sábado, 18 de abril de 2015

PLAYOFFS 2015. LA CONQUISTA DEL OESTE.

“En todos los años que llevo retransmitiendo NBA, nunca he tenido tantas ganas de ver unos playoffs”.

Antoni Daimiel


Con las eliminatorias por el título en marcha, se perfilan unos playoffs explosivos, en un Oeste con varios equipos que han mejorado el rendimiento de años anteriores y que ahora copan la élite de la West Coast.

Golden State Warriors, Houston Rockets y Memphis Grizzlies ya son proyectos cuajados que miran a los ojos a Spurs, Clippers, o Mavericks, y trazan unas eliminatorias, calientes e intensas, que pronto van a transformar los pabellones en enormes dinamos que iluminarán la noche con el mejor basket del planeta.    


GOLDEN STATE WARRIORS. EL MAYOR ESPECTÁCULO DE LA CIUDAD.


Ningún equipo anota más. Ningún equipo asiste más. Ningún equipo juega mejor.

Y no hace tanto (apenas tres años) que el dueño de la franquicia, Joe Lacob, era abucheado por el público del Oracle Arena, descontento por el traspaso del entonces ídolo Warrior, Monta Ellis. Pero el tiempo le ha dado la razón y su apuesta por darle las riendas al, en aquel, entonces, frágil base Stephen Curry ha impulsado al equipo de la Bahía a ser, por meritos propios, sólido candidato al anillo de campeón 2014-2015.

Olvidados sus problemas de tobillo, Curry, nombre más votado para el All-Star, se está mostrando como un jugador incontenible que transforma los partidos en exhibiciones de manejo, bote y, sobre todo, tiro de larga distancia, desde donde ametralla los aros rivales.

Así mismo, los Warriors han rodeado a su estrella de un roster, compacto y variado, en el que destacan su compadre Klay Thompson, tirador (metedor) con el que ha fundado la letal firma Splash Brothers; el robo del draft, Draymond Green, alero que ignoró a los que no le veían físico NBA y ahora responde a ambos lados de la cancha; junto a la veteranía de Iguodala; la calidad interior del quebradizo pívot Andrew Bogut; los puntos seguros de Barbosa…forman un conjunto temible que, bajo la batuta de Steph Kerr, lideraron la clasificación NBA y afrontan con ansia las eliminatorias por el título.


HOUSTON ROCKETS. GRUPO SALVAJE.


En segunda posición se encuentran unos hijos de la Anarquía, aún más locos por el triple que los Warriors, que se encomiendan a su líder. Lo lejos que puedan llegar en playoffs los chicos de Kevin McHale dependerá del acierto de la barba (y la lengua) más larga de la NBA.

En su tercera temporada en los Rockets, James Harden no se quejará de los esfuerzos que ha hecho la franquicia para que se sienta a gusto: le firman un megacontrato de 80 millones de dólares, el sistema de ataque se reduce a balones-a-Harden, debuta como All-Star, y fichan al center Dwight Howard, con el objetivo de formar una pareja que acerque el anillo a una ciudad que no vive una final desde hace veinte años.

No obstante, se intuye que los 27,4 puntos por partido de James Harden no van a ser suficientes para que, este año, alcancen la gloria. Howard está saliendo de una lesión de rodilla y está lejos de ser aquel superman que llevó a Orlando a disputar el título; la lesión del pointguard titular, Patrick Beverley, hace que el mando del equipo en postemporada se lo repartan un Pablo Prigioni de treinta y ocho años, y un Jason Terry que no ejerce de Uno desde sus tiempos de Atlanta. El resto del roster (Trevor Ariza, Josh Smith, Terrence Jones…) está cortado por la misma tijera: buen físico y mala cabeza. Una combinación que da malos dividendos cuando llegan los playoffs y cada posesión cuenta.


LOS ANGELES CLIPPERS. IT´S NOW OR NEVER.

Mientras que Warriors y Rockets aparentan estar en la cima de su proyecto, con los Clippers da la sensación de que puede que se les esté escapando el tren del éxito. Tienen una gran plantilla y uno de los mejores entrenadores de la liga (Glenn ‘Doc’ Rivers), esta es la tercera temporada consecutiva en la que superan las 50 victorias y la salida del polémico Donald Sterling y la llegada de Steve Ballmer, billonario vinculado a Microsoft, le ha dado una nueva estabilidad a los despachos de los Clippers.

