viernes, 27 de abril de 2012

SAN ANTONIO SPURS. SOSPECHOSOS HABITUALES.




   En el dorsal del F.C. Bayern de Munich, se sitúa el nombre del equipo sobre número y jugador, para que nadie olvide que las hazañas individuales sólo sirven a la mayor gloria del club.

Sobre esa misma noción del deporte, los San Antonio Spurs han conseguido ser el rayo que no cesa en la NBA post-Jordan.

Su secreto, aparte de contar con Timmy Duncan que es jugar con la Mala de Oros, se basa en la instauración de un estado absolutista, que vive ajeno a la gran ruleta de la NBA, donde las franquicias se juegan su suerte en traspasos y elecciones del draft, mientras los jugadores rebotan entre equipos en constante reconstrucción.

Esa apuesta les ha permitido ser una constante en las fases finales y poder seguir rechazando la prejubilación que se les ofrece desde el 2009.

En este año de lockout, el entrenador Popovich, recordando su juventud de basket y espionaje tras el telón de acero, ha planteado un juego de espejos en el que se disfraza de Verbal Kint para distraer la atención de la liga y que San Antonio sean los tapados en las eliminatorias por el título.

Una titubeante primera fase de la temporada hasta el All-Star, haciendo ver que la anterior derrota frente a Memphis en 1ª ronda y las lesiones de  Ginobili habían mermado la confianza de unos decadentes Spurs, hizo que pronto los aficionados se olvidasen de San Antonio y prefiriesen seguir otros hilos argumentales más entretenidos como el culebrón Dwight Howard o las visitas a la Lob City de los Clippers.

Sin embargo, el retorno del hijo pródigo Stephen Jackson, que busca enterrar definitivamente la batalla del Palace de Auburn Hill o los tiroteos en clubs de striptease, y la llegada de Boris Diaw, huyendo de Jordan y de unos Bobcats que se desintegran, más la recuperación del escolta argentino, han propulsado al equipo hasta el liderato del Oeste y ya velan armas, esperando playoffs.

En esta inminente postemporada, los entrenadores de los rivales buscan detectar el elemento desequilibrante que siempre surge en los triunfos Spurs.

No obstante, Keyser Söze se esconde en un equipo de perfil soviético, sin un Iceman haciendo flotar el balón que fije las defensas, sin un almirante Robinson buscando colocar la última estrella en su hombrera, o sin el hielo en las venas de Robert Horry.



¿Quién será ese factor x? ¿será un arrebatado Manudona, dejando por el camino a tanto yankee? ¿las últimas clases prácticas que el maestro Duncan ofrezca a adversarios y público? ¿Tony Parker repitiendo el MVP del último anillo? ¿la prefabricada Guardia Imperial de Popovich, (Anderson, Leonard, Neal, Green…) que son puntas de la misma espuela? ¿la figura universitaria DeJuan "The Big Fella" Blair que juega sin ligamentos en ambas rodillas? ¿la conexión brasileña del estado de la Estrella Solitaria?

Puede que ninguno lo sea.


Quizás el que la balanza se decante dependa del hombre que ha decidido que en el actual roster de S. Antonio, 10 de los 15 sólo conozcan el negro y plata; el General Manager que busca en los fichajes, aparte de puntos, rebotes o asistencias, el compromiso con la comunidad; el arquitecto de una dinastía tranquila aún con hambre de victoria; el entrenador más longevo de las 4 grandes ligas; y el máximo culpable de que se pueda repetir la escena del 2007 en la que Tim le comenta a un King James (sic), que mira desconsolado el trofeo Larry O´Brien, que su tiempo aún está por llegar.  


domingo, 15 de abril de 2012

LOS ANGELES LAKERS. ¿QUÉ ME PASA, DOCTOR?



  La temporada 09/10 concluía con unos exultantes Los Angeles Lakers venciendo en el 7º partido de las finales a Boston Celtics.

