jueves, 26 de septiembre de 2013

NADIE ES CARY GRANT.



  
    Peter Bogdanovich contaba que Cary Grant acudió en 1971 al Beverly Wilshire Hotel para asistir a una gala en honor al legendario director John Ford. Se dio cuenta de que había olvidado su invitación y solicitó que le dejasen pasar. Al comentar la encargada de la puerta que no se parecía a Cary Grant, la respuesta del actor estuvo a la altura de los guiones de aquellas comedias de Hawks o Cukor que protagonizaba años atrás:

–Tiene usted razón, señora. ¡Nadie se parece a Cary Grant!

Ni siquiera él.

Y con esa frase deshizo el artificio que Hollywood había alimentado durante décadas. La idea de que Archie Leach no existía y que Cary Grant, únicamente, se interpretaba a sí mismo.

Un engaño al que contribuyeron todas las partes: Primero, el actor y la industria haciendo que los mejores directores ayudaran a crear la ficción de la estrella elegante, emblema de la sofisticación y del buen vivir.

Y, por otra parte, los que periódicamente llenaba los cines esperando a que por allí se asomase el viejo Cary, y, como el niño que exige siempre el mismo cuento antes de dormir, sólo permitían ligeras variaciones del arquetipo de traje impecable, modales suaves y respuestas ingeniosas.

Apenas interpretó papeles de época y nunca hizo un western. El hábitat de sus inicios fueron screwballs de alta sociedad, ambientadas en alguna casa de campo de Connecticut, en las que lucían su talento para el humor físico, heredado de su época en el teatro de variedades, el ser una ametralladora en el diálogo cómico, y su imponente planta de galán.


Después llegaría Hitchcock y los papeles de falso culpable, injustamente perseguido. Películas de intriga en las que se lustró el otro punto fuerte de Cary Grant: la enorme simpatía que despertaba. 

Ese fervor se hizo patente desde su primera colaboración, cuando el mago del suspense propuso que envenenase a su esposa al final de un largometraje. Los productores se negaron en redondo, a sabiendas de que los espectadores jamás aceptarían que Cary fuese un asesino.  

Ni hablar de ello. Los que acudían al cine lo querían de protagonista, deslizándose con clase por el hall de un hotel de lujo de la costa azul con Grace Kelly de su brazo, o embelesando a Audrey Hepburn, al susurro del Sena.


Y así sería hasta que decidió marcharse, porque no deseaba verse deformado por la vejez en la gran pantalla, ni que fuese el Cine el que lo echase a él.

El tiempo lo haría humano y destaparía sus problemas con el alcohol y el LSD, su actitud déspota con sus esposas, su tacañería, o su supuesta relación con el también actor Randolph Scott. Pero mientras estuvo en activo, podía cobrarles los autógrafos a los fans, o presentarse en las fiestas acompañado por Scott, confiado de que la admiración y el cariño incondicional del público le hacían invulnerable a unas críticas que nunca arrugaron su traje a medida.

Archie Leach puede que muriese en el 86, pero yo anoche me encontré a Cary Grant, bailando con Ingrid Bergman en una recepción en el Royal Naval College, de Londres y lo que pensé fue que no se podía estar más vivo.


sábado, 27 de julio de 2013

STAR TREK FOREVER.




     Aquella televisión de los últimos 80s, plagada de series que se nos hundieron en el corazón untadas con Nocilla e ilusión de niño, hubiese sido entorno ideal para la espectacularidad de Star Trek, The Next Generation (1987-1994).

Un puñado de capítulos hubieran bastado para librarse de los prejuicios de repelente serie nerdy y solemne, que aún hoy pesan sobre ella. Sin embargo, algún discreto de TVE, pensó que no tenía gancho comercial una fantasía heroica en clave sci-fi, preñada de viajes en el tiempo y combates interestelares, y heredera de un hito histórico de la pequeña pantalla como Star Trek, The Original Series (1966-1969), condenándonos a temporadas y temporadas de Se Ha Escrito Un Crimen, mientras que La Nueva Generación, pasó a ser sólo una foto diminuta en la columna de las autonómicas de la Teleindiscreta.

Ello condujo a que el posible acercamiento a la saga se limitase a unas adaptaciones cinematográficas donde se alternaron momentos brillantes, tales como La Ira de Khan, o Aquel País Desconocido, con otros de menor calidad como Generations o La Última Frontera (Bill, ¿en qué estabas pensando? ¿¿Dios como enemigo de la Flota Estelar??) pero que pecaron de ser demasiado autorreferenciales y de no pasar de ser (buenos) capítulos de una mayor duración.


