sábado, 14 de noviembre de 2015

CHUCK NORRIS. EL HÉROE DEL PUEBLO (I).

-¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
- Primero fue Chuck Norris.


Stallone, Schwarzenegger, Willis, Gibson…

Esos eran los nombres que de niño buscaba en las estanterías del videoclub. Protagonistas de monumentales producciones de serie A, que opacaban las más modestas películas de Chuck Norris, las cuales nunca llevé a casa.

Los años lo han dejado casi como gag de una época perdida. Como epítome del tipo duro, básico y cavernícola, de pocas palabras y mucha violencia.

Así que me pregunto:  ¿Merece más respeto el viejo Chuck? ¿Tiene vigencia la filmografía de este hombre, sin el cariño de la nostalgia? ¿Explotará mi reproductor de DVD (y mi cerebro) ante este estampido de testosterona ochentera?


Para responder a estas preguntas, me voy a servir de la colección lanzada por el MARCA, de mi valor y de mis ganas de atracarme de la esencia cruda del actioner old school.


La forja de una leyenda



Prestigioso artista marcial, Norris llamó la atención de la Industria cinematográfica tras aparecer en “El Furor del Dragón” (1972) como némesis final del gran Bruce Lee. Los productores norteamericanos vieron una oportunidad de oro para darle réplica al cine oriental, con un hombre de la tierra: un fornido muchachote rubio de Oklahoma, capaz de exhibir en pantalla toda su pericia con el karate.  


Pero antes de que su nombre encabezase el reparto de los films, a Chuck le tocaría cuajarse en subproductos tales como “El tigre de San Francisco” (1974), peli cutrísima de origen hongkonés, aunque ambientada en Norteamérica, en la que Norris hace nuevamente de malo, interpretando (es un decir) a un jefe mafioso con el departamento policial en el bolsillo, al que sólo hace frente el honrado Don Wong.

Pese a tener pinta de haberse rodado en tres días, conserva cierto encanto y es curioso ver a Chuck Norris haciendo de villano de opereta, con su puro, su pecho peludo y su sonrisa malévola.

Lo mejor: La pelea con Wong. La agilidad del coreano frente a la contundencia de Chuck recuerda a la lucha del “Furor del Dragón”.

Para su siguiente película, ya como protagonista, “Breaker, Breaker” (1977), nuestro héroe haría de un camionero (!) que cuida de su hermano pequeño, y se ve envuelto en una trama de corrupción en un pueblo sureño.


Aquí ya se dibuja el perfil del personaje que lo haría celebre: hombre serio, sencillo y apacible pero de métodos expeditivos cuando la ocasión lo requiere. Con todo, la acción tarda en llegar y desprende un tufillo televisivo que la emparenta con un capítulo de los Duques de Hazard venido a más.  

Lo mejor: El ambiente de western, el ataque de los camiones y la exhibición de patadas que despliega Chuck.

El modesto éxito que cosechó, hizo que participase en un proyecto de mayor caché y, un año después, se estrena “Los valientes visten de negro” (1978).  Los tratados de paz con Vietnam del Norte se firmaron a cambio de que, años después, se acabase con el comando de élite norteamericano, los Tigres Negros. Su antiguo líder, el Mayor John T. Booker (Norris), luchará porque se descubra la verdad, aunque tenga que llegar hasta la cúpula del poder de Washington.


Chuck reconocería en su autobiografía (“Against All Odds”) que los consejos de sus compañeros de reparto (James Franciscus, Anne Archer, Lloyd Hanes…) le ayudaron a darle mayor empaque a su papel y considera esta película, el primer “Chuck Norris film”.

Lo mejor: La mitiquísima patada atravesando el parabrisas del coche, y la escena de Harolds (Dana Andrews), con su batín y su distinción empapada en whisky, divagando sobre política exterior de EE.UU.


