lunes, 23 de julio de 2012

C.B. CANARIAS. VEINTE AÑOS NO ES NADA.



   Noches de LEB plata en el Ríos Tejera. El ritual era siempre el mismo. Un apacible  1º cuarto jugado al trantran que hacía que el rival diese por sentado que la victoria se decidiría en los últimos minutos. 

Era entonces cuando se activaba el radar del Canarias buscando una señal. Una falta dura, una decisión arbitral desfavorable, una celebración exagerada del contrario…

No hacía falta más para que el foco pasase del parqué a la grada. Desde allí, irrumpía un rugiente Canarias, Canarias al compás de los tambores de la peña San Benito. En ese momento, el equipo se subía a los hombros de una afición que le agarraba el cuello a la victoria hasta el pitido final.

Y es que tenía que ser ese vetusto pabellón, testigo mudo de las andanzas del mágico Carmelo Cabrera, de Salva Díez, de Eddie Phillips, pistolero dentro y fuera de la cancha, de Mike Harper, o del pívot palmero Manolo de las Casas, el que amamantase el renacer del C.B. Canarias.

Los años de fusiones y de bucear en las profundidades del basket regional no diluyeron la sangre aurinegra que, en su vuelta a casa, fraguó un proyecto basado en la confianza en un cuerpo técnico con Alejandro Martínez a la cabeza, y un plantel de jugadores que han permanecido fieles a la camiseta del Canarias.

Desde el fundamental Jakim Donaldson, ala pívot que asusta en defensa y que, cada temporada, aumenta su registro de movimientos en ataque hasta convertirse en dominador de la LEB Oro; pasando por Richie Guillén, Dirk Nowitzki chicharrero, implacable desde la larga distancia; la sangre caliente de Jesús Chagoyen; la muñeca de Levi Rost o la pasión canarista de Jaime Heras.

Jugadores que asentaron el proyecto y le dieron una IDENTIDAD. Plato exótico en la división que estrenarán la próxima temporada. Una ACB que agoniza, poblada por equipos sin alma, con jugadores de quita y pon. Clubs que venden su nombre cuando salen a Europa, y que están siendo empujados al abismo por la crisis y por los patrones de la máxima categoría del basket nacional, que quieren rapiñar en la desgracia ajena.

Los mismos que han construido una muralla infranqueable en forma de canon millonario, con la que se topan los humildes que sueñan con el ascenso.

Pero no han podido detener el deseo de unos incansables seguidores que derrumbaron la muralla al grito de Canarias, Canarias, y que son el mayor activo del club.

Porque, no se engañen, el traslado al Santiago Martín no fue para disponer de un pabellón de mayor aforo que los acercase a la ACB.

Fue para intentar dar cabida al sentimiento de una afición que mantiene exactamente la misma ilusión que hace veinte años.

Exactamente la misma porque mayor, es imposible.

Ya se oyen los tambores.

sábado, 7 de julio de 2012

STEVE NASH. EL EXPRESO DE MEDIANOCHE.

- Coach D’Antoni ¿Por qué no pidió un tiempo muerto para preparar una última jugada?
- Lo dejé en manos de Steve, que sabe más que yo sobre como actuar en estos casos.


   Año 2004. El brillo de los anillos de los últimos campeones, Spurs y Pistons, señala el camino del éxito al resto de la liga. Basket táctico de posesiones eternas y jugadores teledirigidos desde el banquillo. Una idea perniciosa que viajó por las oficinas de muchas franquicias hasta posarse en la mente del dueño de los Dallas Mavericks, Mark Cuban.


Un frustrado Cuban que se dejó convencer por quienes pensaban que con Steve Nash jugando de 1, no se le podía hacer frente a San Antonio o a Lakers, que el equipo llegaba asfixiado a los finales de partido por el alto ritmo que imponía el base canadiense, que era un coladero en defensa, y que no debía renovar a un jugador de treinta años.

Seducido por los bíceps de Devin Harris, Cuban no retuvo a su point-guard All-Star y bendijo su retorno al desierto de Arizona.

En los Phoenix Suns, equipo que lo eligió en el puesto 15 del draft, Nash encontró un traje a medida para su estilo de juego. Un entrenador ultraofensivo, y un roster de jugadores (Amare, Marion, Johnson, Richardson…) encantados de acompañar las galopadas del genio de Johanesburgo.

Juntos fueron un relámpago que iluminó la NBA y al que los árbitros y las lesiones les privaron de poder disputar el título.