El I love L.A. de Randy Newman suena por la megafonía del Staples Center, mientras cae el confeti sobre Ron Artest que le dedica el triunfo a su psicólogo y sobre un  Kobe Bryant que, desde la cima del mundo, ya soñaba con un sexto anillo que colmase una ambición sólo a la altura de su talento.

Sin embargo, en la siguiente temporada se topan contra el destino de unos Mavs campeones que los barren en semis de conferencia y la salida de pilares básicos del equipo cuyos sustitutos aún deben demostrar que mejoran lo anterior.

Sucesos traumáticos que han hecho que la irregular franquicia angelina precise reclinarse sobre el diván del terapeuta, del que se espera se levanten, centrados en la lucha por el título.


Para ello será imprescindible que el GM Mitch Kuptchack, se tratase su, más que probable, Trastorno Delirante de Grandiosidad [F22.0].

Entre los criterios diagnósticos que cumple el General Manager se encuentran el estar convencido que es Brad Pitt en "Moneyball" (2011), autor del milagro de los Oakland Athletics del 2002, y el enseñarle la puerta de salida a Phil Jackson cuando le debería haber dado las llaves del pabellón.

A esto se le une, el formar uno de los roster con más jugadores blancos de toda la liga, reeditando aquel infame trío lalala formado por Jordan Farmar, Luke Walton y Sasha Vujacic que tantas noches de gloria disfrutaron, sacudiendo la toalla en el banquillo.

Otra de las decisiones dudosas del bueno de Mitch ha sido la contratación del coach Mike Brown. Entrenador que, en su periplo por los Cleveland Cavaliers, sólo manifestó su inclinación por la defensa y que su manual de jugadas de ataque se resumía en un básico “balones a Will”. 

El trío lalala en acción.
En Los Ángeles, su estilo no ha terminado de encajar ya que a Lakers le cuesta llegar a los 100 puntos, y ha necesitado sentar a Andy Bynum, a Bryant y a Metta World Peace para tratar de ganarse el respeto de la plantilla. La presión de suplir al Maestro Zen que se imponía con una mirada y que no sabe donde guardar los anillos de campeón, hace que presente un Trastorno Explosivo Intermitente [F63.8], cada vez más visible.

Aparte de “Moneyball”, se rumorea que Kuptchack también ve con asiduidad “Basket music”(1979), film en el cual los fichajes de los Piscis de Pitsburgh se realizaban con el asesoramiento de una vidente.

Otro sujeto que presenta deterioro psicológico es Pau Gasol. Maltratado no sólo por Blake Griffin, sino por los propios Lakers, padece de Pesadillas [F51.5] en las que sueña con que lo ceden al resto de franquicias de la NBA, jugando media parte con cada equipo, mientras arrastra una inmensa mochila con 29 camisetas distintas. 


También existe impresión diagnóstica de un posible Trastorno de Identidad Disociativo [F44.81] relacionado con que el hecho de que le obligan a alejarse del aro y a buscar sus puntos, únicamente, lanzando desde 5-6 metros. Es normal desorientarse cuando siempre has sido un 4 al que han hecho jugar de 5 , y ahora tu entrenador te quiere de 3, al pensar que Sant Boi está en Croacia y que tu eres el nuevo Toni Kukoč.

Justo en la temporada en la que las rodillas de Andrew Bynum resisten, al gigantesco número 17 se le detecta un Trastorno Antisocial de la Personalidad [F60.2], ya que en lugar de dominar la NBA desde la posición de pívot, se dedica a lanzar triples, se autoexpulsa frente a los Rockets, se presenta en público con una sudadera del Real Madrid y suma incidentes que le llevan a ser sancionado por su propia franquicia.

En lugar de multas, hubiese sido preciso contar con el liderazgo en el vestuario del capitán Derek Fisher, pointguard que correr ya no corría mucho pero que tenía galones y carácter de sobra para reconducir situaciones como esta.