Después llega “Fuerza 7 (A force of one)” (1979). En ella, Logan (Chuck Norris), campeón mundial de karate, decide colaborar con la policía, tratando de desbaratar una organización de contrabando de drogas, que opera en una pequeña ciudad californiana.

Más detectivesca que de acción, pese a su desarrollo convencional, resulta agradable de ver, y llama la atención cómo estos films primarios, ya apuntan los temas que, posteriormente, se desarrollarían en sus títulos más conocidos: la guerra de Vietnam, la lucha policial contra el trafico de drogas, el mundillo de las artes marciales y la venganza como camino del héroe solitario.

Lo mejor: El combate con la leyenda del kickboxing, Bill Wallace, su falta de pretensiones, y la simbólica escena de Chuck destrozando una caja llena de droga (¿cómo no?) de una patada.

“Duelo Final” (1980), ninjaxplotation un tanto aburrida, sin apenas peleas y que abusa del punto débil de Norris: actuar. La película es un batiburrillo de terrorismo internacional, ninjas (pocos), y demasiado romance para un producto de estas características.



Lo mejor: Lee Van Cleef y su pendiente, y el acertado recurso de la voz en off para cubrir las limitaciones actorales de Norris.

Mejor resultado daría su siguiente proyecto, “Golpe por golpe” (1981). Chuck, vuelve a San Francisco para ponerse en la piel del duro agente de narcóticos, Sean Kane. El cual, tras la muerte de su compañero, asesinado en una operación fallida, abandona el Cuerpo de Policía, esperando averiguar quién les traicionó y poder impartir justicia: su justicia.


Su film de mejor factura hasta el momento, el reparto está lleno de caras conocidas tales como Richard “Shaft” Roundtree, Mako, el inmenso Toru Tanaka, o todo un Christopher Lee en el papel de líder de la Triada.

Lo mejor: Las andanzas de Norris y Mako por Chinatown, Tanaka contra el Volkswagen Escarabajo y los majestuosos planos de la ciudad de la Bahía.

Al año siguiente, se estrena una inesperada incursión de Chuck Norris en el terror. Tras acabar con delincuentes como traficantes, ninjas, o polis corruptos, en “Furia Silenciosa” (1982), el adversario de Chuck es un psicópata modificado genéticamente que siembra el terror en una pequeña localidad tejana, únicamente defendida por el sheriff Dan Stevens (Norris).


También cuenta con la presencia del añorado Ron Silver como honesto psiquiatra que se niega a participar en este moderno experimento de Frankenstein.

Lo mejor: El ser un refrescante crossover entre el slasher y las películas de karate.



Por su parte, “Marcado para morir” (1982) es un retorno a los parámetros típicos del cine de Norris. Venganzas, peleas callejeras, persecuciones, mujeres encandiladas por la virilidad sin límites de Chuck… Aunque esta vez, el argumento se desarrolla en el exótico Hong Kong, donde Norris es Josh Randall, jefe de seguridad de un casino, hostigado por una familia mafiosa que quiere utilizarlo como  tapadera de  sus negocios sucios.

 “Marcado para morir” es una de las favoritas de los fans, pero fue un fracaso económico que llevó a que Chuck Norris se desvinculase de la Metro Goldwyn Mayer y tuviese que volver a buscar financiación en pequeñas compañías para su siguiente trabajo.


Lo mejor: La inolvidable secuencia de créditos con las siluetas peleando ante los neones, su potente Banda Sonora, y las calles de Hong Kong como un personaje más de la película.
  
En 1983, llega “McQuade, Lobo Solitario”. Esta vez, Chuck se cala el sombrero del Ranger, J.J. McQuade.  Sus brutales métodos de trabajo no son del agrado de sus superiores, pero es el único hombre de Texas capaz de acabar con una red de tráfico de armas dirigida por Rawley Wilkes (David Carradine). Cuando los criminales amenazan la vida de la hija de McQuade, lo convertirán en algo personal: grave error.


Spaghetti western contemporáneo con un Norris, medio alcohólico y lleno de mugre, más turbio, más rudo, no tan “blanco” como el de films anteriores.