Tampoco las ramificaciones posteriores (Espacio Profundo 9, Voyager…) cambiaron la opinión general de producto exclusivo para la horda de talibanes que hace tiempo se mudaron a vivir a Star Trek.

Para mí, están siendo los recientes films de J.J. Abrams los que están democratizando el universo trekker, y le abren la puerta al profano que se da cuenta que el mundo no termina con Star Wars.

Paradójicamente, ya se ha anunciado que Abrams, se baja de la nave, para ponerse a las ordenes de George Lucas, en una nueva trilogía de La Guerra de las Galaxias, que adecente el desastre de los Episodios I-II-III.

Y ahora tocaría hablar acerca de la teórica incompatibilidad entre ser seguidor o simpatizante de Star Trek y de Star Wars. Así como, de la  supuesta superioridad moral de Star Wars sobre Star Trek, como saga de ciencia-ficción definitiva.

Desde mi punto de vista, Star Wars es grande y posee un aura legendaria que ha soportado las mezquinas jugadas comerciales de un Lucas que saqueó el bolsillo del fandom, a golpe de re-re-reediciones de los films originales y de productos indignos. Pero son tres magníficas películas (o dos y media) que iluminaron mi infancia, y otras tres que son, cómo decirlo, una mierda. 

Por su parte, Star Trek son más de 40 años de producción audiovisual con cosas mejores y peores, pero que ha construido una apasionante mitología en la que poder zambullirse. Anyway, esto no es fútbol y hay momentos para todo.

Lo que está claro es que la visión de Gene Roddenberry de llevar a las estrellas, las aventuras de marinos que salen de puerto y se adentran en lo desconocido; y de mostrar el sueño de una sociedad futura sin las lacras del racismo y la avaricia, perdurará.



Ya sea con la tripulación del Capitán Kirk o con la del Capitán Picard; en la pequeña, en la gran pantalla, o en Internet; en libros, en series de animación, o en obras creadas por los fans; estoy seguro que el bucle espacio-temporal sólo se cerrará en el 2.245, año en que el U.S.S.  Enterprise surque por primera vez, el espacio, la última frontera, e inicie el viaje que nos llevará hasta dónde ningún hombre ha llegado antes.


jueves, 18 de julio de 2013

NEW COUNTRY. THE COWBOYS ARE BACK IN TOWN. (Y II)


6º NO COUNTRY FOR OLD MEN?

Willie Nelson

¿Fallece el gran George Jones? ¿Homenaje a Willie Nelson? ¿Nuevo single de George Strait?... La comunidad se moviliza y le rinde franca reverencia a las figuras antiguas.

No se les mira como artistas caducos, sino como a los que iniciaron el camino que ahora recorren ellos.

Para muestra, el emotivo paso de King George, con su voz profunda como el bourbon y su dignidad de caballero del Sur, por los Academy Country Music Awards 2013, con un Garth Brooks con brillo de fan en la mirada al cantar con su héroe, y la platea en pie, mientras interpreta esa fantástica “Give It All We Got Tonight”, su sesenta (!) número uno.



Pero también hay sitio para los teen idols (el dúo Florida Georgia Line, o, el niño-genio de Lousiana, Hunter Hayes) que aseguran que los adolescentes de la casa no se desvíen de la senda del Country.  
7º TODOS PARA UNO…

Los fans siempre, siempre apoyaran a cualquiera que lleve la bandera del Country.

El paso de Carrie Underwood y Scotty McCreery por American Idol, o la reciente victoria de Danielle Bradberry en The Voice, fueron paseos triunfales, impulsados por los millones que, cada semana, se relamían con sus interpretaciones de temas de las Dixie Chicks, Martina McBride, Pam Tills, Grath Brooks o Kenny Rogers.


8º …Y UNO PARA TODOS.

Pero, desde el otro lado, la comunidad Country también acude cuando se la necesita.

Días después del tornado que devastó la población de Moore, Oklahoma. Blake Shelton organizó el telemaratón benéfico “Healing in the Heartland”, en el que actuaron artistas de la zona como Rascal Flatts, Reba McEntire, o, la señora Shelton, Miranda Lambert, que no pudo contener lagrimas sinceras al cantar “The House That Built Me”, canción sobre regresar a la casa en la que uno se crió.



