jueves, 16 de junio de 2011

WE ARE THE QUIREBOYS AND THIS IS ROCK AND ROLL



Spike wants you!

No se olvida ni el primer beso ni el primer amor.

A finales de los 80s, el glam/sleaze angelino estalla a nivel comercial.

De las cloacas de Sunset Strip emergen multitud de bandas (Mötley Crüe, L.A.Guns, W.A.S.P.…) que conforman un ambiguo universo cargado de suciedad, diversión, excesos y fantasía.

La onda expansiva arrasa, primero EE.UU, y luego, el mundo, hasta llegar a la vieja Inglaterra. Desde allí, The Quireboys y su disco de debut, el multiplatino, A bit of what you fancy (1990), se alejan de las influencias de Kiss o Aerosmith, típicas de los grupos americanos, y proponen una revisión sin filtros del legado Faces/Stones.

De entre los surcos del LP, brotan doce rotundos himnos al party all time, every time, interpretados con clase por el vocalista, alma y motor de la banda, Spike, entrañable pirata de garganta rota, heredero directo del Rod Stewart más rockero.  

Su actuación en el prestigioso festival Monsters of Rock codeándose con Whitesnake o Poison, les sitúa como la next big thing del hard rock europeo.


Impagable portada kitschy


Sin embargo, la mala suerte de toparse con unos similares Black Crowes, que se comen el trozo del pastel que les correspondía a ellos y, sobre todo, la sombría eclosión del grunge, deja sin aire las velas de los Quireboys y les hace transitar por aguas más modestas hasta llegar (quién lo iba a decir hace 20 años) hasta Tenerife.

6 de Mayo, 2011, 21:30h., S/C de Tenerife. Con la banda atacando el Hoochie Coochie Man de Muddy Waters, el menudo Spike hace acto de presencia, agarra con decisión el pie de micro y da inicio a una noche de ojos cerrados, vena hinchada y alcohol abundante.

Temas actuales como Mona Lisa smiled, This is rock and roll, Lorraine..., salpicados con visitas a su opera prima (Roses & Rings, There she goes again), poco a poco, van dando paso al repertorio más celebrado.

Whippin´Boy y Ode to you (just walk) impregnan el ambiente de la épica del Sur de la frontera. Hey You, sigue sonando tan fresca como en 1990, y la armónica de Spike en 7 O´clock es la chispa que faltaba para incendiar los ánimos de los ya devotos de este frontman de mirada embadurnada en rimmel, y pañuelo eterno. Artista que, a la hora de despilfarrar sentimiento y actitud, no distingue entre el faraónico escenario del Tokio Dome y las modestas tablas de este reconvertido Cine Víctor.

El momento álgido de la noche llega con los bises y la inevitable power ballad I don´t love you anymore. Baja la potencia de los focos y sube la emoción. Soberbia interpretación en la que se encadena el estribillo con un fragmento del Fool to cry stoniano, generando un éxtasis colectivo que dura hasta el desbocado final de Sex Party que nos devuelve a la realidad.


Hard rock party!

Tom Waits decía de Keith Richards “…tocará hasta que enciendan las luces, hasta que se termine la última botella, hasta que no recuerde otra canción…”. Ojala The Quireboys no se aburran de la ingratitud de una escena musical que no reconoce su talento y mantengan viva la llama de una época mágica en la que muchos nos dejamos seducir por la cara más provocadora y festiva del rock. 



miércoles, 8 de junio de 2011

MIAMI HEAT-DALLAS MAVERICKS. SÓLO SE VIVE DOS VECES.




El avance de las finales por el título de la NBA, ha ensuciado el juego pero ha incrementado la emoción.

Con la serie empatada a dos, se espera que el próximo partido decante casi definitivamente la suerte del próximo campeón.

Sea cual sea el equipo ganador, las secuelas para el perdedor se antojan traumáticas.

En las camisetas azules que se reparten antes de cada partido en la entrada del American Airlines Center, de Dallas, reza un lema: The time is now.

El momento es ahora para una franquicia que ha elaborado un proyecto a cortísimo plazo con el campeonato como objetivo ineludible. De esta forma, Mark Cuban ha creado un monstruo de Frankenstein con ilustres treintañeros que, hace cinco años, hubiesen sido imbatibles.

Jason Kidd, el playmaker vuelve a una final con ansias de no ser mero comparsa como lo fueron sus Nets a comienzos del 2000. Y con la ilusión de que se le nombre en la tertulias sobre bases, tras, nada menos que, Earvin Magic Johnson.

Peja Stojakovic, excelso tirador que no está encontrando acomodo en los esquemas del coach Rick Carlisle, más preocupado por tratar de parar a las locomotoras de los Heat, Wade y Lebron, cuando enfilan el aro. Si el serbio gana el título, un trocito será también de aquellos ENORMES Sacramento Kings que embelesaban con su estilo y que la mala suerte dejó sin premio.

Shawn Matrix Marion, cara reconocible de unos Phoenix Suns, los cuales en una época en la que atronaba con fuerza el amarrategui blues, interpretaron un  funky a base de velocidad, triples, y descaro.

Y, sobre todo, the time is now para Dirk Nowitski, el genio alemán se desangra por la estocada que le clavaron estos mismos Heat en el 2006,  tras remontar a los Mavs un 2-0 en contra. Desde entonces, se le ve como un impecable perdedor, un Federer de la cancha, atiborrado de calidad pero falto de la mirada ensanguinada de los realmente grandes.

Anyway, que se quite ese sambenito, no depende tanto de él sino de unos Heat, que en sus dos derrotas, se han colapsado en los últimos cuartos y han dejado escapar partidos dominados.

Tal vez, Dwayne Wade, esté echando de menos a aquellos Miami guerreros que fueron campeones en el 2006, con menos glamour pero más carácter.

Carácter que aún tiene que demostrar Lebron James, reverso yankee de Cristiano Ronaldo, que en sus anteriores finales fue barrido por los Spurs y, que en el cuarto partido contra Dallas, completó una gloriosa actuación con 8 puntos en 45 minutos de juego.

No conseguir el anillo, puede hacer que Nowitski le pase gustoso su etiqueta de frustrado y que en Cleveland lancen voladores por las plazas.

Y también es posible que, dentro de unos años, los ahora pujantes Wade-Bosh-James, estén en el otro lado del espejo y tengan que interpretar el papel de veteranos de lujo esperando la tan norteamericana segunda oportunidad.