Lo mejor: Chuck y Barbara Carrera retozando en el barro, su violencia sin complejos, McQuade volviendo de la tumba con su 4x4, y la pelea con David Carradine, el otrora Kwai Chang Caine de la serie “Kung-Fu” (1972-1975).




Los 80: Reagan, la Cannon y el defensor de América.

Hasta ese momento, hay que reconocer que Chuck Norris era la verdadera fuerza impulsora de sus películas, ya que se encargaba tanto de vender sus proyectos en las productoras como de obtener una buena distribución. Pero todo eso cambiaría tras recibir la llamada telefónica del capo de la Cannon, Menahem Golan.

Golan había conseguido un gran éxito resucitando la saga “Death Wish” de Charles Bronson, y quería sumar otra estrella de Acción a la nómina de su productora. Por sus manos pasó el libreto de “Rambo: Acorralado Parte II” (1985) y decidió contar a su modo, la historia del veterano que regresa a Vietnam para liberar a los soldados retenidos en campos de concentración. Para ello, el ya renombre de Norris, su pasado militar y su habilidad en la lucha cuerpo a cuerpo lo hacían ideal para encarnar al coronel James Braddock.

En mi opinión, aunque sea el título más reconocido del actor, no me entusiasma y pienso que el director Joseph Zito hace deambular el film por terrenos bastante convencionales, sin la chispa de producciones anteriores.


A pesar de eso y de subirse descaradamente a la ola de la rambomanía, “Desaparecido en combate” (1984), fue un taquillazo, tanto en las salas como en videoclub, e hizo popular el nombre de Chuck Norris en todo el mundo. 
  
Lo mejor: El que el hieratismo de Norris encaje tan bien en la personalidad traumatizada del protagonista y la famosa escena de Braddock saliendo del agua con su M-60, para ametrallar a los vietnamitas.



Rodadas a la vez, "Desaparecido en Combate 2" (1985) fue inicialmente ideada para ser la primera parte, pero Menahem Golan vio más potencial comercial en el regreso de Braddock a Vietnam, por lo que, al final, terminó ejerciendo de precuela.

Lo que aquí se narra (y ya se veía en “Desaparecido en combate” (1984) en forma de flashbacks) es la reclusión del coronel y sus hombres en el campo de prisioneros  dirigido por el sanguinario Yin (Soon-Tek Oh). El resultado es para mí, superior a su predecesora. Con pocos medios, se dota de profundidad a la historia de los soldados torturados en escenas difíciles de olvidar por su dureza que le dan un tono adulto a la película. 

Cuando Braddock consigue escapar, su deseo de venganza será incontenible y la noche se cernirá sobre los malvados vietnamitas, entre los que se encuentra Toru Tanaka, que repite con Norris tras “Golpe por golpe” (1981).

Lo mejor: la tortura de la rata, Braddock y el lanzallamas, la refinada crueldad de Yin y el saber recoger el sentir del pueblo norteamericano que busca quitarse la espina de la guerra perdida mediante el cine. 


Un año después, Chuck interrumpe temporalmente su colaboración con la Cannon para rodar la magnífica  "Código de Silencio" (1985). Aquí retoma el género policíaco y viaja a una Chicago envuelta en una guerra mafiosa entre italianos y colombianos por el control del tráfico de cocaína. El único que hace frente a la omertá o código de silencio, es el sargento Eddie Cusack (Chuck Norris), un poli que no se deja entrampar por la corrupción y que sólo se rige por su inquebrantable sentido del deber.



Quizás más para Bronson que para Norris, pero aun así, un muy disfrutable film que no sería más ochentero aunque John Hughes le vomitase encima. 

Lo mejor: Un tremendo (aunque escaso) Henry Silva como capo de la familia Comacho, la escena en la que Chuck le empurra la cara a un criminal en un espejo de cocaína, y el final, con el mano a mano de Eddie Cusack y el robot-policía, contra los colombianos.