9º LOS COUNTRY SINGERS TAMBIÉN LLORAN.


Desde que Garth Brooks, a principios de los 90s, habló abiertamente en televisión de sus frecuentes infidelidades, cuando salía a la carretera, y, esto no fue merma para su inmensa popularidad, han sido varios artistas de Country los que se han animado a dar una imagen más humana de sí mismos.

Tim McGraw contó los años en los que vivió amorrado a una botella de Whisky, y Keith Urban no ocultó su ingreso en la prestigiosa Clínica Betty Ford, buscando salir del Club de cómo-me-pica-la-nariz.

Hasta tal punto es la actual tolerancia, que ha aparecido (atención) el primer cantante Country gay.

Steve Grand, un corpulento muchachote de 23 años, ha incluido en “All-American Boy”, todos los elementos típicos del buen videoclip Country (descapotable, bandera americana, fiesta alrededor del fuego, el río…), pero esta vez para acompañar una canción de amor homo, con estrofas del calibre de "I'm gonna wrestle you out of them clothes, leave that beautiful body exposed, and you can have my heart and my soul and my body... just be mine".

Con más de un millón y medio de visitas en Youtube en dos semanas, está a la espera de poder firmar su primer contrato discográfico.

Mientras tanto, el chaval, por lo que pueda pasar, se ha mudado a Chicago.

10º A LA DERECHA DE LOS REPUBLICANOS.


O no tanto. En los últimos años han surgido voces discordantes con el habitual discurso conservador.

Para lograr esa apertura, la escena Country tuvo que vivir su particular Tupac vs. Notorious Big, cuando tras el 11-S, estalló un duro enfrentamiento entre Tobey Keith y las Dixie Chicks. 

Cuando en 2002, Keith publicó aquella belicosa “Courtesy of Red, White and Blue”, no tardó en ser respondido por Natalie Maines, líder de las Dixie, que lo tildó de ser un ignorante, que hacía que el Country pareciera ignorante.



Tras esto, Tobey Keith la acusó de no escribir sus canciones, y decidió colocar montajes de Natalie con Sadam Hussein en sus conciertos, lo que fue contestado con un camuflado Fuck You, Tobey Keith, en los Academy Country Music Awards de ese año.

En aquella época, Keith era (y todavía lo es) un cantante de éxito dentro del circuito Country, pero las Chicks eran las reinas de América. Batían récords de ventas históricos, se extraían numerosos singles de sus multimillonarios discos y giraban constantemente por el mundo, así que Tobey Keith no fue rival para ellas.

Puede que por eso, el 10 de Marzo de 2003, cuando el Top Of The World Tour llegó a Londres, una envalentonada Maines, afirmó tras la invasión de Irak, que se sentía avergonzada de que el Presidente George W. Bush, fuese también de Texas.

Unas declaraciones consideradas por muchos como anti-americanas, desencadenaron un linchamiento público que hizo desaparecer sus canciones de las emisoras de radio, supuso el abandono de los patrocinadores, y que toda la escena (por convencimiento o por propio interés) le diera la espalda.

El miedo ante las amenazas de muerte y la rabia por el acoso sufrido por sus familias, se refleja en un áspero Taking The Long Way (2005), que le abrió la puerta a los músicos de Country con otras cosas que decir.


Y para finalizar, mi conclusión tras éste empape de Country: EL COUNTRY ES GRANDE y se debe difundir su palabra entre los profanos. Así que, en la próxima fiesta, hay que acercarse sin complejos al DJ y repetir los que proclamaban los Brooks & Dunn: Hey, Man, Play Something Country!


NEW COUNTRY. THE COWBOYS ARE BACK IN TOWN. (I)

Kenny Chesney y Tim McGraw

   Su carácter localista, y los prejuicios que lo ligan con pueblerinos de sombrero de paja y alambique en el granero,  evitan que sea considerada algo cool, al Norte de Kentucky.

Anyway, acercándose al centenario, el Country no cabalga precisamente  hacia el ocaso. Más bien goza de una excelente salud, gracias a la capacidad de sus artistas para, apoyados en la tradición, saber mirar hacia adelante.

Ya no dominan aquellos míticos fuera de la ley de los 70s y 80s (Willie Nelson, Kris Kristofferson, Waylon Jennings…), ni existe un imponente tótem que identifique el género, como lo fue Garth Brooks durante los 90s. Por el contrario, la actual escena se centra en un reposado mainstream que basa su éxito en un sentimiento de comunidad.