Por otra parte, la cura de humildad de contemplar como los Lakers sin él, se imponían a unos imparables San Antonio Spurs en el AT&T Center, con 6 jugadores con dobles dígitos de anotación, puede que favorezca la erradicación del Trastorno Obsesivo-Compulsivo [F42.8] que padece el gran Kobe Bryant.

Hasta el momento, la Black Mamba ha buscado reducir su ansiedad y malestar, tirando a canasta desde cualquier lugar de la cancha, pero para avanzar en postemporada es necesario que se quite las orejeras y que incremente su número de asistencias por partido.

Así mismo, se espera evitar el avance de su Trastorno Narcisista de la Personalidad [F60.8], que le hace pensar que Los Angeles Lakers es él y que no es verdad que en Agosto cumpla 34 años.















No obstante, el caso más grave es el de Lamar Odom, al cual la decepción y la rabia de saberse moneda de cambio en los intentos de vestir a Chris Paul de amarillo y púrpura, y su poca aclimatación a la disciplina de los Mavericks de los que ha terminado desvinculándose, han derivado en un Trastorno Depresivo Mayor Grave con síntomas melancólicos [F32.2], agudizado por la desesperación de un negro de Nueva York, viviendo en Dallas.

Curiosamente, los problemas de salud mental del equipo, coinciden con el cambio de nombre y de ánimo de Metta World Peace, el jugador anteriormente conocido como Ron Artest, que ha decidido cortar con su pasado, y emplear tanto su sueldo como el dinero que ganó al subastar su anillo de campeón en tratar de que haya un psicólogo en cada instituto de Estados Unidos.


Si Metta ha conseguido domar a su inestable mente, entonces aún hay esperanza de que vuelva a caer confeti en el Staples. 




sábado, 31 de marzo de 2012

OKLAHOMA CITY THUNDER. TEMPORADA DE TORNADOS O LA HORA DE LA ARAÑA.



    Se juega como se vive. El carácter de una ciudad se hace notar en el estilo de juego de los equipos que allí residen. El showtime sólo podía haber nacido al calor de los focos de Hollywood. La dureza de la gente de Detroit se hacía notar en la defensa de los Bad Boys y la melancolía del pequeño estado de New Jersey, casi siempre ha sido la seña de identidad de los Nets.

Oklahoma City, en el corazón de la zona de las grandes llanuras norteamericana, es escenario ideal para la formación de tormentas. Las masas de aire frío del norte convergen con el cálido aire tropical del sur, provocando un gran número de torbellinos en el período que va desde Abril a Septiembre.

En este año, un invierno benévolo a hecho que se viva una temporada de tornados inusualmente intensa. Hasta el punto de que se han contagiado en el Chesapeake Energy Arena, y los Thunder han formado su tornado particular.

La unión entre el instinto por apoderarse del balón rival y la explosividad con la que vuelan al contraataque, han confluido para que Oklahoma City Thunder sean líderes en la conferencia Oeste y uno de los favoritos para hacerse con el anillo de campeón de la NBA.



Entre sus armas para lograrlo, la furia anotadora del ex base de UCLA, Russell Westbrook, la tenacidad defensiva del escolta suizo Thabo Sefolosha,y, una  pareja interior que une la fuerza intimidatoria de Serge Ibaka, a la consistencia en la pintura de Kendrick Perkins, que es lo más parecido a un rinoceronte que ha pisado una cancha de baloncesto.

Justamente, la llegada de Perkins en la pasada temporada, fue uno de los pasos definitivos hacia la madurez que dieron los de OKC. Tras caer frente a Lakers en 1ª ronda del 2010, se sacrificó al malogrado power forward Jeff Green, un 3-4 ofensivo que llevaba en la franquicia desde la época de Seattle, por alguien capaz de hacer frente a los pívots angelinos y un jugador que ya había olido el aroma del éxito con los Celtics campeones del 2008. 