Sin embargo, cuesta verlos como un contendiente real y es posible que sus estrellas, ya piensen que hay caminos más sencillos para ser campeón que vistiendo la camisa de Los Angeles Clippers.

Para colmo de males les ha tocado bailar en primera ronda con la fea más fea, los actuales campeones San Antonio Spurs.

Las razones para creer en el rojo y azul son: un Chris Paul en plenitud con medias de 20 puntos y 10 asistencias, la madurez del power forward Blake Griffin, que ha cuidado de sus rodillas ampliando su paleta de jugadas lejos de la pintura, el dominio en el rebote de DeAndre Jordan y la clase con mayúsculas de Jamal Crawford.


PORTLAND TRAIL BLAZERS. LA AMENAZA FANTASMA.




Aupados a la cuarta posición al comandar la enclenque Northwest Division, los Blazers repiten playoffs, aunque llegan con malas sensaciones tras la reciente lesión de su escolta titular, Wesley Matthews.

Sin su ancla defensiva, el equipo de Oregon dependerá de las habilidades ofensivas de su base Damian Lillard, un jugador que no entiende de períodos de adaptación y que desayuna récords de precocidad, especializado en anotar en los momentos calientes; y de su capitán, el ala-pívot LaMarcus Aldridge en la temporada de su vida.

A la causa colaboran, la versatilidad de Nico Batum, el sacrificio de Robin López, los años en la liga de Steve Blake y Chris Kaman y su fortaleza cuando juega en la capital hipster, siendo el cuarto equipo que menos pierde en casa, tras Golden State, Atlanta y San Antonio.


MEMPHIS GRIZZLIES. EL BRAMIDO DEL OSO.

Al otro lado del espejo de los Warriors, la sobriedad de unos Grizzlies cuyo ascenso, en lugar de en un alocado run-and-gun, se asienta en la mente, el tesón y el compromiso de un pívot que considera Memphis su hogar y que se ha encomendado la misión de traer el campeonato a la capital de Tennesse.

Un Marc Gasol que llegó por el carril contrario mientras su hermano Pau viajaba al sueño de Los Angeles, y entorno al que se ha construido un equipo experimentado que ha conseguido afinar su conocida defensa bajo el lema guerrero "grit and grind", justo para el comienzo de los playoffs.

Aunque lo que realmente necesitan los Grizzlies, son amenazas en ataque que den relevo a los puntos en la pintura de Gasol y de un talentoso Zach Randolph que ha encontrado su sitio en la NBA, jugando junto al center de Sant Boi.

Para cumplir esa tarea, hasta Memphis llegó en Enero, el 3-4 Jeff Green, un jugador total capaz de anotar de tres, de llevarse al poste bajo a defensores más pequeños y de correr la cancha al contrataque. Tras él, la claridad de ideas del base Mike Conley, los triples que le puedan quedar a Vince Carter, los robos de Tony Allen y la experiencia de estas últimas cuatro temporadas avanzado a la postemporada.


SAN ANTONIO SPURS. ¿QUÉ HAY DE NUEVO, VIEJO?


¿Qué decir de San Antonio Spurs?

¿Qué llevan dieciocho temporadas consecutivas con un 61% de victorias en temporada regular, algo que nadie ha hecho antes? ¿Qué hacen un baloncesto excelso que provoca el desmayo del aficionado? ¿Qué son el equipo favorito de los treintañeros que adoramos ver como hacen hincar la rodilla a tanto joven tatuado que se cree más de lo que es? ¿Qué hay que dar las gracias por cada minuto en cancha de Tim ‘Siglo XXI’ Duncan? ¿Qué Kawhi Leonard es ya una realidad y que pronto será el emblema del negro y plata? ¿Qué son los actuales campeones y buscan su sexto anillo para ser ya la definición de Dinastía en el deporte moderno? ¿Qué Popovich haría que cinco viejas fueran competitivas jugando al basket?

Pues no lo diré.

