sábado, 26 de noviembre de 2011

LOS ANGELES CLIPPERS. DON´T STOP BELIEVIN.

“Cuando pierdes con los Clippers, es hora de dar un paso al frente y decir algo”
Antonio Davis, Toronto Raptors.



Bill Walton, Danny Manning,  Mark Jackson, Ron Harper, Dominique Wilkins, Mark Aguirre, Lamar Odom, Elton Brand, Glenn Rice, Sam Cassel, Marcus Camby, Zach Randolph…

Grandes jugadores que coinciden en haber vestido el rojo, blanco y azul de los Clippers, y en no haber podido cambiar el rumbo de la, según Sports Illustrated, peor franquicia de la historia del deporte profesional norteamericano.

Repasemos los méritos para tan deshonroso título:

Títulos de división:0
Títulos de conferencia:0
Títulos de NBA:0
Ocupar el último puesto de la división Pacífico: 15 temps.
Presencias en playoffs en 33 temporadas:4
3ª mayor racha histórica de derrotas consecutivas: 17 en la Temp.97-98

¿Qué ha pasado durante todos estos años para que equipos mucho más recientes ya luzcan banderolas de campeón en lo alto de sus pabellones y mientras, en el atestado techo del Staples, sólo haya sitio para recordar los éxitos de los Lakers?

A la hora de buscar responsables de tanta mediocridad, muchos vuelven la vista hacia el asiento del propietario, ya desde la época en San Diego, Don Sterling, fácilmente identificable este año, por su costumbre de increpar a su base titular, Baron Davis, durante los partidos.

Éste exitoso empresario, dueño de la mitad de los apartamentos de Beverly Hills, maneja al equipo como a sus negocios inmobiliarios, recortando gastos, ajustando, especulando, más preocupado por el balance económico que por el deportivo, conformando plantillas con novatos que ven su paso por los Clipps como un atajo de la liga para sumar minutos y números sin presión, y veteranos enfilados a un plácido cementerio de elefantes bañado por el sol de California.

Ni siquiera el sistema del draft, concebido para beneficiar a los peores franquicias, ha conseguido que para los Clippers, no siempre salga cruz al lanzar la moneda. 

En 1988, se frotan las manos con su flamante Nº 1 del draft, el elegante alero Danny Manning.

Quieren copiar la formula de los Jayhawks de Kansas University, con la cual “Danny and the Miracles”  se habían hecho con el título de la NCAA, ese mismo año. 

Pero no pudo ser.

Manning se rompe el ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha en una sencilla entrada a canasta, frente a los Bucks. Se pierde gran parte de la temporada, no vuelve a ser el que era, y los aficionados tienen que esperar años para familiarizarse con la figura del jugador total, capaz de brillar en varias posiciones.  



1989. 2º Pick, un asustado Danny Ferry prefiere emigrar a Italia antes que jugar en los Clippers.

1998. 1º pick, se prefiere antes que a Vince Carter, Antwan Jamison, Paul Pierce o un tal Dirk Nowitzki al pívot nigeriano, Mike Olowokandi, presidente vitalicio del club “se dejaba llevar”.

2004. 4º pick, tras tres temporadas en los Clippers, Shaun Livingston, en una jugada que duele sólo de verla, se destroza la rodilla y el nuevo Magic Johnson se queda en proyecto. 

En el humilde Haber de este equipo, una 2º ronda en la eliminatoria por el título en 2006, y, sobre todo, una inesperada fiebre Clipps a principios de siglo.


En el año 2001, el elitista Staples Center se transforma en el playground de cualquier suburbio de una gran ciudad. La casualidad une a un grupo de jugadores sin edad para votar pero con la sonrisa tatuada del jugón, y los nombres Richardson, Odom, Maggette o Miles empiezan a poblar las espaldas de los aficionados que alucinan con un basket anárquico que copa cada noche el repaso a los highlights.

Mensajes a los gangs de Chicago tras cada canasta de Miles o Richardson, el  menosprecio a la defensa, y el ser capaces de liársela al que sea en un domingo cualquiera, obraron el milagro de que la marca Clippers fuese algo cool. 

Esa plantilla se desmigajaría poco a poco. Lamar Odom se mudó al vestuario de al lado a cambio de anillos y prestigio, pero seguro que añora los tiempos en los que se colocaba con los colegas de taquilla.

El último en dejar L.A. fue Elton Brand, el otrora “ Mr. 20-10” , uno de los pocos al que este equipo le puede retirar la camiseta, se curó la depresión de años de fracasos  atracando a los Sixers.