A nivel individual, Nash se calzó las zapatillas de Larry Bird y consiguió dos MVPs consecutivos que dieron lustre al historial de un jugador, capaz de teletransportar el balón a las manos del compañero libre de marca, sólo con la fuerza de su privilegiada mente para el basket de ataque.

Año 2012. Los avances de la ciencia médica y la preparación física (o lo que sea), estira carreras hasta la cuarentena y se ofrecen contratos multianuales a veteranos como Garnett (36 años) y Jason Kidd (39 años), mientras que a Samurai Camby (38 años) le ronda media liga,  Chauncey Billups (35 años) seguirá siendo un Clipper en el 2013, y Ray Allen (37 años) ficha por los Heat campeones que piensan que todavía le quedan triples en la cartuchera.


En este paisaje, los 38 años de Steve Nash no son obstáculo para que Toronto Raptors le ofrezca 36 millones de dólares por tres años y la oportunidad de colgar las botas en su país de origen.

El deseo de jugar en un equipo con aspiraciones tras el ocaso de las últimas temporadas en los Suns, hizo que el pasado miércoles lo tuviese casi hecho con los Knicks de su amigo Stoudemire.

Sin embargo, los recelos que siempre despierta la errática franquicia de la Gran Manzana, empujó a Nash a subirse a otro tren, un expreso sin paradas que cruzaba el país con destino California.


Los Ángeles Lakers, cambian elecciones del draft que apuntalen la reconstrucción de Phoenix Suns por un talento puro que pueda encauzar el enorme potencial ofensivo de una plantilla que el año pasado se quiso que jugase como el Olimpiakos.

Todavía con la sombra del gigante de Orlando sobrevolando el Staples Center, se busca reforzar aún más el roster angelino con un joven alero que añada su infinita clase y espíritu de lucha al equipo de púrpura y oro.

Un tal Grant Hill que en Octubre soplará una tarta con cuarenta velas.

martes, 12 de junio de 2012

MIAMI HEAT-OKC THUNDER. RIGHT HERE, RIGHT NOW.


   En la final NBA se han cumplido los pronósticos que apuntaban a que el lockout favorecía a equipos jóvenes con experiencia.

Los cruces contra ilustres veteranos en final de conferencia han afilado el temperamento de los contendientes por el título, y han servido en bandeja la final soñada por el comisionado David Stern.

En Spurs, el recorte de la rotación saturó de minutos y de responsabilidad a secundarios, acomodados al anonimato de un basket colectivo, que no pudieron  ayudar a un último hurra del Bigh Three tejano.


El banquillo de San Antonio entero palideció frente a un suplente Thunder con planta de All-Star. James “Fear the Beard” Harden, con su bote apresurado y su zurda de oro, es un lujo al que costará mantener en plantilla la próxima temporada, si se quiere hacer hueco a la renovación de un Serge Ibaka, sin techo en su juego.

En el otro lado, los heroicos Celtics han navegado a contracorriente para ir a quemar sus naves en las costas de South Beach. No han podido con la recarga de la batería Heat que ha sido Chris Bosh y sus triples, ni con Lebron James, en un permanente Día de la Bestia.

Para la Final, la NBA ha conseguido saltar el muro del nuevo Jordan contra el que se han estrellado, una y otra vez, para regresar al duelo vintage Bird-Magic que hizo levantar el vuelo de la liga en los 80s.

Falta el tronío de franquicias míticas como Lakers y Celtics, donde hasta los colores combinaban, aunque bien pensado, Miami Heat y OKC Thunder son equipos adolescentes, ideales para fans de nueva era, que nacieron después de que debutase K.G.

Tras el noviazgo sin boda con Carmelo, se espera que, esta noche, se funde una rivalidad que se reparta los anillos en la próxima década y seduzca a una audiencia de pulgar fácil.

A la hora de elegir favorito, en Miami juega a su favor el hecho de que repitan final tras la del 2011. Sin embargo, esto puede pesar en el ánimo de Lebron que sabe que una tercera final perdida, si le añadimos la derrota con los Cavs, sería una mochila demasiado pesada, incluso para sus inmensos hombros.

En el rincón de los Thunder, cuentan con la ventaja de campo y con ser la viva imagen del sueño americano.  De las cenizas de los añorados Sonics, nace una franquicia que, con sus elecciones de draft como principal herramienta, y sin un gran mercado, se han convertido, en sólo cuatro temporadas, en una realidad que no precisa de más pruebas de madurez y que quiere su premio, aquí y ahora.





lunes, 4 de junio de 2012

FINALES DE CONFERENCIA 2012. LUCHA DE GIGANTES.