Desde el banquillo, la clase old school de James Harden y ese otro extraño elemento llamado Derek Fisher, el experimentado point guard, que también parece fichado para clavársela a Los Angeles desde una esquina en un posible cruce en postemporada.


Un roster sólido que poco podría hacer si Kevin Durant no defendiese también la (horrorosa) camiseta de los Thunder.

Con aspecto de haber sido sacado de la lucha por los derechos civiles del Dr. King o Malcom X.  Durantula es un alero atípico sin referencias claras con las que compararse en la historia de la liga.

Una envergadura de center con muñeca de escolta. Una sombra escurridiza con el mínimo de musculatura para machacar el aro y sin un gramo del ego que acumulan jugadores con menos currículum.

De su paso por Texas University, queda la gesta aún no igualada, de acaparar todos los títulos individuales siendo novato. En la NBA, rookie del año, All-Star, mejor quinteto, máximo anotador de la liga…y con USA Basketball, la decisión de liderar a una selección de perfil bajo como la que ganó al Mundial de Turquía.

Un hombre tranquilo que desecha participar de un concurso de mates, necesitado de nombres conocidos, para participar en el de triples.

Alguien diferente que oculta sus tatuajes y deja para sí mismo, el tributo a sus orígenes en Maryland, a su infancia junto a su madre y su abuela, y, al recuerdo de su entrenador en high school, tiroteado en el jardín de su casa.



Una estrella que, en su inseparable mochila guarda una Biblia en lugar de un arma, y con una personalidad sin los recelos que despierta su rival por el MVP, Lebron James.

En su camino para el título, si nos atenemos a la clasificación, se encontraran con unos viejos rockeros que  jamás morirán, los San Antonio Spurs.

Why can´t we be friends?
Veteranos curtidos que, con la retirada del número 12 de Bruce “Lee” Bowen y el retorno del Capitán Jack, pueden tener la tentación de reavivar el estilo de los Spurs del 2003, que te emboscaban en cada rincón del parqué y a los que, en lugar de un anillo, les dieron un cinturón de campeón de Wrestling.

Si consiguen superarles, con el permiso de los Bulls, deberán hacer frente a una tormenta tropical, originada en el Golfo de Méjico, al sur de Florida.

Unos Miami Heat, similares en forma que no en espíritu. También fieros en defensa, nacidos para correr y basados en la anotación exterior. Tan semejantes que incluso comparten los mismos puntos débiles: entrenadores con poca cintura en los momentos complicados y el carecer de una referencia interior ofensiva.

Habrá que ver si el coach de Oklahoma, Scott Brooks, ha aprendido de la eliminación el pasado año en un quinto partido frente a Dallas que terminó con sus pívots titulares en el banquillo, y con el base suplente lanzando (y fallando) tiros decisivos. Y, habrá que ver si Ibaka puede terminar de pulir su juego en el poste para cuando se atasquen en playoffs.


Un aperitivo de esa posible final NBA, se vivió el pasado domingo en el hogar de los Thunder. Allí, los Heat no supieron atajar el vendaval de ataque de OKC y volvieron a Miami, sintiendo el escozor por la picadura de una tarántula que sabe que su momento está cerca.


lunes, 26 de marzo de 2012

BLIND MELON. FREE BIRD.




   A veces, el éxito masivo de los músicos que nos gustan nos aleja de ellos.  El poder disfrutar de un grupo que apenas nadie recuerda hace que sientas una especie de orgullo y que lo veas como algo propio.

Frente a unos 80s más sectarios, los 90s abrieron de orejas a los aficionados al rock y supusieron el nacimiento de multitud de bandas que llevaban el crossover y la fusión por bandera.

Mientras el resto de los grupos miraban a su alrededor y agarraban de distintos géneros para formar su propuesta. El sonido Blind Melon se enraíza en el rock más clásico, situándoles como una suerte de Black Crowes de la música alternativa, o unos Jane´s Addiction más folkies.