Anyway, el destino ha puesto en el camino de los Clippers un ladrillo de diamante, sobre el que poder construir un equipo, aunque el caramelo, de inicio, supo amargo.


2009. 1º pick, Blake Griffin, argumento irrebatible de las bondades de la mezcla racial, en el último partido de la pretemporada se rompe la rodilla izquierda y su temporada de rookie se queda en blanco.

La sombra de Terciopelo Azul se proyecta sobre los Clipps again, pero Griffin regresa a las canchas ésta última temporada y se muestra como un dunker intratable, un OhmyGod! permanente también con capacidad para rellenar los casilleros de todas las categorías.



Si Sterling se decide a rascarse el bolsillo, mantener el núcleo de Griffin-Eric Gordon-Chris Kaman, y arroparlo con jugadores de experiencia pero con hambre, puede que nos haga felices a quienes preferimos al Coyote antes que al Correcaminos, pensamos que el Atleti puede ganar hoy en el Bernabeu o que el Tenisca subirá algún día a la 2ªB.








sábado, 29 de octubre de 2011

MUJER PANTERA ALEMANA EN NEW ORLEANS


     
    Nueva Orleans está siendo azotada por los ataques de un animal salvaje al que la policía no puede dar caza. Mientras, la joven Irena visita la ciudad para reencontrarse con un hermano al que apenas conoce.

Así arranca el irregular remake del clásico de Tourneur, en el que brillan la mirada enferma de Schrader, la siempre turbadora presencia de Malcom McDowell y el morbo de la joven Kinski.

Más de dos horas de maldición milenaria, metamorfosis, incesto, represión, erotismo, dentelladas y liberación de fluidos corporales, al son de los sintetizadores de Moroder.




“El Beso de la Pantera” es como una colonia barata de hombre. Agobia por lo intenso de su olor, pero resulta imposible de ignorar.

Lo peor: La insípida cámara de Schrader, los altibajos en el ritmo, las secuencias oníricas y lo excesiva que es, aunque esto último no sé si también colocarlo en lo mejor.

Lo mejor: Natassja, las panteras, el temazo “Cat People” de Bowie en la BSO, y el descaro de un all in a la carta de la sangre, el sudor y el sexo.


domingo, 4 de septiembre de 2011

AZKENA O REVIENTA. DÍA 1.

   El quedarse calvo siempre jode, pero para un rockero es trágico hasta el punto de querer ocultarlo a toda costa.

La cola de entrada al Azkena Rock Festival funciona como extenso muestrario de pelos ralos, tupes levantados con toneladas de brillantina, frentes inmensas, flequillos que surgen desde la nuca o rayas al medio de dos dedos de grosor.

Siempre será mejor una salida digna, emular al Dios Halford y gritar BALD AND PROUD!


19:30h. BLACK COUNTRY COMMUNION. IT´S ONLY ROCK N' SOUL.


  Ese país negro nombra la región inglesa del West Midlands conocida por su oscura atmosfera, producto de los desperdicios emanados de las fábricas de elaboración del carbón de la zona.

Pues una atmosfera igual de espesa comenzó a generarse en el escenario Solomon Burke cuando los instrumentos de esta banda empezaron a zumbar.

En el corto tiempo del que dispuso este supergrupo, demostró que se desmarcan del resto de agrupaciones que aúnan diferentes músicos consagrados. En su apuesta, se mantienen en la tradición rockera de los 70,pero esquivan con estilo el simple revival, habida cuenta de la frescura evidente en sus ya dos discos editados.

Temas como One Last Soul (adoro esta canción!), Black country, Man in the Middle, Save me.. suenan a gloria en directo y fueron recibidos con agrado por los buenos aficionados al rock de quilates que ya empezaban a poblar Mendizabala.

Pero hablar de Black Country Communion, es hablar de Glenn Hughes.

La pegada del hijísimo Jason Bonham o la polivancia a las seis cuerdas de Bonamassa, no hacen sombra al maestro.

Verle pasearse por el escenario con ese aura de classic rock star ya vale el precio de la entrada. Mas aún, si la casi sexagenaria voice of rock todavía aúlla como un demonio mientras los riffs que arranca de su bajo retumban en todo el recinto. 

Auténtico crossroads del hard rock que, en su nuevo proyecto, consigue sumar el aroma zeppellin a un delicioso guiso que hermana sus justificadas referencias al Purpura Intenso con las mil y una aventuras que pueblan una carrera sin fecha de jubilación.