Sólo pondré que no tener fe en unos Spurs campeones, bajando por el río en Junio con el trofeo Larry O´Brien, es de mala persona.


DALLAS MAVERICKS. REGRESO AL FUTURO.




En la franquicia tejana, la nostalgia de aquel anillo de 2011, ha hecho traer de vuelta al minúsculo combo-guard J.J. Barea y al center defensivo Tyson Chandler, para acompañar los últimos muletazos del gran Dirk Nowitzki.

No obstante, no ha sido igual de feliz la llegada de Rajon Rondo. El genial (y arisco) playmaker no ha congeniado con los estrictos sistemas de Rick Carlisle y es probable que salga de Dallas en verano.

No es el mejor contexto para triunfar en la postemporada, aún así, el ir de tapado y su gran experiencia puede ayudarles a dar la sorpresa y superar la primera ronda.

Para colaborar en ello, la incontinencia anotadora de Monta Ellis, el tiro exterior de Chandler Parsons, y el sacar a la cancha a Amare Stoudemire como al Cid Campeador.


NEW ORLEANS PELICANS. EL OCTAVO PASAJERO.



In extremis han conseguido los Pelicans su pasaje para los playoffs. Su victoria en casa frente a San Antonio dejó fuera a los Thunder de un desatado Russell Westbrook, y les da la oportunidad de foguearse en la postemporada a este joven equipo, aunque lleno de caras conocidas.

Eric Gordon, Tyreke Evans, Omer Asik, Ryan Anderson…actores secundarios de la liga que han encontrado un hábitat acogedor en la ciudad del Estado de Luisiana y que ven su oportunidad, acompañando al futuro pívot dominante de la NBA: Anthony "Fear The Brow" Davis.

El ex Wildcat está escribiendo con buena letra los capítulos del libro de estilo de toda gran estrella del baloncesto norteamericano: Campeón con Kentucky de la NCAA, Número 1 del Draft en 2012, Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Londres, All-Star… y ahora las eliminatorias para el título en los que demostrar que no sólo asusta en defensa, gracias a su interminable envergadura y su capacidad atlética, sino que en ataque, es muy peligroso tanto al contraataque como jugando el pick and roll.

En fin, un espectáculo apasionante que dará noches de gran baloncesto y un rival para hacer frente a un probable King James en su vuelta a Cleveland.

domingo, 8 de marzo de 2015

JOSÉ LUIS GARCI. QUERIDO MAESTRO.



Hace falta más gente como José Luis Garci en este país.

Hincha del Atleti pese a haber visto jugar a Di Stéfano, seguidor del boxeo y colaborador en amañar el 23-F.

Un mitómano empedernido del Hollywood antiguo que, como él mismo dijo en un inglés macarrónico aquella noche mágica del Chandler Pavillion, cumplió un sueño de infancia al ganar el Oscar por Volver A Empezar (1982). 

Alguien con una voz particular sobre la España de la Transición, que ahora comparte con los oyentes de COPE y esRadio.

El último que salió fumando en un programa de televisión.

Un hombre que rodó las películas que le apeteció y que hizo la machada de despedirse de la dirección con un film inclasificable con Sherlock Holmes tras la pista de Jack el Destripador en el Madrid del S. XIX.


Con el buen gusto de decidir nunca aprender a conducir, y cambiar a Ana Rosa por Cayetana Guillén Cuervo.

Un tipo que se encomendó la muy noble misión de hacer volver las películas clásicas a la parrilla televisiva y celebrar qué grande es el Cine. Durante diez años, cada noche de lunes, se ajustaba la corbata y junto al profesor Juan Miguel Lamet, el saber histórico de Juan Cobos, el verbo grácil del Sr. Fiscal Eduardo Torres Dulce y el enfoque certero envuelto en humo de cachimba de Miguel Marías, nos ayudaba a sumergirnos en el celuloide y a soñar en blanco, gris y negro.

Transmisor de su enfermedad cinematográfica mediante varios libros en los que continúa con su labor pedagógica, sin que le quite el sueño el que lo tilden de conservador y reaccionario.

Responsable de hacernos adictos al Crack y transformar a Landa en antihéroe noir.