La historia del grupo comienza en Los Angeles. Hasta allí se había trasladado desde Lafayette, Indiana, un joven Shannon Hoon. Su adolescencia había estado marcada por su transito de brillante deportista en el instituto a chico problemático, enamorado de la música y de las drogas.

Asfixiado por el ambiente rural de Lafayette, necesita de nuevos horizontes y decide viajar a la soleada California para intentar ser músico.

Allí conoce en una fiesta a Brad Smith (bajo) y Roger Stevens (guitarra) que están montando un grupo. Tienen en común el provenir de pequeños pueblos del Medio Este y el desprecio por la escena Glam angelina. Deciden hacerle una audición en la que Shannon coge una guitarra e interpreta su tema Change.

Su dulce voz y el sentimiento  con el que le canta a la necesidad de buscar tu camino y perseguir tus sueños, le abre las puertas de la banda, que es completada por Chris Thorn (guitarra) y Glenn Graham (batería).   

En el seno del grupo, frente a unos compañeros de carácter más apacible, pronto destaca el temperamento y el talento de Hoon, que lo erigen como líder de Blind Melon.



Graban una maqueta que llama la atención de Capitol Records que les ofrece la oportunidad de grabar un disco. Así mismo, se ven beneficiados por la inesperada popularidad que les da la relación de Shannon con un paisano de Lafayette, que también vive en L.A.

Como todo pueblerino en la gran ciudad, había contactado con alguien que, años atrás, también se había bajado de la guagua con una brizna de trigo en los labios, un compañero de clase de su hermana mayor que cantaba en una banda de rock. Un tal Axl Rose.

Rose no sólo le invita a participar de la grabación de los Use your Illusion (1991), sino que le pide que aparezca en el clip de Don´t Cry.

La presencia de Shannon haciéndole coros a todo unos Guns n´ Roses en la azotea de aquel rascacielos, mientras zumban los helicópteros, le facilita a Blind Melon el poder trabajar con el productor Rick Pharasar, famoso por haber grabado el Ten (1991) de Pearl Jam, en lo que sería su primer LP.

Aires de Zeppelin, Grateful Dead o los Allman Bros flotan sobre las cálidas melodías de su homónimo debut Blind Melon (1992). Desde la nostalgia del hogar de Tones of Home, a la enérgica I Wonder o la urgencia de Time, en la que ya se apunta como el desenfreno de Los Angeles está haciendo mella en la frágil mente de Shannon, Blind Melon se desmarcan de sus coetáneos en la honestidad y frescura con la que afrontan su afán por pasar el desgarro grunge por el tamiz de las jam bands de los 70s.

La sencilla No Rain, se convierte en un hit y su clip, con la banda tocando en un prado mientras la niña abeja busca quien la acepte, los identifica como la banda retro de la generación X.

Giras con los Stones,  Guns n´ Roses o Lenny Kravitz y las 4 millones de copias vendidas de su disco los llevan a poder participar del multitudinario festival Woodstock´94.



La fuerza de la actuación de Hoon, cubierto con una túnica blanca y empapado en LSD, aún hoy, sobrecoge. 

Al borde del derrumbe, el vocalista refulge  y se vacía sobre el escenario, dejando claro tanto la autenticidad con la que siente su música como que sus demonios le estaban empujando hacia un prematuro final.

Ni el ingreso en una clínica de desintoxicación, la muerte de Kurt Cobain, o el próximo nacimiento de su hija Nico Blue frenan a un Hoon al borde del abismo.





La banda se marcha a New Orleans para la grabación de su segundo album con el productor Andy Wallace (Slayer, Nirvana, Jeff Buckley).

Quieren impregnarse de su escena jazzística. Sin embargo, el lado oscuro de la ciudad atrapa a Shannon que se abraza con más fuerza a sus adicciones. 