    Rigen tablas en ambas conferencias. Los playoffs se convierten en una eliminatoria al mejor de 3, en la que cada franquicia presentará sus méritos para alcanzar la final.

Los San Antonio Spurs brindan su basket de salón donde la pelota circula por raíles  hasta llegar al tirador desmarcado. En frente, unos mareados OKC Thunder que tuvieron que esperar a volver a casa para romper la imponente racha de victorias de los tejanos.

En los partidos del Chesapeake Energy Arena, los Thunder mostraron su mejor versión, la del equipo avasallador que ya ha echado a los dos últimos campeones, apenas estirando sus músculos. Suman a la causa, un Sefolosha en trance, convencido de que es Pippen y el nuevo servicio a bordo de Air Congo, que a tapones y rebotes, añade acierto exterior. 

Además, el 5º partido se afronta en San Antonio bajo el estruendo de los últimos minutos de un implacable Kevin Durant que resuena como la trompeta a degüello que atormentaba a los rebeldes del Álamo. 

Para detenerlo, Coach Pop delegará en los de siempre: El Caballero Oscuro Tim Duncan, que ya es como Denzel, se disfruta con su mera presencia. La velocidad, de piernas y mental, de Tony Parker. Y un jinete pálido argentino, flaco, calvo y viejo, con el revolver cargado de triples, deseoso de bajarle la fiebre a los Thunder.

En el Este, al cobijo de la vanidad de unos favoritos Miami Heat, ha crecido la confianza de Boston Celtics que ya han dejado atrás el umbral del dolor y son felices viviendo en la trinchera.

Gran mérito el de los Celtics, que con peor plantilla que el resto de los finalistas, se agarran a que, como el Alférez de Navío Kaffe en “Algunos Hombre Buenos”, el entrenador Spoelstra no pueda manejar la Verdad, a que Rajon Rondo vuelva a estar imperial como en el 3º partido, o a que, lejos del Garden, los secundarios Dooling y Daniels, sigan siendo eficaces en ambos lados de la cancha.

En el otro bando, el avión de los Heat vuela a Miami para el 5º, esperando que el calor de Florida, alivie el desgarro abdominal de Chris Bosh y pueda variar el menú de pívots defensivos, mientras que Lebron mastica las XVI victorias que necesita para coronarse y se lamenta de la terquedad de los irreductibles Celtics, que respiran el espíritu del samurai, capaz de lanzar un ataque certero tras ser decapitado.

Anyway, por encima de la inspiración de las estrellas o de la partida de ajedrez de los banquillos, apasiona el duelo generacional y la duda de si la victoria se dejará deslumbrar por la intensa mirada del tigre del joven aspirante que reclama lo que es suyo, o, por el contrario, preferirá un último baile con el curtido veterano que quiere acortar su camino hacia la leyenda.

sábado, 26 de mayo de 2012

INDIANA PACERS. DEFINITELY MAYBE.


En 49 estados es sólo basket.
Pero esto es Indiana.

            Proverbio Indiano.


   Se iniciaba placidamente la temporada 2004-05 para unos Indiana Pacers que eran de los gallitos del Este y planeaban seguir los pasos de los Pistons, campeones el curso anterior.

Los de Michigan le habían dado una cachetada a la conferencia Oeste que ya no miraba con cariñosa benevolencia a los vecinos de enfrente y su catenaccio de sudor y cemento.

El GM Larry Bird pensaba que sus Pacers, líderes de la NBA, jugaban con mejores cartas que Detroit: Ron Artest y su premio a mejor defensor del año, la confirmación del pívot All-Star Jermaine O´Neal, la vuelta de tuerca de contar con el ardor guerrero del alero Stephen Jackson y, en el banquillo, Rick Carlisle y su recto cartapacio de basket-control.

Con lo que no contaba Larry Legend es que la tolerancia a la frustración de su plantilla caminaba por un alambre que se rompió un 19 de Noviembre de 2004.




Las peleas dentro de la cancha son un apreciado condimento para el espectador, lo que no tolera la NBA es perder los dólares de un público wasp que los dejará de pagar si piensa que con la entrada se sortea una paliza de Ron Artest.

La maldición del Palace ha pesado hasta hoy sobre la franquicia, desbaratando los continuos intentos de borrón y cuenta nueva, hasta el punto de que ya se veían meigas por los pasillos del Bankers Life Fieldhouse de Indianápolis.

Con el ánimo de espantarlas, mediada la presente temporada, se han librado del último jugador de aquella época que permanecía en el roster, un marginal Jeff Foster, como sacrificio que permita vislumbrar un equipo que centre las miradas de un estado que respira baloncesto, pero que no vibra con Indiana Pacers.