En 1985, la pesadilla de Ronald Reagan toma forma y la tierra de la libertad es invadida por un ejercito terrorista liderado por Mikhail Rostov (Richard Lynch) y su secuaz cubano Nico, sembrando el caos en Miami mediante violentos atentados. Sólo el ex agente de la C.I.A., Matt Hunter (Chuck) puede frenar a los que quieren dinamitar el american way of life.

En "Invasión U.S.A" (1985), esta vez sí, la cámara de Joseph Zito acierta y consigue crear un surrealista Miami de cartón-piedra, que se torna en aquelarre de pólvora, sangre y desolación. Todo eso, salpimentado con una batería de frases lapidarias marca de la casa ("Cualquier noche cerrarás los ojos y cuando los abras, yo estaré allí. Y habrá llegado tu hora.").  


"América lleva 200 años sin haber sido invadida por ningún ejército enemigo. Míralos...frágiles...una civilización decadente...ellos son su peor enemigo, pero no lo saben. 
Esta noche haremos Historia.
América será un lugar diferente. "

Lo mejor: El duelo de maldad entre Richard Lynch y Billy Drago, la batalla en el centro comercial, el duelo de bazookas, que los años la hayan convertido en una imprescindible deconstrucción del género, y que inaugure la edad de oro del cine de Chuck Norris.



Chuck Norris volverá muy pronto a la Triple Amenaza...

viernes, 18 de septiembre de 2015

KEITH RICHARDS “CROSSEYED HEART”. EL ÚLTIMO SOLDADO DEL PELOTÓN.


La génesis de los tres álbumes en solitario de Keith Richard ha sido muy diferentes.

Si Talk Is Cheap (1988) era su respuesta a los intentos de Jagger por enterrar a los Rolling y lanzarse como solista, y Main Offender (1992), la necesidad de airearse de la maquinaria stoniana, este recién nacido Crosseyed Heart (2015) es, únicamente, el puro placer de sacarse de dentro las canciones que le pudieran quedar, por si a los Stones no les apetece volver a pisar un estudio.

Como avance se lanzó en Julio el single “Trouble”.  Espontáneo y directo, el tema lleva la firma de su autor en cada redoble de batería, en cada fraseo de su inconfundible guitarra, en cada verso mascullado por un Richards que transmite el mismo optimismo que desprende la portada del disco. A diferencia de sus hermanos mayores, desaparece el gesto grave de antaño y muestra la sonrisa del que saborea con orgullo las aventuras vividas.


Aún así, en principio, Keith no lo tenía demasiado claro y fue el batería y productor Steve Jordan, el que le convenció de volver a reunir en Nueva York, a los X-Pensive Winos tras veintitrés años de hiato musical. Aunque el tiempo pasa hasta para los mitos, y no fueron las caóticas sesiones de grabación de su anterior trabajo, en las que acabaron con las reservas de Jack Daniels de la zona, ni tampoco el desfile de colaboradores (Bootsy Collins, Maceo Parker, Bernie Worrell…), que ayudaron a Keef a darle forma a su primer disco. Esta vez, todo se ha desarrollado de forma más relajada y se ha aprovechado el talento multiinstrumental de los Winos. 

Los X-Pensive Winos en acción.

Por los Estudios Germano del Soho, sólo apareció una noche la divina Norah Jones para cantar “Illusion”. Tras haber compartido escenario en un homenaje a Gram Parsons, Keith quiso contar con ella para darle un poco de Soul a un disco que es fiel retrato de sus filias musicales (vitales): la verdad del Blues (“Crosseyed Heart”, “Goodnight Irene”), el recuerdo Reggae de sus años en Jamaica (“Love Overdue”), la pureza de los 50s (“Blues In The Morning”), la honradez del Country (“Robbed Blind”), esas baladas taciturnas que siempre cuela en los trabajos de los Stones (“Nothing On Me”, “Lover´s Plea”) o experimentos propios de su íntimo Tom Waits (“Substantial Damage”).