Como guinda, una incendiara versión (nunca mejor dicho) del Burn purpleiano que sella una actuación que merecía un puesto de mayor tronío en el orden de grupos de esta primera jornada del ARF.



20:45h. THE CULT. EL CAMINO DEL EXCESO.



  Billy Duffy se acomoda su Gibson blanca y resopla. Parece que hoy será un día duro en la oficina para el arisco guitarrista.

En sólo una canción, al aún más arisco vocalista Ian Astbury, le ha dado tiempo para lanzar de una patada el monitor al foso de los fotógrafos y partir en dos la pandereta con la que acompañaba la mítica Fire Woman.

No es el mejor inicio, más aún cuando el atuendo del cantante, parece más propio de la Tuna de Derecho de la Universidad de Salamanca que del dios del rock gótico que reinó en Europa en los 80.

El fantasma del desastre sobrevuela Mendizabala.

Entre las posibles causas de la mala predisposición del antiguo Wolf Child pueden estar el tener que tocar de día, la ingesta de sustancias varias, o, yo me decanto sobre todo por esta posibilidad, la humillación de pasearte por la entrada del recinto y que nadie, repito NADIE, yo incluido, repararse en su presencia para pedirle un triste autógrafo.

Demasiado castigo para el inestable ego de  Mr. Astbury.

Anyway, un concierto en el que suenan Eddie (Ciao,Baby), Rain, Wild Flower, She Sells Sanctuary, y Sweet Soul Sister jamás será un mal concierto.

La avalancha de hits mitigó la vergüenza ajena de contemplar al grueso Astbury entonando un recurrente campioness, campioness…o verle dirigirse, una y otra vez, a un imaginario Mr. Pisso, que sólo él veía.

Aún así, el final fue inmejorable: una joya del hard británico y mundial, la irresistible Love Removal Machine (best song ever!) fue el primer aldabonazo de la noche y sacudió los cuerpos del, ya considerable, público que se desgañitó con el ain´t talking about love del estribillo.


22:15h. ROB ZOMBIE. EL CIRCO AMBULANTE DE GABY, FOFO,  MILIKI Y MILIKITO.


   El tiempo pone a cada uno en su lugar. La indiferencia general del público debería hacer entender a Mr. Zombie que ya no se puede estirar más el chicle, y que el maquillaje y el montaje escénico no pueden tapar lo monótono de una propuesta hueca que hace tiempo que aburre.

Si tuviese dignidad, le pediría perdón a la divina Sean Yseult, dejaría de expoliar el legado White Zombie, y se dedicaría exclusivamente al cine, donde los robos se pueden hacer pasar por homenajes.



23:45h. OZZY OSBOURNE. CUENTAS PENDIENTES.



Comienza a sonar I Don´t Know  y lo ves correr por el escenario chillando el clásico I can´t fucking heeeaaar youuuuu!!  y los recuerdos se agolpan.

El recuerdo de la primera vez que oí esa canción, acostado en la cama mientras sonaba el Tribute en el modesto equipo musical de mi habitación.

El recuerdo de cuando me gasté gran parte del presupuesto del mes en ediciones remasterizadas porque, como decía Henry  Rollins “…sólo puedes confiar en ti mismo y en los 4 primeros discos de Black Sabbath”,

El recuerdo de cuando mi tía me regaló el CD de Ozzmosis, tras un viaje por EE.UU.

El disco en directo en la reunión de los Sabbath originales.

El milagro de que las drogas y el alcohol no lo hubiesen enterrado.  

Casi una vida esperando este concierto hace que te subas a una nube y que sea vulgar el buscar fallos, hablando de set list corto o de que la banda que acompaña a Ozzy no son precisamente la alineación Wylde-Trujillo-Bordin.

Las leyendas no se cuestionan. Se respetan, se disfrutan y se difunden cuando ya no están. 

Sonaron clasicazos de la época Randy Rhoads, como Suicide Solution, la tétrica Mr. Crowley, Crazy Train, y temas posteriores como la entrañable Shot in the Dark, Bark at the Moon así como varios guiños a la legendaria banda de Birmingham (Fairies Wear Boots, Iron Man…).

El madman en mejor forma de lo esperado y para el final la emotiva balada Mama, I´m Coming Home y, no podía faltar, un Paranoid (real best song ever!) que arrasó Mendizabala.

Casi daban ganas de ponerse de rodillas y gritar no somos dignos, no somos dignoooos!