Tim McGraw, Blake Shelton, Little Big Town, Keith Urban, Brad Paisley, Carrie Underwood, Kenny Chesney, Miranda Lambert… unidos por, incluso, lazos familiares, se mueven dentro de unos parámetros musicales y culturales que permiten cierta autonomía, siempre que se respeten diez mandamientos:

1º COUNTRY ES COUNTRY.

Taylor Swift.

A nivel musical: sota, caballo y rey.

Se admite que se den un par de pasos hacia el Rock (Eric Church, Jason Aldean…) o hacia el Pop (los chic Little Big Town, Carrie Underwood, Lady Antebellum…), e, incluso, se tolera algo de rap, pero siempre y cuando prevalezca el cantar arrugando las palabras, el rasguido de las acústicas, el lamento del violín, el sonido expansivo de la steel guitar, y el ritmo grueso de las Telecasters.


Lo que no se perdona es el último disco, Red (2012), de una Taylor Swift, a la que se le fue la mano con las bases pregrabadas en pos del aplauso yankee.

No obstante, como le pasó a Faith Hill, seguro que la recibirán con los brazos abiertos, cuando deje ser tan pija y vuelva al trajito blanco de algodón y al banjo de su ingenuo disco de debut.
2º CELEBRACIÓN DEL SOUTHERN WAY OF LIFE.

Luke Bryan
Como en el pueblo, en ninguna parte.

En los videoclips, todo se traduce al lenguaje Country. Nada de playas, lujosas mansiones, coches deportivos, o entornos urbanos de L.A., o New York.

El río, el Honky-Tonk Bar, prados inmensos, la ranchera, la gasolinera, las barbacoas, el porche de la casa de madera, la carretera… ilustran canciones en cuyas letras siempre, siempre se debe colar un Tennesse, un Texas, un Georgia, o un Mississippi.

La bandera de fondo también queda bien.



3º LA FAMILIA NUNCA TE FALLA.

Blake n´ Miranda

El Country se sedimenta sobre sagas familiares como las de Hank Williams, Hank Jr. y Hank III, los hermanos de Band Perry o matrimonios entre músicos, como los de Tim McGraw y Faith Hill, o Blake Shelton y Miranda Lambert.

Uniones que garantizan docenas de duetos atómicos, y la posibilidad de criar lozanos retoños arios con el Country inscrito en el ADN, que continúen la tradición familiar.



4º CELEBRA LAS FIESTAS DE GUARDAR.


El country lover precisa de material fresco para los momentos importantes del año. En las vacaciones de Primavera o con la llegada del Estío necesita de un animado nuevo disco de Keith Urban, o Kenny Chesney para poner a toda leche en el coche, mientras arde la carretera.

Así mismo, el disco de Navidad es un tributo que debe pagar toda la comunidad Country, facturando un trabajo de villancicos y buenas vibraciones, para compartir con la familia.



5º ARREPENTIDOS LOS QUIERE EL SEÑOR.

Kid Rock

Desde los 4 puntos cardinales del panorama musical, han llegado numerosos artistas buscando calentarse al abrigo de la música de raíces. 

A ello ha contribuido la reciente puesta de largo del Nuevo Country, tras que Brad Paisley y Carrie Underwood se subiesen al escenario de todo unos Rolling Stones. 

Anyway, para algunos, como la divina Sheryl Crow o Kid Rock, han sido decisiones coherentes con su carrera. Mientras que para otros, como Darius Rucker, vocalista negro de los exitosos Hootie & the Blowfish, o Lionel Richtie (!!), es potenciar un estilo que mamaron en la infancia y, por qué no, tratar de captar la lealtad inquebrantable de los amantes del Country que son de los pocos que aún compran CDs.



Dentro de un rato, los otros cinco mandamientos.

martes, 2 de julio de 2013

GARTH BROOKS. BARRAS, ESTRELLAS & COUNTRY.


    
     Durante los 90s, el Billboard yankee era el reflejo de las dos Américas. El R&B consumido por la población negra de las grandes ciudades de Costa Este y Oeste. Y el Country de la blanca y tradicional América profunda. esta última era la banda sonora de la vida de todos los Billy Bob y Peggy Sue, y de todos los rednecks sureños, que no entienden una canción sin banjos, pedal steel y violines, y que escuchaban con devoción cristiana los discos de Garth Brooks.