El resultado es un trabajo variado y maduro, que ofrece el dulce disfrute de lo previsible estando The Human Riff  por medio: una pasta en la que se entremezclan las esencias del Rock con la personalidad de un artista, al que las arrugas no le han alejado de sus raíces.

También ha sido un regalo la promoción del álbum en la que este perro viejo del negocio, aparte de prometer disco de los Rolling Stones para el año que viene, ha repartido cariñosos cachetones a Black Sabbath, Metallica, Grateful Dead o incluso a los Beatles. Desprecios, mitad reales, mitad provocación, que son celebrados por los fans que encendemos cada mañana el ordenador, esperando nuevas boutades del que ya no tiene nada que demostrar. Dardos de ojo guiñado, que no afectan ni siquiera a los ofendidos, como el propio Lars Ulrich que cuenta su experiencia como telonero de los Stones, encantadísimo de disfrutar en primera persona de la arrogancia rockera de sus Satánicas Majestades.   

Y es que es imposible enfadarse con tipos como este al que, gustos aparte, se le debe reconocer el mérito del superviviente. Las bombas caen a su alrededor y este año ha tenido que despedirse de sus amigos B.B. King y Bobby Keys. 

Y sin embargo, ahí sigue. 

Envuelto en humo y leyenda, con su chaqueta de piel de serpiente, su calavera de plata y esa Fender que le sienta como a nadie. 

Maravillado por la contradicción de que precisamente sea él, el soldado que vaya a regresar a casa.


domingo, 13 de septiembre de 2015

DURAN DURAN "PAPER GODS". LA TEORÍA DEL ETERNO RETORNO.

“Eterno Retorno”: Concepción del tiempo consistente en aceptar que todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente.

Friedrich Nietzsche.




No sé si Simon LeBon y Nick Rhodes tendrán al filósofo alemán entre sus referencias, pero seguro que estarán de acuerdo en que su carrera en los últimos años se mueve sobre un péndulo que oscila entre la dulce nostalgia de su época ochentera y la inquietud por teñir su música de sonidos contemporáneos.

Y si el All You Need Is Now (2010) era cargar de vatios la época de Rio (1982), ahora tocaba mirar alrededor y ver que suena ahora en la radio. Porque no creo que haya algo que horrorice más a los Duran Duran que se les diga que están pasados de moda.

A diferencia de su anterior álbum, esta vez el productor Mark Ronson, sólo puede colaborar de forma puntual, y esa labor la asume, entre otros, el músico británico Mr. Hudson que también aporta voces a la canción que abre el disco de forma impecable.

El tema “Paper Gods”, con sus coros y su firme pulsión electrónica, emana una sobria melancolía al cantarle a la futilidad del tiempo y de la vida. No se esperaba tanta profundidad de entrada, pero siempre se aplaude la innovación y seguro que el tiempo hará que escale en el imaginario de los Duran. 

Tras ella, una más reconocible “Last Night In The City”, en la que se acaba la tristeza y se abren las puertas de la Disco, para que bailemos durante la última noche en la ciudad. La voz de Kiesza le da chispa y piezas así no deben faltar en los trabajos de los de Birmingham.

Ecos de “The Chauffeur” en una sombría “You Kill Me With Silence” que no deja demasiada huella al oyente y antecede al primer single: la funky “Pressure Off”



El viejo socio de Duran Duran, Nile Rodgers, le mete calor y energía a una canción que ya forma parte del setlist de su gira, y que gana con sucesivas escuchas.

Y tras esto …la imperceptible guitarra de John Frusciante en varios temas, una entretenida “Change The Skyline” … y poco más. Piezas anodinas, mucho relleno y un suflé que sólo sube algo con el bonus track “Northern Lights”.


