: Chuck y Barbara Carrera retozando en el barro, su violencia sin complejos, McQuade volviendo de la tumba con su 4x4, y la pelea con David Carradine, el otrora Kwai Chang Caine de la serie “Kung-Fu” (1972-1975).




Los 80: Reagan, la Cannon y el defensor de América.

Hasta ese momento, hay que reconocer que Chuck Norris era la verdadera fuerza impulsora de sus películas, ya que se encargaba tanto de vender sus proyectos en las productoras como de obtener una buena distribución. Pero todo eso cambiaría tras recibir la llamada telefónica del capo de la Cannon, Menahem Golan.

Golan había conseguido un gran éxito resucitando la saga “Death Wish” de Charles Bronson, y quería sumar otra estrella de Acción a la nómina de su productora. Por sus manos pasó el libreto de “Rambo: Acorralado Parte II” (1985) y decidió contar a su modo, la historia del veterano que regresa a Vietnam para liberar a los soldados retenidos en campos de concentración. Para ello, el ya renombre de Norris, su pasado militar y su habilidad en la lucha cuerpo a cuerpo lo hacían ideal para encarnar al coronel James Braddock.

En mi opinión, aunque sea el título más reconocido del actor, no me entusiasma y pienso que el director Joseph Zito hace deambular el film por terrenos bastante convencionales, sin la chispa de producciones anteriores.


A pesar de eso y de subirse descaradamente a la ola de la rambomanía, “Desaparecido en combate” (1984), fue un taquillazo, tanto en las salas como en videoclub, e hizo popular el nombre de Chuck Norris en todo el mundo. 
  
Lo mejor: El que el hieratismo de Norris encaje tan bien en la personalidad traumatizada del protagonista y la famosa escena de Braddock saliendo del agua con su M-60, para ametrallar a los vietnamitas.



Rodadas a la vez, "Desaparecido en Combate 2" (1985) fue inicialmente ideada para ser la primera parte, pero Menahem Golan vio más potencial comercial en el regreso de Braddock a Vietnam, por lo que, al final, terminó ejerciendo de precuela.

Lo que aquí se narra (y ya se veía en “Desaparecido en combate” (1984) en forma de flashbacks) es la reclusión del coronel y sus hombres en el campo de prisioneros  dirigido por el sanguinario Yin (Soon-Tek Oh). El resultado es para mí, superior a su predecesora. Con pocos medios, se dota de profundidad a la historia de los soldados torturados en escenas difíciles de olvidar por su dureza que le dan un tono adulto a la película. 

Cuando Braddock consigue escapar, su deseo de venganza será incontenible y la noche se cernirá sobre los malvados vietnamitas, entre los que se encuentra Toru Tanaka, que repite con Norris tras “Golpe por golpe” (1981).

Lo mejor: la tortura de la rata, Braddock y el lanzallamas, la refinada crueldad de Yin y el saber recoger el sentir del pueblo norteamericano que busca quitarse la espina de la guerra perdida mediante el cine. 


Un año después, Chuck interrumpe temporalmente su colaboración con la Cannon para rodar la magnífica  "Código de Silencio" (1985). Aquí retoma el género policíaco y viaja a una Chicago envuelta en una guerra mafiosa entre italianos y colombianos por el control del tráfico de cocaína. El único que hace frente a la omertá o código de silencio, es el sargento Eddie Cusack (Chuck Norris), un poli que no se deja entrampar por la corrupción y que sólo se rige por su inquebrantable sentido del deber.



Quizás más para Bronson que para Norris, pero aun así, un muy disfrutable film que no sería más ochentero aunque John Hughes le vomitase encima. 

Lo mejor: Un tremendo (aunque escaso) Henry Silva como capo de la familia Comacho, la escena en la que Chuck le empurra la cara a un criminal en un espejo de cocaína, y el final, con el mano a mano de Eddie Cusack y el robot-policía, contra los colombianos.