Aunque para ser justos, lo que consiguió este natural de Tulsa, ciudad del gran estado de Oklahoma, fue romper el guetto de la escena Nashville, y llevar sus canciones al mundo.

Semejante hazaña se gestó gracias a Garth Brooks (1989), No Fences (1990), Ropin´ The Wind (1991), In Pieces (1993)… éxitos comerciales incomparables que arrasaron no sólo los charts Country, sino que se acomodaron en lo más alto de las listas Pop, para ver pasar las semanas y los meses. Álbumes que mezclaban las típicas historias de ambiente rural, con inquietudes inusuales en músicos de su estilo, tales como los malos tratos en la épica “The Thunder Rolls”, las injusticias sociales en “We Shall Be Free”, o, esa conmovedora “The Dance”, canción de amor que oculta un alegato sobre morir por lo que se cree.

El fulgurante platino de sus ventas multimillonarias, también fue abrillantado por un directo de alto voltaje en el que Brooks recuperó los trucos de las bandas de Rock de los 80s, incendiando (literalmente) el escenario, destrozando guitarras, o, incluso, volando cual Dave Lee Roth o Paul Stanley, sobre una audiencia poco acostumbrada a esa explosión de energía en un espectáculo Country. Un torbellino de éxito que le hizo girar por el lejano Este de Asia, Inglaterra, Australia y Suramérica, y que permitió una colaboración imposible con sus adorados Kiss.


Aunque la apoteosis del fenómeno Garth Brooks llegó el 7 de Agosto de 1997, cuando sus botas pisaron Nueva York para deleite del más de 1 millón de personas (!) congregadas en Central Park. El paleto triunfando en el corazón de la ciudad más snob de todo Estados Unidos, en una noche en la que no eras nadie, si no llevabas sombrero de ala ancha.

Spike Lee todavía no se lo cree. 

Con el nuevo siglo, el artista que más copias había vendido en los States, junto al Rey y The Beatles, se marchó a su rancho de Owasso, para ver crecer a sus tres hijas. De allí, ha salido, de forma esporádica, para una residencia en el Encore de Las Vegas, o, para conciertos como el que se celebrará el próximo sábado, 6 de Julio, en el Memorial Stadium, de Oklahoma, a beneficio de las víctimas del tornado que asoló la zona en el mes de Mayo. 


Anyway, hay rumores de un posible comeback en 2014, cuando la pequeña Allie Colleen cumpla los dieciocho. Puede que no domine los charts como antes, pero seguro que le sobran fuerzas para volver a subirse al caballo, e iniciar la reconquista de una América que añora la música del viejo cowboy.

sábado, 29 de junio de 2013

JULIUS ”DOCTOR J” ERVING. EL DIOS DEL TRUENO.

“Él fue quién lo empezó todo.”
Michael Jordan



    Hace años, antes de Internet y de la televisión por cable. Antes del basket global y de poder ver en directo partidos que se juegan al otro lado del mundo, imperaba la antigua tradición de la transmisión oral de las leyendas.

Historias mil y una veces contadas que el oyente hacía propias, ilustradas por ajados recortes de prensa, levantaban los mitos.

Mitos de generación espontánea cómo el que se comenzó a gestar a finales de los 60s, en el corazón del Harlem neoyorquino, en la meca del streetball, Rucker Park.

Hasta allí peregrinaban los que querían ser testigos.

Los que querían comprobar si era verdad lo que se contaba sobre aquel corpulento alero de movimientos suaves y mates violentos.

Los que querían poder decir: “Yo vi jugar al Doctor J”. 


Con su paso al profesionalismo, Julius Winfield Erving II, pronto pasaría de figura local a ser conocido en todo el país. Fue la imagen de aquella incipiente ABA que quería devolverle el baloncesto al pueblo. Una efímera liga que cambiaba táctica por espectáculo, pero que perdió su pulso con la NBA en 1976 al carecer de un contrato televisivo nacional.

La absorción de la ABA, terminó con Erving en unos Philadelphia 76ers, que desde el título del 67 con el gigante Wilt Chamberlain, no levantaban cabeza.

Y fue entonces cuando el Dr. J se convirtió en el negro más cool de América.