Peor que su anterior obra, pero mejor que Red Carpet Massacre (2007). Anyway, si algo ha demostrado Duran Duran es que saben rehacerse y que los guiños de la portada de Paper Gods (2015) a su longeva trayectoria (el tigre de Seven And The Ragged Tiger (1983), el luchador de Sumo de “Girls On Film”…) son un gesto claro de que no pierden de vista su legado y que el péndulo pronto volverá a oscilar hacia la diversión elegante de tiempos recientes.

miércoles, 26 de agosto de 2015

SUPERGIRL CONTRA SUPERGIRL.


¿Cualquier tiempo pasado fue mejor o antes del 2000, sólo hay productos caducos?

¿El CGI lo maquilla todo o hay que darle mérito a productos menos potentes a nivel audiovisual pero con mayor encanto?

¿Estética camp ochentera o visión contemporánea domesticada bajo mil filtros?

Preguntas que me asaltan en la cola del supermercado y que quiero responder enfrentando a dos encarnaciones del personaje maldito de DC.


Supergirl (2015) Episodio piloto.



En Octubre llegará  a la pequeña pantalla las nuevas aventuras de Supergirl. No obstante, su episodio piloto ya se encuentra en la web, el cual se inicia con una pequeña Kara Zor-El, abandonando Krypton, tras los pasos de su primo Kal-El.

Tras esto, su llegada  a la Tierra, su adopción por parte de los Danvers, y sus primeros pasos en National City, tanto como superheroína como trabajando en el emporio de comunicaciones, CatCo.

El capítulo gusta sin entusiasmar, y deja la inquietud de que se les vaya de las manos el juego “El Diablo viste de Prada” de la identidad civil de Supergirl. Así mismo, el que se deje tan claro el origen de lo que serán los villanos de la serie puede hacer que su desarrollo peque de convencional.

Y,¿eran necesarios tantos personajes “mentores” para Supergirl? ¿podrá espabilar esta mujer tan inocentona con toda esa gente dando consejos? 

Con todo, hay buenos efectos especiales, y todo la parte del origen y la secuencia final de la protagonista volando entre el skyline de la ciudad deleitará a todos los fans y a los puros de corazón.



Supergirl (1984)


La verdad que se hace duro, en pleno 2015, enfrentarte a un producto de estas características. Encima si le eliminas el efecto nostalgia, ya que no la vi en su día, pues se te puede hacer bastante cuesta arriba llegar al final de la película.

La idea no era mala: Tras los decepcionantes resultados de Superman III, intentar reactivar la franquicia del Hombre de Acero con una aproximación diferente.

Contó un presupuesto holgado, actores conocidos (Peter O´Toole, Faye Dunaway, Mia Farrow), una BSO compuesta por Jerry Goldsmith…etc.

No obstante, el resultado es un delirio de cartón piedra, que cambia Metrópolis por un pueblo de mala muerte en el que se desarrolla una trama mística que no hay por donde cogerla, y en la que destaca sobre todo, una GUAPÍSIMA Helen Slater que ilumina la pantalla cuando aparece con el traje rojo y azul, y que aporta dignidad al personaje.



Por lo tanto, por calidad, debería salir victoriosa la nueva versión televisiva de Supergirl, pero no.

No, porque Supergirl (1984) con lo disparatada que es, cuenta con un factor del que no tiene la serie, y ese factor es la sorpresa.

El aportar elementos nuevos, inesperados, que sorprendan al espectador. Algo de lo que carece la mayoría del cine y la televisión actuales, que viven en un permanente deja vu, y que sólo lanzan productos masivos, que vuelven a moler ideas ya usadas, generando series como esta Supergirl (2015-) que la podemos seguir tanto yo como mi madre.

Así que invito a dejar atrás los prejuicios, a no ser tan pijo e indagar en épocas pretéritas, a lo mejor  más sencillas, pero más auténticas.