En 1985, la pesadilla de Ronald Reagan toma forma y la tierra de la libertad es invadida por un ejercito terrorista liderado por Mikhail Rostov (Richard Lynch) y su secuaz cubano Nico, sembrando el caos en Miami mediante violentos atentados. Sólo el ex agente de la C.I.A., Matt Hunter (Chuck) puede frenar a los que quieren dinamitar el american way of life.

En "Invasión U.S.A" (1985), esta vez sí, la cámara de Joseph Zito acierta y consigue crear un surrealista Miami de cartón-piedra, que se torna en aquelarre de pólvora, sangre y desolación. Todo eso, salpimentado con una batería de frases lapidarias marca de la casa ("Cualquier noche cerrarás los ojos y cuando los abras, yo estaré allí. Y habrá llegado tu hora.").  


"América lleva 200 años sin haber sido invadida por ningún ejército enemigo. Míralos...frágiles...una civilización decadente...ellos son su peor enemigo, pero no lo saben. 
Esta noche haremos Historia.
América será un lugar diferente. "

Lo mejor: El duelo de maldad entre Richard Lynch y Billy Drago, la batalla en el centro comercial, el duelo de bazookas, que los años la hayan convertido en una imprescindible deconstrucción del género, y que inaugure la edad de oro del cine de Chuck Norris.



Chuck Norris volverá muy pronto a la Triple Amenaza...

viernes, 18 de septiembre de 2015

KEITH RICHARDS “CROSSEYED HEART”. EL ÚLTIMO SOLDADO DEL PELOTÓN.


La génesis de los tres álbumes en solitario de Keith Richard ha sido muy diferentes.

Si Talk Is Cheap (1988) era su respuesta a los intentos de Jagger por enterrar a los Rolling y lanzarse como solista, y Main Offender (1992), la necesidad de airearse de la maquinaria stoniana, este recién nacido Crosseyed Heart (2015) es, únicamente, el puro placer de sacarse de dentro las canciones que le pudieran quedar, por si a los Stones no les apetece volver a pisar un estudio.

Como avance se lanzó en Julio el single “Trouble”.  Espontáneo y directo, el tema lleva la firma de su autor en cada redoble de batería, en cada fraseo de su inconfundible guitarra, en cada verso mascullado por un Richards que transmite el mismo optimismo que desprende la portada del disco. A diferencia de sus hermanos mayores, desaparece el gesto grave de antaño y muestra la sonrisa del que saborea con orgullo las aventuras vividas.


Aún así, en principio, Keith no lo tenía demasiado claro y fue el batería y productor Steve Jordan, el que le convenció de volver a reunir en Nueva York, a los X-Pensive Winos tras veintitrés años de hiato musical. Aunque el tiempo pasa hasta para los mitos, y no fueron las caóticas sesiones de grabación de su anterior trabajo, en las que acabaron con las reservas de Jack Daniels de la zona, ni tampoco el desfile de colaboradores (Bootsy Collins, Maceo Parker, Bernie Worrell…), que ayudaron a Keef a darle forma a su primer disco. Esta vez, todo se ha desarrollado de forma más relajada y se ha aprovechado el talento multiinstrumental de los Winos. 

Los X-Pensive Winos en acción.

Por los Estudios Germano del Soho, sólo apareció una noche la divina Norah Jones para cantar “Illusion”. Tras haber compartido escenario en un homenaje a Gram Parsons, Keith quiso contar con ella para darle un poco de Soul a un disco que es fiel retrato de sus filias musicales (vitales): la verdad del Blues (“Crosseyed Heart”, “Goodnight Irene”), el recuerdo Reggae de sus años en Jamaica (“Love Overdue”), la pureza de los 50s (“Blues In The Morning”), la honradez del Country (“Robbed Blind”), esas baladas taciturnas que siempre cuela en los trabajos de los Stones (“Nothing On Me”, “Lover´s Plea”) o experimentos propios de su íntimo Tom Waits (“Substantial Damage”).

El resultado es un trabajo variado y maduro, que ofrece el dulce disfrute de lo previsible estando The Human Riff  por medio: una pasta en la que se entremezclan las esencias del Rock con la personalidad de un artista, al que las arrugas no le han alejado de sus raíces.