Sin reparos para reconocer que ya no puede ver la escena entre Antonio Ferrandis y José Bódalo de su película más recordada, porque le puede la pena por los amigos que se fueron.

Amante del Dry Martini y de Nueva York, y con los reflejos para darse cuenta de lo grandioso que es compartir fila de urinario con Jack Lemmon y Paul Newman.

Uno de esos maestros que nos buscamos cuando terminamos la formación reglada, y que nos enseñan que lo más importante es buscar nuestro camino, disfrutar de lo que nos gusta, y saber que los fracasos sólo son oportunidades para volver a empezar. 

viernes, 27 de febrero de 2015

DETROIT PISTONS. LISTOS PARA LA RECONVERSIÓN.



    Muchas ganas de escribir sobre el revivir de los Detroit Pistons en la presente temporada. A todos los que nos enganchamos a la NBA con aquellos Chicos Malos que metieron codos entre el duelo Celtics-Lakers y la dinastía de los Bulls, nos dolía ver cómo se descomponía aquella franquicia que dominó la Conferencia Este durante gran parte de la última década.


Curiosamente, al contrario de lo que suele ser habitual, la mejora de los Pistons no se inició añadiéndole calidad al roster, sino con el corte de Josh Smith, un power forward de gran contrato y nefastos porcentajes de tiro, cuya salida reequilibró la química del vestuario. Un movimiento arriesgado que cambió la dinámica de una franquicia que llevaba varios años a la deriva, bajo la dirección del gran Joe Dumars.

Un jugador legendario cuyo número 4 cuelga de lo alto del pabellón y un mago en los despachos que, de la nada, creo un quinteto campeón con Billups- Hamilton-Prince- Rasheed Wallace- Ben Wallace, pero que se equivocó al intentar que evolucionara la plantilla, haciendo pasar por el Palace a unos crepusculares Chris Webber y Allen Iverson, así como a jugadores de escaso carácter como Ben Gordon o Charlie Villanueva que poco aportaron.

La llegada vía draft de la contundente pareja de pívots Greg Monroe y Andre Drummond, y la sustitución de Dumars por el también entrenador Stan Van Gundy, puso los cimientos de un equipo que ya inicia el camino de una reconversión que lo devuelva a la zona noble de la Conferencia Este.

Drummond & Monroe

Parecía que la rotura del tendón de Aquiles del base Brandon Jennings posponía el renacer del equipo del Estado de Michigan. Sin embargo, la franquicia se ha movido en el mercado y ha llegado a un acuerdo con Jazz y Thunder para enviar a D. J. Agustine y al ex ACB Kyle Singler, junto con una ronda del draft, a Oklahoma, a cambio del físico y la entrega de Reggie Jackson.


Reggie

Sin el reconocimiento que pensaba que merecía en los Thunder tras cubrir con éxito las bajas por lesión de Russel Westbrook, Jackson se une a James Harden y Jeff Green, como jugador de talento que no encuentró acomodo en los sistemas de Scott Brooks, y viaja a una Motown que ve en él la llave para volver a la postemporada.

Para ello, contará con la ayuda del retornado Tayshaun Prince, un alero versátil que aportará defensa y el recuerdo de aquellos temidos Pistons del anillo de 2004; el letal tiro de tres del escolta sophomore Ken Caldwel-Pope y la experiencia de Caron Butler, en lo que será una bonita lucha con Brooklyn, Charlotte, Indiana y Boston por el octavo puesto de las eliminatorias por el título. 

Un primer paso para que vuelva a atronar el DEFENSE-DEFENSE en las gradas y, en noches de play-offs, brillen las que siempre han sido las señas de identidad de los Detroit Pistons: Intensidad, Esfuerzo y hambre de Victoria.


sábado, 21 de febrero de 2015

CORTAR POR LO SANO.

-“No sé para qué venimos, doctor. Esto no está sirviendo para nada. Este hombre sigue igual de parado y no hace lo que tiene que hacer, y mira que yo se lo digo todos los días porque blablablablablablabla…”-

Es curiosa la manía de los pacientes de referirse a los terapeutas de pareja como doctores. Quizás les da seguridad el identificarnos con una figura de autoridad como son los médicos. En el caso de esta usuaria, no creo que escuche demasiado ni a su propio médico de cabecera y me la imagino diseñando su propio diagnóstico, mezcla de lo escrito en la receta de la Seguridad Social y lo que le dice por teléfono esa amiga curandera que hace rezados para el mal de ojo.