Por último, sólo reseñar una escena en la que Linda Lee (Supergirl) conoce a su compañera de habitación en el Colegio Mayor. En esa habitación está colgado un póster del Superman de Chris Reeve. Unas notas de la música de Williams y esa imagen, generan más EMOCIÓN que si Henry Cavill entrase, ahora mismo, volando por la ventana.

sábado, 18 de julio de 2015

FERRY & FLOWERS. IT´S ONLY POP, BUT I LIKE IT!


Con apenas unos meses de diferencia se han publicado los nuevos trabajos de Bryan Ferry y Brandon Flowers.

Discos gemelos que el tiempo podría desordenar, o asignar su autoría a uno u otro. Porque es fácil imaginarse a un Bryan Ferry en el 85, subiéndose a la new wave, y editando este The Desired Effect (2015) que ahora Flowers defiende en directo. Como igual de sencillo sería imaginar a un Brandon Flowers ya pureta, envolviéndose en terciopelo negro, y susurrándole al amor atormentado como hace Bryan Ferry en Avonmore (2014).

Tal vez, el cantante de The Killers con su gesto de boy scout, no haya sufrido lo suficiente para alcanzar el carisma de crooner sofisticado que emana Ferry, hasta cuando se pide un cortado. Pero no es una locura pensar que, tras revisar la herencia de The Cure, New Order y demás adalides del synth pop en su última obra, más adelante, se decida a buscar el origen de todo y dé, con unos Roxy Music, con Ferry a la cabeza, que siguen siendo sinónimo de innovación, treinta años después de su separación.


Mientras tanto, hay que disfrutar de este entretenidísimo Efecto Deseado con el que el cantante de Las Vegas retoma su carrera en solitario tras un tristón Flamingo (2010) que parecía compuesto por descartes de su banda madre. El resultado es un luminoso LP que irrumpe con “Dreams Come True”, alegato  optimista que bebe tanto del sonido de la E Street Band  como de esas referencias espirituales que pueblan la carrera del mormón más famoso del mundo. Tras ella, llega el primer single “Can´t Deny My Love”, trepidante sencillo en el que ya queda claro el espíritu eighties que respira el álbum y cuyo clip parece transcurrir en el Bosque de Shyamalan. No decae la intensidad y en la bailable “I Can Change”, se conjunta el recordado “Smalltown Boy” de Bronski Beat  con los Pet Shop Boys , mientras Flowers, como todos, le pide a ella una nueva oportunidad para cambiar.


Tras esto, el exotismo de “Still Want You” y un retorno al estilo Killers con la sentida “Between Me And You”, algo que también transmite “Untangled Love”. Cambio de registro y llega otro de los platos fuertes del disco con una “Lonely Town” con Brandon convertido en psycho acosador, sacado de un slasher de Carpenter, y en la que el cantante de Las Vegas sigue sin caer del filo de la navaja que separa la actualización con gusto del mero refrito.  

Desde ahí hasta el final, destacan el rocanrol sintetizado de “Diggin´Up The Heart” y una folkie “The Way It´s Always Been” de aire Beatle con la que Flowers se despide hasta la próxima aventura en solitario, en la que ojala repita los aciertos de este redondo The Desired Effect (2015).

En la otra esquina, el capo del pop elegante y relajado, Mr. Bryan Ferry, con una nueva obra cuyo título lo enlaza con la mística del epílogo de Roxy Music, Avalon (1982).


El disco se inicia con “Loop de Li” y “Midnight Train”, dejando claro que el viejo Ferry ha vuelto y que esto no es ni un incoherente homenaje a Dylan, ni experimentos con Big Band. Las canciones te sumergen en una dulce nebulosa en la que flotan las tramas enmarañadas de teclados, el pulso firme del bajo, los vientos sugerentes, el funky blanco de la guitarra y, sobre todo, el gemido de Ferry.

Tras esto, la balada “Soldier Of Fortune”, coescrita con el ex Smiths Johnny Marr, y que evoca al “Brothers In Arms ” de un Mark Knopfler que también aparecerá en el álbum, posteriormente.