Claro ejemplo de esto, es el recuerdo de un alucinado Jasikevičius, que no entendía cómo en las conversaciones de bar, se mezclaban al mismo nivel, los Hoosiers de Indiana University con resultados de partidos de instituto o los fichajes Pacers.

Esta actitud inspiró a Bird para formar una plantilla joven, cercana al basket colegial, que encandile a los fans que hacen zapping cuando su equipo NBA sale en TV, y que no llenan el pabellón.


El buen ojo del antiguo número 33 de los Celtics, ha conseguido exprimir uno de los presupuestos más bajos de la liga hasta poder vestir de amarillo y azul la clase en la pintura del power forward David West, el sufrimiento de Ty Hansbrough, la ambición del capitán Danny Granger, la sangre del base George Hill, natural de Indianápolis que regresa tras hacer la mili con Popovich, el escolta oversized Paul George o, la esperanza que albergan los 2,18 m. del jamaicano Roy Hibbert, ex Georgetown, Alma Mater de centers tales como Pat Ewing, Alonzo Mourning o Dikembe “Memorias de África” Mutombo.

Equipo compensado en todas sus posiciones con la oportunidad ideal de luchar por la final NBA como representante de una Conferencia Este, asolada por las lesiones. 

El problema vino por un detalle que se le escapó al Mejor Ejecutivo del Año.  Indiana Pacers tenía una buena mano de cartas pero ningún rey en coronas. Muchos 7s, pero ningún 10, buenos jugadores pero ningún puntal A que cambie el rumbo de un partido en contra, cuando más aprieta el calor.

Esto hizo que la responsabilidad fuese un balón que se pasase sin cesar entre los verdes Pacers, mientras reprimían sus ganas de lanzarlo al puesto de comentaristas donde a un retirado Reggie Miller, seguro que no le pesa la presión de un último tiro ganador.


La historia termina con los Miami Heat en la final de conferencia y Larry Bird llamando blandos a sus jugadores, mientras los vuelve a meter en el horno y reza para que la maldición del Palace no los visite el próximo año.  








sábado, 19 de mayo de 2012

BRUCE SPRINGSTEEN & THE E STREET BAND. EL GENUINO SABOR AMERICANO.




   La E Street Band toma posiciones, y el Jefe entorna los ojos mientras comienza a cantar We take care of our own, primer single de su último álbum, el reivindicativo Wrecking Ball. Quizás, para poder escarbar mejor en su alma, y escupir la rabia por un mundo que se desmorona. Quizás, en espera a que la oscuridad termine de tapar los claros del estadio. 

Aún así, la posible decepción, no le resta un gramo de fuerza a un Springsteen que desde el primer tema, se sacude y se agita como un caballo de carreras a punto de tomar la salida, ni mucho menos, se lo resta a un público ya entregado desde el ¡Hola, Gran canaria!.

Tras la canción Wrecking Ball, el orgullo de New Jersey se acomoda su mítica Fender Telecaster y ataca un Badlands que hincha de épica el primer clásico de la noche que incide en la protesta por las injusticias y la ilusión por un mejor mañana. Su carga emocional tras años de escucha, pone al rojo vivo las calderas del recinto al calor del martilleante riff de teclados. La intensidad no decrece con la combativa No Surrender, en la que se aprietan los dientes al cantar No retreat, baby, no surrender, preludio del nervio celta de Death to my Hometown que casi podría tumbar los muros de Wall Street, sólo con la energía de su sección de vientos.
A partir de ahí, el intercalado de canciones recientes con clásicos poco familiares para el no fanático de Springsteen, y un innecesario discurso por parte de un multimillonario que habla de perder casas y trabajos, te aleja del corazón del concierto y te acerca a la barra del kiosko, en busca de Carta de Oro. Anyway, no se le puede dar la espalda al grueso ritmo hard rockero de Seeds, que hace brotar miles de air guitars y te encierra en la célebre caja Live/1975–85.

A esas alturas de la noche, ya ha habido tiempo para fijarse en el carisma gipsy del inefable Little Steven o para echarle un  vistazo al saxo Jake Clemons, y al inmenso vacío dejado por la muerte de su tío Clarence. 

Sobre el escenario, se percibe la herida no cerrada en los viejos amigos, que  reservan la derecha del Boss, para la memoria del camarada que antaño le ajustaba las cuentas a los dueños de los clubs que se resistían a pagar por el talento de la E Street Band. 