62 años, ama de casa y madre de dos hijos que pronto huyeron del neurótico ambiente familiar. Convive con su madre octogenaria de la cuál seguro heredó ese gusto por amargarle la vida al que tiene al lado, en este caso, su marido.

Como terapeuta te entrenan para no mostrar mayor empatía por ningún miembro de la pareja, ya que esto podría perjudicar el alcanzar compromisos en la mejora de la dinámica familiar. Sin embargo, era imposible no empatizar con este pobre diablo que te miraba con ojos de cachorro abandonado, pidiendo que le echases una mano con lo que se le venía encima.

-“Cuando nos conocimos no era así. Era muy dulce…recuerdo que salíamos con el coche y hablábamos durante horas…Después de casarnos empezó a cambiar, se volvió maniática, todo le molestaba…” -

Estos comentarios me los hace en sesiones individuales, mientras su esposa cotillea las revistas de la sala de espera o busca motas de polvo en el marco de los cuadros. Hace tiempo que dejó de ser sincero con su mujer. La convivencia con ella le fue limando la autoestima y  le arrojó a los brazos de la medicación psiquiátrica. Tras años de píldoras por la mañana y por la noche, lo que antes había sido un hombre, ahora era un niño asustado por su próxima jubilación y el tener que pasar sus últimos años entre silencios helados y tormentas de desprecio.

-“¡Ayúdeme, doctor! Yo no puedo con ella. Hable usted con mi mujer y haga que cambie.”-

Pese a que el objetivo debe ser siempre el que mejore la pareja y se deben evitar las rupturas. En este caso, le aconsejé lo siguiente:

-“Hay veces en las que hay que dejar atrás lo que nos hace infelices. Veo difícil que ella cambie a estas alturas, y la vida no debe ser aguantar, sino disfrutar. En su caso, debería cortar por lo sano y terminar la relación.”-

Tras unos segundos de silencio, se levantó me dio la mano y se despidió hasta la siguiente sesión. Note un apretón más firme de lo habitual y que caminaba por el pasillo de la consulta más erguido, como si se hubiera quitado un peso de encima. 

A la semana siguiente, apareció solo, sin su esposa y me dijo:

-“Gracias , doctor. Pensé en lo que me dijo y esta mañana por fin lo hice. Corté por lo sano. Me siento mejor. Gracias.”-

Entonces fue cuando vi el cuchillo que goteaba en su mano.                                                                                              

domingo, 23 de noviembre de 2014

PACQUIAO VS. ALGIERI. EL TIGRE Y LA GACELA.


El joven aspirante con el que nadie cuenta, contra al gran campeón.

El italoamericano que se enfrenta a la leyenda, inflada de títulos, que amenaza con tumbarlo en un asalto. 

El yankee que llega al corazón del Imperio amarillo para probar que tiene pólvora en sus guantes para alcanzar un campeonato del mundo del peso wélter.

Y no, no es un guión descartado de la saga Rocky, es el combate que la pasada madrugada se disputó en el Cotai Arena, de Macao (China).

Hasta allí, viajó el, apresuradamente, apodado The King of New York, Chris Algieri. Un universitario extrovertido que, tras triunfar en el kickboxing, ha ascendido como un meteoro en los rankings, sobre todo, tras su agónica victoria frente al ruso Provodnikov el pasado mes de Junio.

Y enfrente estaba la cara del boxeo de los últimos años. Con el peso pesado dominado por la aburrida dictadura de los hermanos Klitschko, ha sido la velocidad y la contundencia de los puños del Demonio Tagalo lo que ha fascinado a los aficionados y ha llevado el nombre de Manny Pacquiao más allá del cuadrilátero.

Un Pacquiao que quería desquitarse de aquel feo nocaout sufrido frente a Juan Manuel Márquez. Un K.O. que ha hecho que se asocie el fantasma de la decadencia (y de la lesión cerebral) al otrora invulnerable Pac-Man.