Esto no hace resentirse a la calidad musical de un Soup (1995) en el que poco queda del optimismo de Blind Melon (1992). 


Historias sobre asesinatos, drogas o suicidios, pueblan un trabajo menos luminoso que su antecesor y más exigente con el oyente.

Sin embargo, consiguen cuajar un disco maduro, que le regala al que le preste un poco de atención, el privilegio de poder saborear una obra atemporal y profunda en la que la verdad que encierra Walk, el terso  encanto de Mouthful of Cavities, o la majestuosidad de St. Andrew´s Fall apuntan nuevos parajes para el sonido Blind Melon que, por desgracia, no se pudieron explorar.




La mañana del 21 de Octubre de 1995, tras un viaje desde Houston en una nube de cocaína, llegan de nuevo a New Orleans para una actuación en el club Tipitina´s. Todo el grupo sube a sus habitaciones del Le Meridien Hotel, menos un inquieto Shannon Hoon que, tras telefonear a su novia, regresa al bus de gira para no volver a salir de allí.

Tenía 28 años.

Sus restos descansan en Dayton, Indiana. Fue enterrado descalzo, con su camisa de Amsterdam y su bowl de cereales. En su lápida se puede leer un extracto de la primera canción que compuso. Una estrofa de Change en la que se dice “I know we can’t all stay here forever so I want to write my words on the face of today and they’ll paint it".

La discografía Blind Melon se completa con un disco de rarezas, Nico (1996), tan bueno como sus dos hermanos mayores, y un directo, Live at the Capitol (2006).

El intento de resucitar la banda con nuevo cantante y nuevo disco, el correcto For my friends (2008), pronto se marchita debido a la intensa sombra de un cantante irrepetible que soñaba con tener siempre 16 años y ser libre.


viernes, 2 de marzo de 2012

ARE U A JUGGALO? LA BASURA BLANCA SE VA DE CARNAVAL.



1993. Gira Carnival of Carnage. Tras interpretar The Juggla (El malabarista?), un inspirado Violent J, se dirige al público y los bautiza como Juggalos.

Ese fue el inicio.

Desde los suburbios de Detroit (dónde si no?), Insane Clown Posse han forjado un imperio a base de pintarle una cara de payaso a la América más redneck.

Esto no Hip Hop MTV, esto no es Gangsta Rap, es el Carnaval Oscuro que llega a la ciudad para que los Wicked Clowns, Violent J y Shaggy 2 Dope, escupan sus rimas de sangre y horror.


Al grito de Whoop, Whoop, el imparable ascenso de los I.C.P., más que en una música de calidad cuestionable, se ha basado en apropiarse del soneto inscrito en la base de la Estatua de la Libertad y ahora ser ellos los que acogen a los desamparados, a los rendidos, a las masas hacinadas en el alumbramiento de una nueva nación, la Juggalo Nation.

Miles y miles de cafres de la América profunda que auparon su disco Bang! Pow! Boom! (2009) a los primeros puestos del Billboard y a los que les resbala que se burlen de ellos en el Saturday Night Live, que los tachen de gang peligroso o que la parafernalia Juggalo se prohíba en los high schools.


Viven su fantasía, se sienten FAMILIA y se rinden al lirismo de Miracles, donde los I.C.P. se maravillan de la cantidad de milagros que presenciamos cada día como las jirafas (!) o los imanes (!!). O lucen con orgullo cualquier producto de la factoría Psychopathic Records, un inmenso merchandising que cuenta con camisetas, películas, zapatillas deportivas, programas de radio, libros (esto lo consumen algo menos), una bebida energética o el imprescindible colgante Hatchet,… Incluso tienen su propio campeonato de Wrestling, (Juggalo Championship Wrestling). 

Aunque donde el fenómeno Juggalo se hace más patente es en el Gathering of the Juggalos.