01:30h. KYUSS. OPERACIÓN: TORMENTA DEL DESIERTO.



   Curiosa la coincidencia en día y horario del padrino del Metal, y los reyes del stoner rock, o, como llegar al mismo sitio por diferentes caminos.

El descenso de las temperaturas sólo consiguió avivar la intensidad de un huracán Kyuss que tocó tierra en la madrugada vitoriana.

Experiencias anteriores con placebos (Hermano, Mondo Generator, Fu Manchu, Queens..) palidecieron al instante ante la densidad y la violencia de la Spaceship Landing con la que arrancó el concierto, y dejó claro que el huido Josh Homme lo tendría complicado al día siguiente para equipararse a su banda-madre.

Únicamente armados con el bramido de una guitarra ultra-grave y un ritmo machacón, los californianos, consiguieron que la arena del desierto de Palm Springs nos cubriese hasta las rodillas mientras atronaban Gardenia, One Inch Man (mi canción Kyuss favorita!), Asteroid, Supa Scoopa and Mighty Scoop, Whitewater(brutal!), 100º….

A destacar una audiencia que supo valorar la experiencia que se les estaba brindando, un Nick Oliveri que se mantuvo en un discreto segundo plano hasta el final del concierto en el que se le vio salir pitando entre el público, tal vez, por no querer encontrarse con el ínclito Homme que lo había echado de Queens y no romperle el bajo en la cabeza, y, sobre todo, un ENORME John García que se hubiese quedado a vivir sobre el escenario.

Grandes Kyuss!!!!!!!!!!!!!!!!!


jueves, 16 de junio de 2011

WE ARE THE QUIREBOYS AND THIS IS ROCK AND ROLL



Spike wants you!

No se olvida ni el primer beso ni el primer amor.

A finales de los 80s, el glam/sleaze angelino estalla a nivel comercial.

De las cloacas de Sunset Strip emergen multitud de bandas (Mötley Crüe, L.A.Guns, W.A.S.P.…) que conforman un ambiguo universo cargado de suciedad, diversión, excesos y fantasía.

La onda expansiva arrasa, primero EE.UU, y luego, el mundo, hasta llegar a la vieja Inglaterra. Desde allí, The Quireboys y su disco de debut, el multiplatino, A bit of what you fancy (1990), se alejan de las influencias de Kiss o Aerosmith, típicas de los grupos americanos, y proponen una revisión sin filtros del legado Faces/Stones.

De entre los surcos del LP, brotan doce rotundos himnos al party all time, every time, interpretados con clase por el vocalista, alma y motor de la banda, Spike, entrañable pirata de garganta rota, heredero directo del Rod Stewart más rockero.  

Su actuación en el prestigioso festival Monsters of Rock codeándose con Whitesnake o Poison, les sitúa como la next big thing del hard rock europeo.


Impagable portada kitschy


Sin embargo, la mala suerte de toparse con unos similares Black Crowes, que se comen el trozo del pastel que les correspondía a ellos y, sobre todo, la sombría eclosión del grunge, deja sin aire las velas de los Quireboys y les hace transitar por aguas más modestas hasta llegar (quién lo iba a decir hace 20 años) hasta Tenerife.

6 de Mayo, 2011, 21:30h., S/C de Tenerife. Con la banda atacando el Hoochie Coochie Man de Muddy Waters, el menudo Spike hace acto de presencia, agarra con decisión el pie de micro y da inicio a una noche de ojos cerrados, vena hinchada y alcohol abundante.

Temas actuales como Mona Lisa smiled, This is rock and roll, Lorraine..., salpicados con visitas a su opera prima (Roses & Rings, There she goes again), poco a poco, van dando paso al repertorio más celebrado.

Whippin´Boy y Ode to you (just walk) impregnan el ambiente de la épica del Sur de la frontera. Hey You, sigue sonando tan fresca como en 1990, y la armónica de Spike en 7 O´clock es la chispa que faltaba para incendiar los ánimos de los ya devotos de este frontman de mirada embadurnada en rimmel, y pañuelo eterno. Artista que, a la hora de despilfarrar sentimiento y actitud, no distingue entre el faraónico escenario del Tokio Dome y las modestas tablas de este reconvertido Cine Víctor.

El momento álgido de la noche llega con los bises y la inevitable power ballad I don´t love you anymore. Baja la potencia de los focos y sube la emoción. Soberbia interpretación en la que se encadena el estribillo con un fragmento del Fool to cry stoniano, generando un éxtasis colectivo que dura hasta el desbocado final de Sex Party que nos devuelve a la realidad.