No parecía preocupado el filipino, mientras se acercaba al ring, consciente de que con él, no sólo iba su país natal, sino todo un continente asiático que adora ver como este hombre apacible le hace crujir los huesos del cráneo a la mayoría de los occidentales que se atreven a pelear con él.

Por el contrario, la confianza y la chulería de rapero blanco de Algieri le duró lo que tardó en quitarse la gorra de visera ancha y que sonase la campana de inicio del primer asalto. Tras esto, hizo gala de su pasado de kickboxer, y tiró de piernas para correr por el ring con miedo de que el millón de dólares pactado, le costase alguna cicatriz de más en su bello rostro.


Con el avance del combate, Pacquiao se fue contagiando del conformismo de su rival y no dio muestras de aquella tormenta desatada de antaño. Quizás por el recuerdo de aquella derecha furtiva de Márquez que le hizo probar el raro sabor de la lona. Quizás por que no tenía nada que demostrar con un púgil que ni siquiera llegó a digno sparring.

Mucho más tendrá que hacer en ese soñado Mayweather-Pacquiao que se empieza a perfilar para 2015.

Una pelea en la que Pac-Man tendrá enfrente a un producto de la ingeniería genética, diseñado para dominar todas las artes del boxeo y que se mueve en el cuadrilátero como en el salón de su casa.

El mejor libra por libra que ha existido, campeón invicto y además negro, como tienen que ser los boxeadores norteamericanos.

Un “Money” Mayweather que ya no tiene excusas para regalarnos un combate que detenga el mundo y despeje las dudas de quién es el mejor.

Y Algieri que tenga vergüenza y deje de hacerse llamar el Rey de Nueva York, que ese es el Don, John Gotti como cantaban los Fun Lovin´Criminals.

viernes, 24 de octubre de 2014

SPANDAU BALLET. BISUTERÍA DE LUJO.


   Tras la gira Reformation del 2009, Spandau Ballet elige 2014 para intentar,  ahora sí, poder subirse a la ola del revival y reiniciar su carrera musical.

Su vuelta a los escenarios viene amparada por el film “The Soul Boys Of The Western World”, y el recopilatorio “The Story”, porque si “los otros”, esos paletos de Birmingham, han podido ¿Por qué no ellos? 

Y resulta acertado, hacerlo bajo el marco de un documental que expone su historia, desde sus comienzos en los clubs de Londres, en los que bullía el Nuevo Romanticismo de todos los hijos de Papá Roxy Music y Mamá Bowie, hasta su final, crispado por batallas legales  entre Gary Kemp y el resto de la banda.

Y ahí se ve la experiencia cinematográfica del propio Kemp, al que no le importa quedar de villano, sabedor de que encantan esas historias de segundas oportunidades y de disputas de décadas que se superan al abrigo de los abrazos que ahora se pegan al final de los conciertos.

Otro cuestión sería calibrar si, actualmente, tiene recorrido la propuesta musical de un grupo tan incrustado en una época. Si el pop fácil de aquellos chavales de los 80s tiene sentido interpretado por unos cincuentones, o si les quedan canciones dentro que llamen la atención de los nostálgicos que sólo quieren que se le repasen los clásicos de su juventud.

Opino que el pinchar este reciente Greatest Hits hace despejar rápidamente las dudas al comprobar lo bien que aún suena temas tales como la primaria “Cut A Long Story Short” y su pegajoso riff de teclados que es un fogonazo electro-pop, hoy y en 1980; la alegre pompa de jabón de “Lifeline”; la MAGNÍFICA “Through The Barricades” y su depurada épica; el funky caliente de “Chant Nº 1”; o los himnos “True” y “Gold”, contenidas piezas de satén que le sientan de maravilla a estos maduros Spandau Ballet.

Con respecto a las canciones nuevas, “Soul Boy” y “Steal”, no pasan del aprobado, pero “This Is The Love” es la esperanza de que su próximo disco en estudio, previsto para 2015, pueda alcanzar el alto nivel de All You Need Is Now (2010) de los innombrables.