Incomparable festival anual al que, tras pedir días de asuntos propios en el McDonalds, acuden todos los juggalos y juggalettes que se precien de serlo, para pintarse la cara con spray, ponerse ciegos a Faygo y disfrutar, en esta su 13ª edición, de los inevitables Insane Clown Posse, y sus discípulos directos, Twiztid (mis favoritos!), Blaze, el rapper nativo ABK o, el nuevo Juggalo, Vanilla Ice (!!!).


Testimonio de esa experiencia y del perfil de los que allí acuden, el soberbio documental "American Juggalo" del director Sean Dunne, que en 23 minutos radiografía a estos entrañables tarados que viven con una pasión sin igual, su amor por la música.


Así que,
JUGGALOS, JUGGALETTES
MMFWCL EVERYONE
WHOOP,WHOOP!!!!!!

lunes, 20 de febrero de 2012

JEREMY LIN. DE REPENTE, UN EXTRAÑO.





“¿Quién es ese chico? No sé nada de él. ¿Qué es lo que hace? ¿Promedia un triple doble?”
 Kobe Bryant, antes de que Jeremy Lin anotase 38 puntos contra Lakers, y le aclarase quien era.


Tras el sweet swept que los Celtics le endosaron a New York Knicks en 1ª ronda, la dinámica perdedora no se había revertido en la presente temporada.

La llegada del pívot campeón Ty Chandler había traído defensa pero embotellado la zona cuando Amar'e y Carmelo pisan la pintura. 

Para colmo, su fichaje fuerza la salida del base Chauncey Billups, y su hueco se trata de llenar, sin éxito, con Mike Bibby, lejos de su mejor época, Baron Davis, que aún no ha debutado por una lesión de espalda y Toney Douglas, típico base con alma de escolta que sólo tiene ojos para el aro.

A principios de Febrero, una racha de 10 derrotas en los últimos 12 partidos, sitúa al entrenador Mike D’Antoni con pie y medio fuera del Madison.

Con Phil Jackson dejándose querer, D’Antoni repara en la exótica presencia en las profundidades del banquillo, del playmaker de origen taiwanés, Jeremy Shu-How Lin. Un no drafteado al que decide darle el mando del equipo con mayor presupuesto de toda la liga.

El estallido de Linsanity (24 puntos y 9 asistencias en 7 victorias consecutivas) no sólo ha duplicado el precio de las entradas del Garden, sino que cuestiona el trabajo de los ojeadores del basket mundial, con una cernidera demasiado ancha por la que se coló la convicción y la visión de juego de este brillante licenciado en Económicas por la Universidad de Harvard.


Su historia recuerda la de varios jugadores de la liga que, de inicio, no estuvieron entre los elegidos para la gloria.



 Emanuel Ginobili, Nº 57 del draft. Un mercado pequeño y una ciudad poco atractiva hace que las elecciones del draft sean esenciales para los San Antonio Spurs. Esa carencia ha refinado su criterio y les permitió ver, antes que nadie, la calidad de aquel joven escolta argentino.
Y es que si naces junto al mar, aprendes a nadar. Y si naces en Bahía Blanca, aprendes a jugar al baloncesto. Hijo y hermano de jugadores, producto depurado de la inmensa cantera bahiense, en este devorador incansable de títulos destaca, por encima de un gran primer paso o su desgaste defensivo, un coraje competitivo que impregna al vestuario y que ha sido garantía de éxito en la ciudad del Álamo.                                                                        











José Manuel Calderón, no drafteado. Coincide con Tony Parker y Ricky Rubio en ser los únicos bases titulares no formados en E.E.U.U.
Liderazgo, inteligencia y sacrificio frente al egoísmo de la antigua estrella universitaria y Nº 8 del draft, T.J. Ford, que salió del equipo al no soportar la humillación de ser suplente de este point-guard puro. 
Entre sus virtudes, el no haber cedido a la depresión tras jugar en los Raptors durante 6 temporadas y hacer superfluo el trabajo de entrenador durante los partidos de Toronto.