Hard rock party!

Tom Waits decía de Keith Richards “…tocará hasta que enciendan las luces, hasta que se termine la última botella, hasta que no recuerde otra canción…”. Ojala The Quireboys no se aburran de la ingratitud de una escena musical que no reconoce su talento y mantengan viva la llama de una época mágica en la que muchos nos dejamos seducir por la cara más provocadora y festiva del rock. 



miércoles, 8 de junio de 2011

MIAMI HEAT-DALLAS MAVERICKS. SÓLO SE VIVE DOS VECES.




El avance de las finales por el título de la NBA, ha ensuciado el juego pero ha incrementado la emoción.

Con la serie empatada a dos, se espera que el próximo partido decante casi definitivamente la suerte del próximo campeón.

Sea cual sea el equipo ganador, las secuelas para el perdedor se antojan traumáticas.

En las camisetas azules que se reparten antes de cada partido en la entrada del American Airlines Center, de Dallas, reza un lema: The time is now.

El momento es ahora para una franquicia que ha elaborado un proyecto a cortísimo plazo con el campeonato como objetivo ineludible. De esta forma, Mark Cuban ha creado un monstruo de Frankenstein con ilustres treintañeros que, hace cinco años, hubiesen sido imbatibles.

Jason Kidd, el playmaker vuelve a una final con ansias de no ser mero comparsa como lo fueron sus Nets a comienzos del 2000. Y con la ilusión de que se le nombre en la tertulias sobre bases, tras, nada menos que, Earvin Magic Johnson.

Peja Stojakovic, excelso tirador que no está encontrando acomodo en los esquemas del coach Rick Carlisle, más preocupado por tratar de parar a las locomotoras de los Heat, Wade y Lebron, cuando enfilan el aro. Si el serbio gana el título, un trocito será también de aquellos ENORMES Sacramento Kings que embelesaban con su estilo y que la mala suerte dejó sin premio.

Shawn Matrix Marion, cara reconocible de unos Phoenix Suns, los cuales en una época en la que atronaba con fuerza el amarrategui blues, interpretaron un  funky a base de velocidad, triples, y descaro.

Y, sobre todo, the time is now para Dirk Nowitski, el genio alemán se desangra por la estocada que le clavaron estos mismos Heat en el 2006,  tras remontar a los Mavs un 2-0 en contra. Desde entonces, se le ve como un impecable perdedor, un Federer de la cancha, atiborrado de calidad pero falto de la mirada ensanguinada de los realmente grandes.

Anyway, que se quite ese sambenito, no depende tanto de él sino de unos Heat, que en sus dos derrotas, se han colapsado en los últimos cuartos y han dejado escapar partidos dominados.

Tal vez, Dwayne Wade, esté echando de menos a aquellos Miami guerreros que fueron campeones en el 2006, con menos glamour pero más carácter.

Carácter que aún tiene que demostrar Lebron James, reverso yankee de Cristiano Ronaldo, que en sus anteriores finales fue barrido por los Spurs y, que en el cuarto partido contra Dallas, completó una gloriosa actuación con 8 puntos en 45 minutos de juego.

No conseguir el anillo, puede hacer que Nowitski le pase gustoso su etiqueta de frustrado y que en Cleveland lancen voladores por las plazas.

Y también es posible que, dentro de unos años, los ahora pujantes Wade-Bosh-James, estén en el otro lado del espejo y tengan que interpretar el papel de veteranos de lujo esperando la tan norteamericana segunda oportunidad.




domingo, 15 de mayo de 2011

ZACH RANDOLPH. REDEMPTION SONG.



     En el ámbito de la Psicología Laboral se defiende la gran influencia del entorno de trabajo en el rendimiento de los empleados.

En el caso del ala-pívot Zach Randolph, es evidente que compartir vestuario en los Knicks con tipos como Eddie Curry (proyecto de estrella que se perdió entre órdenes de embargo, kilos de más y denuncias por  acoso sexual… a su chofer), o, Stephon Marbury (que acabó grabándose a sí mismo llorando o comiendo vaselina, y anda jugando por China), no influye positivamente en tu rendimiento.