Homenaje que se repetiría al final del concierto, con una pantalla central que muestra una mirada fija del Big Man que encoge por igual el corazón de músicos y espectadores. 

Las interpretaciones de Waitin’ on a sunny day, The Promise Land, The Rising, o Land of Hope and Dreams suponen un remonte de esperanza, solamente ahogado por la melancolía de The River. Lagrimas con el gemir de la armónica que inicia una travesía que te absorbe en la triste historia de cómo los sueños se te escapan entre los dedos, y cinco minutos que ya valen por un viaje.  

Para el final, la banda despliega la artillería con cañonazos que irrumpían al filo de la medianoche, del calibre de la reaganiana (le pese a quién el pese) Born in the U.S.A., o el arrollador entusiasmo de Born to Run, en la que se te iba la vida gritando el “…tramps like us baby we were booooorn to ruuuuuuuunnn...".

Gran sesión de Stadium Rock, que, leyendo las crónicas de Barcelona, podría haber sido genial. Así que, háganse un favor. Compren su entrada y contemplen cómo Bruce Springsteen & The E Street Band, resumen 40 años de música americana, a la vez que buscan el interruptor que nos ilumine en estos tiempos oscuros.

Para concluir, mi respeto y admiración a los discapacitados físicos que se acercaron esa noche a disfrutar del concierto. Verdaderos HÉROES que se enfrentan a un difícil día a día, que no merma sus ganas de vivir.   

sábado, 12 de mayo de 2012

RAY ALLEN. (PEN)ÚLTIMO ASALTO.


“…ya no más, ya no más…”

Roberto “Mano de Piedra” Durán, pidiéndole al jurado que le salve de la paliza que “Sugar” Ray Leonard le está dando, en un combate por el título del peso Welter.



    Del reciente K.O. técnico que Atlanta Hawks sufrió a manos de Boston Celtics, se puede concluir que el que le firmó 120 millones de dólares (120 millones!) a Joe Johnson fue un iluminado, que Garnett es capaz de tumbar él solo a todo el estado de Georgia y que el veterano Big Three de Boston se deshará este verano.

Con Paul Pierce se quedarán porqué Celtics mima a sus leyendas, y su escasez en los puestos interiores hará que le compren otro viaje a The Big Ticket. Por lo tanto, la única opción que queda es cometer la grosería de deshacerse de Ray Allen.

Las opciones de Sugar Ray son seguir el ejemplo de sus compañeros de la dorada quinta del 96, Derek Fisher o el eterno Steve Nash, aportando fugaces minutos de calidad en un aspirante o darle el gusto a los aficionados de una franquicia modesta que pague por ver un año más, como Allen se aventura en una jungla de codos y muslos, de la que sólo escapa para acudir a su cita con el triple.

Quizás, si reflexiona sobre como el pobre Baron Davis se dejó la rodilla en el parqué del Madison, se decida a colgar los guantes y marcharse con su anillo y su  inalcanzable record de canastas de 3, bajo el brazo.  

Sin Killer Miller y sin Ray Allen, los tiradores serán, únicamente, livianos escoltas blancos de pelo lacio, que se buscan la vida en 2º cuartos, mientras la figura anotadora y el especialista defensivo, toman Gatorade en el banquillo.

En la ultracompetitiva NCAA, no hay tiempo para aprender a tirar, los jugadores exteriores saben que cms., físico y dribling se traduce en ceros en la cuenta corriente. Ya habrá tiempo para mejorar el tiro, cuando los años les obliguen a evitar el contacto. Y por ahí, se disipará un arte que en los inicios de la liga era requisito para que te dejasen vestirte de corto.





Formando parte de los Orgullosos Verdes, con los Bucks de Pichichi Robinson y Sam Cassell o en aquellos excitantes Sonics que con una montaña de triples te empujaba contra las cuerdas, el juego de Ray siempre ha contado con la elegancia austera del fino estilista que ametralla con una dulce suspensión que es, al mismo tiempo, un directo a la mandíbula del adversario, y el fundamento vivo del lanzamiento de larga distancia. 


Papá! 

Esta noche comienzan las semifinales de la Conferencia Este, entre unos Philadelphia 76ers de clase media y unos C’s de colmillo retorcido. La europea afición del TD Garden, tratará de intimidar a Philadelphia con el recuerdo de los combates de los 80s. Anyway, estoy seguro que, a pesar del bullicio, mientras dure el vuelo del balón entre los dedos de Ray Allen y la canasta, se le rendirá merecido homenaje a este histórico escolta, campeón imbatido en la maña que premia al jugador y desnuda al atleta.