También ha sido un regalo la promoción del álbum en la que este perro viejo del negocio, aparte de prometer disco de los Rolling Stones para el año que viene, ha repartido cariñosos cachetones a Black Sabbath, Metallica, Grateful Dead o incluso a los Beatles. Desprecios, mitad reales, mitad provocación, que son celebrados por los fans que encendemos cada mañana el ordenador, esperando nuevas boutades del que ya no tiene nada que demostrar. Dardos de ojo guiñado, que no afectan ni siquiera a los ofendidos, como el propio Lars Ulrich que cuenta su experiencia como telonero de los Stones, encantadísimo de disfrutar en primera persona de la arrogancia rockera de sus Satánicas Majestades.   

Y es que es imposible enfadarse con tipos como este al que, gustos aparte, se le debe reconocer el mérito del superviviente. Las bombas caen a su alrededor y este año ha tenido que despedirse de sus amigos B.B. King y Bobby Keys. 

Y sin embargo, ahí sigue. 

Envuelto en humo y leyenda, con su chaqueta de piel de serpiente, su calavera de plata y esa Fender que le sienta como a nadie. 

Maravillado por la contradicción de que precisamente sea él, el soldado que vaya a regresar a casa.


domingo, 13 de septiembre de 2015

DURAN DURAN "PAPER GODS". LA TEORÍA DEL ETERNO RETORNO.

“Eterno Retorno”: Concepción del tiempo consistente en aceptar que todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente.

Friedrich Nietzsche.




No sé si Simon LeBon y Nick Rhodes tendrán al filósofo alemán entre sus referencias, pero seguro que estarán de acuerdo en que su carrera en los últimos años se mueve sobre un péndulo que oscila entre la dulce nostalgia de su época ochentera y la inquietud por teñir su música de sonidos contemporáneos.

Y si el All You Need Is Now (2010) era cargar de vatios la época de Rio (1982), ahora tocaba mirar alrededor y ver que suena ahora en la radio. Porque no creo que haya algo que horrorice más a los Duran Duran que se les diga que están pasados de moda.

A diferencia de su anterior álbum, esta vez el productor Mark Ronson, sólo puede colaborar de forma puntual, y esa labor la asume, entre otros, el músico británico Mr. Hudson que también aporta voces a la canción que abre el disco de forma impecable.

El tema “Paper Gods”, con sus coros y su firme pulsión electrónica, emana una sobria melancolía al cantarle a la futilidad del tiempo y de la vida. No se esperaba tanta profundidad de entrada, pero siempre se aplaude la innovación y seguro que el tiempo hará que escale en el imaginario de los Duran. 

Tras ella, una más reconocible “Last Night In The City”, en la que se acaba la tristeza y se abren las puertas de la Disco, para que bailemos durante la última noche en la ciudad. La voz de Kiesza le da chispa y piezas así no deben faltar en los trabajos de los de Birmingham.

Ecos de “The Chauffeur” en una sombría “You Kill Me With Silence” que no deja demasiada huella al oyente y antecede al primer single: la funky “Pressure Off”



El viejo socio de Duran Duran, Nile Rodgers, le mete calor y energía a una canción que ya forma parte del setlist de su gira, y que gana con sucesivas escuchas.

Y tras esto …la imperceptible guitarra de John Frusciante en varios temas, una entretenida “Change The Skyline” … y poco más. Piezas anodinas, mucho relleno y un suflé que sólo sube algo con el bonus track “Northern Lights”.


Peor que su anterior obra, pero mejor que Red Carpet Massacre (2007). Anyway, si algo ha demostrado Duran Duran es que saben rehacerse y que los guiños de la portada de Paper Gods (2015) a su longeva trayectoria (el tigre de Seven And The Ragged Tiger (1983), el luchador de Sumo de “Girls On Film”…) son un gesto claro de que no pierden de vista su legado y que el péndulo pronto volverá a oscilar hacia la diversión elegante de tiempos recientes.