 Ben Wallace, no drafteado. Hay que ser muy grande para triunfar en un deporte sin apenas saber jugar a él. Le dijeron que era pequeño para jugar de pívot, que lo intentase de alero. No lo quisieron ni en Italia, ni en los Bullets, ni en los Magic, pero cuando naces en una familia negra de once hermanos en White Hall, Alabama no te amilanas con facilidad.
Tuvo que llegar a Detroit, una ciudad tan dura como él, para ser campeón y hacer de la defensa, un arte.
Una suerte de Potro Italiano que, frente a la clase de Apollo, se agarra a la voluntad del perdedor que quiere dejar de perder.






Estaría bien que, cuando se asiente el polvo levantado por el huracán The Yellow Mamba, quede algo más que una estrella fugaz. Y el nombre de Jeremy Lin se añada a los que se alimentaron del menosprecio, aprovecharon su oportunidad y se hicieron hueco en la NBA.




Se cumple un año de la Triple Amenaza. 

Gracias por las (casi) 1000 visitas y un saludo a otros blogs hermanos como presionesydepresiones.blogspot.com,elapuron.com/blogs/caleidoscopio o la página web referencia de la NBA en España: ultimatenba.com.

martes, 7 de febrero de 2012

RICKY RUBIO. MINNESOTA BABY.

    

     Los Wolves recuperan el balón y se lo pasan al número 9 que gira sobre sí mismo, y se lanza hacia el aro rival.

Ya en campo contrario, una mirada al tendido que detiene el tiempo y un pase enhebrado entre la defensa que pilla desprevenidos a adversarios y afición.

La canasta que sucede pierde interés para los que ya aplauden el arte de la perla del Masnou para contradecir a quienes pensaban que el showtime murió cuando se retiró Magic Johnson.

Y no sólo tiene alma de Globe Trotter: Ricky ya es 3º de la liga en asistencias y en robos por partido, y ha liderado a Minnesota a alcanzar un 50% de victorias-derrotas, desconocido desde el 2005.

Al final resultó que quienes más ojo tuvieron, fueron los eufóricos fans de los Timberwolves, que celebraron el desembarco de Ricky en Minneapolis en esta temporada,  como sí el que llegase fuese Isiah Thomas. Sin embargo, el resto del mundo tenía serias dudas de su aclimatación a la NBA.

En su último año en el Barça, Xavi Pascual prefirió el pundonor de Víctor Sada al reflejo ajado de un niño prodigio, negado desde la larga distancia y atorado en unos sistemas de juego donde la táctica comprimía la calidad.

No obstante, los meses de lockout le permitieron recuperar confianza y afinar puntería, mientras que los Wolves asfaltaron su camino contratando al coach Rick Adelman, conocido por imprimir un estilo de juego alegre y ofensivo a los equipos que entrena.


Así mismo, se une a un roster, con el autoproclamado mejor ala-pívot de la NBA, Kevin Love a la cabeza, poblado de piernas jóvenes, deseosas de acoplarse a un ritmo alto de juego y arañar un puesto en la postemporada después de varias años de mediocridad.

A nivel individual, el objetivo es plantarle cara al point guard de los Cavaliers y rutilante Nº 1 del draft, Kyrie Irving, por el premio de Rookie of the year.

El jugador australiano aporta sus 18 puntos por partido y porcentajes de tiro de center (.500).

Nada que impresione a los casi 400.000 que queremos ver a Ricky subiendo el balón en el partido del domingo del All Star de Orlando. 















Aunque no esté en el partido de las estrellas, o no obtenga el ROY award, lo que nadie le va a quitar es que,hoy por hoy, más que los highlights de un Derrick Rose taladrando defensas, o los feroces mates del Red Cyborg de L.A., embelesan los no-looking pass y alley oops de este nuevo Pete Maravich, que, con gesto despreocupado, ha vuelto a aunar basket y magia.