Aquel inmenso peinado afro que caminaba por el aire y caía sobre el aro con la crueldad de una plaga bíblica, dejó un reguero de canastas memorables que lo convirtieron en el Houdini de su época, el artista al que se debía ir a ver, cuando el doctor operaba en la ciudad.

 

Porque la grandeza del Dr. J, no se la dieron los records de anotación, ni los duelos con Larry Bird, ni el anillo del 83.

Los sinceros aplausos que recibían a Julius Erving en cada pabellón en su despedida en 1986, fue un gracias por los recuerdos de tantos momentos de inspiración.

Y entre todos, me quedo con ese eterno contraataque jugando contra Lakers, con Erving cruzando un enfervorecido Spectrum, acunando el balón mientras hace una batida de salto de altura, y culminado con ese mate glorioso sobre Michael Cooper que se tapa la cara para salvar los dientes. 

Una jugada que la empiezas a ver sentado y la terminas de pie, con los puños cerrados y los ojos empañados.

Así que, ya saben, si se notan con las defensas bajas, no lo piensen más y pidan cita en Youtube, con el doctor.

viernes, 14 de junio de 2013

BLACK SABBATH. MAGIA NEGRA.



      El nuevo trabajo de Black Sabbath, “13” (2013), es momento ideal para que se extienda la oscuridad y se celebre la historia de los músicos que transportaron los ecos de sombrías épocas pasadas en el alumbramiento del Heavy Metal.

John “Ozzy” Osbourne, Tommy Iommi, Geezer Butler, y Bill Ward, los hombres de Cromañón del rock, comenzaron a componer, inspirados por el bramido de las fábricas metalúrgicas del Birmingham de los 60s, que traspasaba las paredes de su local de ensayo. Precisamente, en una de esas fábricas, se dejó Iommi, la punta de los dedos corazón y anular de su mano derecha. Tras esto, elaboró unas fundas que le ayudasen a tocar, y rebajó la tensión de las cuerdas de su guitarra, dando lugar a ese característico sonido grave y denso.

El gusto del guitarrista por abusar del diabólico tritono, prohibido durante la Edad Media, la batería tosca de Ward, las despiadadas líneas de bajo de Geezer, y el carisma trastornado de Ozzy, recubierto todo por una envoltura siniestra, heredada de un clásico del Giallo italiano de Mario Bava, engendraron esa perla negra que todavía son Black Sabbath.  

“Black Sabbath”(1970), “Paranoid”(1970), “Master of Reality” ”(1971), “Black Sabbath Vol. 4”(1972)…enormes obras en las que, si se cierran los ojos y se escucha con atención, se puede percibir como bajo sus surcos se ajustan los engranajes del nuevo género.

Porque de aquella Santísima Trinidad de los 70s, Zeppelin y Purple eran (maravillosas) derivaciones del blues-rock y del sinfonismo, pero lo que urdieron estos cuatro paletos del Oeste de Inglaterra tiene el mérito del pionero que se adentra en lo inexplorado.

Una ceremonia arcana que duró seis discos, hasta que, picando los años 80s, Sharon Ozzy, decidió que estaba cansado del absolutismo de los bigotudos, y abandonó la banda, para esnifarse el éxito en solitario.

Tras la marcha de Ozzy, Iommi eligió colocar al frente del escenario al gran matadragones, Ronnie James Dio, que bañó de suntuosidad el sonido del grupo. 


Aquella voz portentosa, hermosa como ver el mar por primera vez, hizo que los fans perdonasen la blasfemia de que otro cantase los clásicos de Ozzy. Sin embargo, la banda se desmembraba y la decadencia fue marcando el devenir de la nave oscura.

Los siguientes años fueron recorridos por unos Sabbath de entreguerras que, por momentos, se ahogaron en una caricatura marcada por el constante trasiego de músicos sin nada en común con los Señores de las Tinieblas, como los exDeep Purple, Ian Gillian y Glenn Hughes, o por cantantes de segunda fila como el impersonator de Dio, Tony Martin. 
  
¡Equipazo!

No fue hasta el 97, cuando se reúne la formación original para una nueva gira, que se asientan como leyenda viva del Metal y se les da la reverencia que merecen, coronada con este anhelado "13"(2013).

Porque Black Sabbath está en Metallica, en Pantera, en Soundgarden, en el Death, en el Doom, en el Stoner, y está en cualquier grupo vestido de negro, con el valor de volver a invocar el gruñido del dios pagano llegado de otra dimensión.