La canción se apoya en la fuerza el saxo de Steve Norman, elegantes arreglos de cuerda, los coros de los Kemp, y, sobre todo, la voz de tenor de Tony Hadley, que ya tiene hechuras del gran Brian Ferry. Hadley y sus enormes pulmones hinchan de optimismo una composición, que hace que se te vayan los pies tras el brillo dorado de Spandau Ballet.


Puede que si rascas la superficie, descubras que el oro sólo está en el exterior, pero… ¿qué más da?

No me puedo imaginar lo que sería un concierto Spandau Ballet-Duran Duran (al final, lo he dicho) en pleno 2015, en Londres, con un público entregado, lleno de supervivientes del New Romantic que perciban en el ambiente la máxima: “Ey, aún nos queda pelo para peinar, baterías en el sintetizador y las mismas ganas de bailar que hace treinta años”.

viernes, 10 de octubre de 2014

RAPHAEL. ROMPIENDO EL ESPEJO.


    Como el torero maduro, al que ya le cuesta entrar en el traje de luces, pero que se aferra a la arena de la plaza. 

Gallardo y arrogante, con nuevo disco bajo el capote, se pasea Raphael por radios y televisiones, haciendo alarde de agallas para arrimarse al toro Decadencia y salir victorioso.

Ignorando los murmullos que dicen que 71 años ya es edad para cortarse la coleta, Raphael piensa: ¿Qué sabrán esos?

¿Cómo me voy a marchar si vengo de triunfar en el Sonorama, festival en el que me batí con decenas de miles de indies y me los comí a todos?

¿Quién se retira justo cuando Alex de la Iglesia te propone volver al cine y en las marquesinas de los teatros ya se anuncia una nueva temporada de Jekyll y Hyde?

¿Cómo lo voy a dejar si Madrid es mío y ya tengo firmadas 20 fechas entre Noviembre y Diciembre?

Cierto es que De Amor y Desamor (2014), es una revisión sinfónica de parte de su repertorio. Pero cuando eres dueño de una producción tan inmensa, seguro que da rabia el que el gran público sólo te identifique con un puñado de clásicos.

Porque calidad no le faltan a “Provocación” o “Detenedla ya”, robadas al histérico Millán Salcedo Raphael de los 80s. O a la más conocida “En Carne Viva” también del maestro Manuel Alejandro, que sabía como nadie, regalarle a Raphael esos temas, desgarrados e intensos,  ideales para que el niño de Linares se vaciase sobre el escenario. 

Algo que siempre ocurre en uno de sus himnos personales, “Qué sabe nadie”.


Imprescindible en sus conciertos, en ella están presentes las señas de identidad del artista: los crescendos incontenibles, la ambigüedad, la rebeldía, el valor para desnudar su corazón y el puño apretado al espetarle al mundo que nunca podrá con él.  

También se incluyen temas de sus comienzos, como la delicada “Desde aquel día”. Caballo de Belmonte, que el divo se ha marcado como señal de que, cuando no la pueda interpretar, será la hora de dejarlo.

Y de cuando las canciones aún eran excusas para que Raphael liberase ese torrente que amarraba en su garganta, están la despedida desconsolada de “Amor Mío”, y unas más festivas “Hay Momentos de Amor” y “Ámame” que cierran el disco y levantan el ánimo del oyente que llega hasta allí, abrumado por la tormenta emocional de este gigante, que ya habla de nuevo disco con canciones inéditas para Enero del 2015.


En este proyecto, la cordobesa Vega le devolverá el favor que Raphael le hizo con “Wolverines” y sirve de ejemplo de cómo las nuevas generaciones se acercan a esta figura irrepetible de la música de este país.

Porque Camilo fue un bluff y Julio se fue pronto a Miami, y no es tan nuestro como Raphael.

Porque se morirá dándole vueltas a un nuevo proyecto, a un nuevo disco, una nueva gira, a una nueva excusa para volver a plantarse sobre las tablas y recibir el abrazo de SU público que lo reafirmen en eso que canta en “Frente al espejo”:

"...soy el mismo.
menos tersa la piel, quizás
unos años de más, tal vez
pero tengo ilusiones como cuando era un niño
y me doy por entero cuando encuentro cariño
y me olvido del tiempo cuando empiezo a cantar."