Se sube un cambio y el LP acelera con una excitante  “Driving Me Wild”, en la que Ferry demuestra que no tiene reparos, a pesar de la edad, en seguir protagonizando tortuosas love stories que evocan su conflictiva vida personal. Un tipo, ya pasados los sesenta, con los arrestos para casarse con la novia de su hijo, para después ser abandonado por la misma porque “se comporta como un niño”. 

Un, como dice la canción, “Special Kind Of Guy”.

El disco alcanza cima con la homónima “Avonmore”,  cinco minutos de fiebre artificial con la que perder la cabeza, y una delicada “Lost” , que no hubiera desentonado en sus exitosos discos de los 80.


El cierre lo hacen dos versiones, la celebre “Send In The Clowns”, interpretada en su día por Sinatra, y, “Johnny and Mary” del añorado Robert Palmer, la cual marca lo que podría ser el nuevo rumbo del cantante británico: obras de atmósfera supurante de melancolía y oscuridad.

sábado, 4 de julio de 2015

CASABLANCA. CUESTIÓN DE FE.


A veces, el querer ser singular, hace que nos decantemos por elecciones heterodoxas.  Hablamos de bandas de culto del postpunk en lugar de admitir que todos venimos de los Beatles, o ponemos a aquella selección húngara del 54 por encima de la actual magia culé.  Y si ya nos vamos al cine, el postureo es máximo. Lars Von Trier por bandera y el cine iraní ante todo y contra todo, o la pujanza de películas contemporáneas metiéndole el codo al venerable cine clásico.

Parece que no queda bien ser obvio y oír a los Stones, o poner a Casablanca (1943) como lo más grande que se ha grabado en celuloide.

En mi caso, yo no puedo evitar rendirme ante el embrujo de Casablanca. Porque conecto con todas y cada una de esas loas al cinismo que un Bogart, derrotado por la vida, dispara con la contundencia de un cañón antiaéreo. Porque cada revisionado es un constante frotar de manos esperando al siguiente momento mítico: “Ahora es cuando ella llega y le dice a Sam que toque su canción”. “Ahora viene cuando cantan la Marsellesa en Rick´s y hacen callar a los nazis” “Ahora el flashback en París y la escena de la estación de tren…”


Y por si esto no fuera suficiente para asentar su enorme talla, al escarbar un poco te topas con que la magia brotó de una peliculilla de serie B, de las muchas que producía la Warner al año. Un guión basado en un libreto de una modesta obra teatral (“Todo el mundo viene a Rick´s”) que nunca se estrenó. Una historia sin final que se reescribía a diario, y un reparto de terceras y cuartas elecciones, dirigido por un Michael Curtiz que no pasaba de ser un artesano de Estudio.

Incluso estuvieron a un paso de que no sonase la eterna “As time goes by”.

Entonces…¿Qué pasó? ¿Cómo se erigió el clásico de los clásicos sobre tan humildes cimientos? Yo por muchas vueltas que le de, no le encuentro otra explicación, más que ya pensar en una influencia divina, que colaboró a que explotase el gran mito cinematográfico.

Porque he llegado a la conclusión de que en la evolución humana no tiene sentido adaptativo el poder apreciar el arte, y sólo se puede entender como un regalo celestial que hace que el hombre emerja por encima del animal.

Y por eso tenemos el Cine. Para que toda la Humanidad coincida en poderse conmover ante el arte más universal.

Para que escépticos como aquel Fernando Trueba cuyo ateísmo le hizo agradecer su Oscar a Billy Wilder, tengan también su religión.

Es por esto que podemos seguir confiando en que cada vez en Casablanca, será como la primera vez. 

Seguir creyendo ciegamente que, cada noche, el Rick´s Café Américain abrirá sus puertas, para dar cabida a la lucha por los salvoconductos hacia la libertad y al deber por encima del amor.

Seguir teniendo fe en que da igual que este loco mundo se derrumbe a nuestro alrededor. 

Siempre nos quedará París.

Siempre nos quedará Casablanca.