Si encima, tu vienes de ser miembro destacado de los Portland Jail Blazers, que copaban portadas en el Mid-West norteamericano con peleas en entrenamientos, ingresos en clínicas de rehabilitación a mitad de temporada, amenazas a los árbitros, detenciones por posesión y distribución de marihuana, por organizar peleas de perros, o por violencia domestica es entendible que sea en Memphis y al lado de “Big Marc” Gasol (uno que seguro no se deja zarandear por su entrenador, por muchos anillos que tenga) donde Randolph esté  desplegando su mejor baloncesto.

Jugando con Marc Gasol, ha sido All-Star, y la liga le ha situado en  el tercer mejor quinteto de la NBA. Además, su equipo ha logrado tumbar al primer clasificado (S.A. Spurs), siendo Memphis el octavo, así como la oportunidad, esta noche, de poder plantarse en la final de conferencia.

La lesión de Rudy Gay, ha permitido que explote un combo de pívots atípico que se desmarca del modelo de center rocoso y power-forward con clase. Ambos pueden lanzar desde fuera, postear, pasar y rebotear, ambos se han librado de sus fantasmas (Marc del síndrome del hermano menor, y Zach de la etiqueta de jugador egoísta que no es capaz de rendir bajo presión) y ambos han conseguido que este equipo siga jugando en pleno mes de Mayo.


Esto tiene mayor mérito tras analizar la plantilla y el estilo de juego de los actuales Grizzlies, que revela un equipo basado en la defensa y el juego interior, sin apenas amenazas desde el perímetro. Debido a esto, Z-Bo ve en cada partido como las defensas se cierran a su alrededor y como, cada noche, como una navaja suiza a la que no se le terminan los trucos, debe escarbar en su amplio repertorio de lanzamientos, amagos, driblings y movimientos de pies para poder encontrar la canasta.

Esta tarde-noche (hora canaria), en un OKC Arena abarrotado, la dupla Randolph-Gasol se tendrá que pegar en la pintura, una vez más, contra las dos torres negras de los Thunder, Ibaka y Perkins. Será el momento para que este doble del hijo mayor de los Winslow en “Cosas de Casa”, optimice sus recursos, saque su rolliza zurda a pasear y logre que Tomás Guash deje de llamarles, los Memphis Gremlins. 



sábado, 14 de mayo de 2011

EY,CHICOS, ¿OS IMPORTARÍA BAJAR LA MÚSICA?





 Actualmente, hablar de terror británico, ya no pasa por rememorar los clasicazos victorianos de la Factoría Hammer.

En los últimos años, el horror inglés, ha conseguido reinventarse en la fusión con el llamado realismo social. Y, de un en principio inverosímil, Wes Craven meets Ken Loach, surgen estimulantes muestras en las que  los autores británicos, no tienen que recurrir al torture-porn yankee o al salvajismo francés, para ofrecer productos estimulantes que destaquen en el saturado mercado internacional.

Claro ejemplo es "Eden Lake"(2008), en la cual, una joven pareja de escapada romántica (la bella Kelly Reilly y un últimamente en alza Michael Fassbender) se tropieza con una pandilla de british white trash teens de los que tendrán que huir a través de un inmenso bosque. 


A pesar de partir de un planteamiento poco novedoso (recuerda a "¿Quién puede matar a un niño?"(1976) o "Los Chicos del Maíz"(1984)), la opera prima de James Watkins destaca en la verosimilitud, al menos, mientras dura la película, de un relato que es reflejo de una sociedad (la británica y, por extensión, también la nuestra) malformada en las ayudas sociales y en la permisividad a la violencia.





"Eden Lake" sobrecoge como intenso survival, malsano y cruel, dominado por una atmósfera 
asfixiante. Un largometraje que va creciendo en ritmo y en tensión mientras observamos el descenso a los infiernos de la protagonista, en una huida hacia adelante que estalla en la conciencia de los espectadores en un final, simplemente, demoledor.


Lo mejor: Kelly Reilly, el mal cuerpo que se te queda tras verla, ese remedo de Wayne Rooney que es el líder de la banda, y el aire a la maravillosa "Deliverance"(1972).

Lo peor: El que aún no se haya distribuido en España y que haya pasado tan desapercibida, a pesar de su Premio Especial del Jurado en el Festival de Sitges, compitiendo con, nada menos que, la francesa "Martyrs"(2008), o esa obra maestra del terror europeo que es "Déjame Entrar"(2008).





Desde Gran Bretaña han seguido apareciendo películas como las recomendables “Cherry Tree Lane” (2010) o “F” (2010) que ahondan en el mensaje de que el mayor miedo surge de lo cotidiano. Pero no llegan a ser esa patada en la boca que si es “Eden Lake”.