domingo, 24 de febrero de 2013

SACRAMENTO KINGS. MUDANDO LA PIEL.




    Agotadora caravana al Oeste la de los, por ahora, Sacramento Kings. Desde que hicieron las maletas en Rochester, NY, y cruzaron Cincinnati, Kansas City, y Omaha hasta alcanzar la capital de California, su casa desde el 1985.

Los seguidores de “El Mentalista”, estarán familiarizados con esta coqueta  localidad de primavera perenne, cuya paisaje es el de un pueblo venido a mas, con poco de gran urbe.

Una población de apenas medio millón de habitantes, se antoja un mercado escaso para sostener una franquicia NBA que puede que pronto corra la misma suerte que los Buffalo Braves, los Philadephia Warriors o los New Orleans Jazz.

Lo rumores de traslado a Seattle suenan cada vez con más fuerza en los pasillos de una franquicia que no huele playoffs desde hace 6 temporadas y que sus últimos movimientos en el mercado han sido deshacerse de su reciente número 5 del Draft de 2012, el atlético power forward Thomas Robinson, y del veterano escolta dominicano Francisco García, único jugador del roster que recuerda a los Kings jugando postemporada.

No se ve a los hermanos Maloof con la intención de armar un equipo competitivo, y si más pendientes de los cantos de sirena de la ciudad del Estado de Washington, en forma de 525 millones de dólares.

Quién lo iba a decir hace pocos años cuando eran la Casablanca del basket.


Los planetas se alinearon al cambiar la anarquía de un Jason Williams, incómodo para las ideas del entrenador Rick Adelman, por la dirección serena de Mike Bibby que, junto a las mañas de Divac, la calidad high class de Chris Webber, el tiro de mira telescópica de Stojakovic, la defensa de Dough Christie, la inyección de puntos desde el banquillo de  Bobby “Mr. Magoo” Jackson, y un Princetone Offense desarrollado con devoción, explotaron en un baloncesto total que hizo colgar el “No hay billetes” en la puerta del Arco Arena durante siete temporadas consecutivas.

Tiempos de vino y rosas en los ver los duelos de los Kings por la Conferencia Oeste era tirar unos dados que siempre caían en una combinación ganadora: Sacramento-Dallas, San Antonio-Sacramento, Sacramento-Minnesota, Sacramento-Lakers…Una fiesta sobre el parqué que no se vio recompensada con un título de campeón para los Kings.

La mala suerte, y, quizás, la frialdad de su principal estrella en los momentos calientes, terminaron por desgajar a aquellos mágicos Sacramento Kings.

Old Sonics vs. New Sonics?


Después de esto, se toma la dirección contraria y se optó por el perezoso Tyreke Evans y el desequilibrio, en la zona y en su cabeza, del pívot  DeMarcus Cousins. Jugadores de mucho uno contra uno, mucho atender a las estadísticas individuales, y mucha derrota, que han acabado con la franquicia hundida.  



Seguro que el grupo empresarial que gestiona el retorno de los Sonics a la NBA querrá bendecir su llegada a Seattle, con algo más de nombre que el poco encarrilado talento de los actuales Kings.

Para esa labor, sería bueno que mirasen atrás y entendiesen las gestas de Sacramento, como el camino para resurgir.

Que los números retirados de Lenny Wilkens y Jack Sickma ondeen sobre un equipo que, bajo la nueva piel verde, se le advierta el violeta y negro del equipo que fue the greatest show in court.

sábado, 23 de febrero de 2013

MÖTLEY CRÜE. LOS CHICOS MALOS DEL ROCK N´ROLL.


When we started this band
All we needed, needed was a laugh
Years gone by...
I'd say we've kicked some ass


When I'm enraged
Or hittin' the stage
Adrenaline rushing
 Through my veins
And I'd say we're still kickin' ass
Oooh, ahh, kickstart my heart.

    Contaba el vocalista de Warrant, el desaparecido Jani Lane, que volviendo de una gira suramericana a principios de los 90, se encontró con que el póster de su banda había sido cambiado por un afiche de Alice In Chains en la entrada de las oficinas de Columbia Records.

Daba igual que el Glam Metal estuviese alcanzando la edad adulta con obras maduras como el “Heartbreak Station”(1990) de Cinderella, el "Flesh & Blood”(1990) de Poison, o el “Slave To The Grind”(1991) de Skid Row. La revancha de los novatos de la era alternativa, redujo a los grupos de ese perfil, a un empalagoso chiste de cardados, spandex y morritos entreabiertos.

De la caída del Imperio, escaparon Bon Jovi que se embarcaron para Europa, disfrazados de Michael Bolton, y Guns N´ Roses, a los que su éxito masivo les valió una bula de un par de años hasta que el ego de Axel los enfiló al sacrificio.

El resto intentó mantenerse, quitándole brillo a su propuesta, y adaptándose a tiempos más austeros. Entre ellos, unos Mötley Crüe, milagrosamente, aún en pie, tras años de colorear su (maravillosa) música, con un viaje al Averno en el que expandieron las fronteras del sexo, drogas y rock n´roll.

¿Penas de cárcel por violencia doméstica? ¿Enfermedades óseas degenerativas? ¿Peleas a puñetazos entre los miembros? ¿Ruinas financieras? ¿Accidentes de tráfico mortales? ¿Sobredosis de heroína?  ¿El desprecio de la industria musical? ¿Cocaína como para hacer nevar en California? ¿Desgracias familiares? ¿Conflictos con discográficas? ¿Amenazas de muerte de la Yakuza japonesa? ¿Problemas para que cualquier otra banda hubiese tirado la toalla?...Otro día en la oficina para estos cuatro misfits que aún hoy alimentan a una bestia que echó los colmillos allá por 1980, en una destartalada casucha de North Hollywood, en la que Nikki Sixx comenzó a idear sus planes de conquista mundial. 


Fan de Sweet y de MC5, tras foguearse en el circuito angelino y sin dominar del todo el bajo que hurtó de una tienda de instrumentos, se junta con el cartoon viviente Tommy Lee, que tocaba golpeaba con violencia su batería, el frágil Mick Mars a la guitarra y la voz venenosa  de Vince Neil, formando, más que un grupo de rock, un gang que orgulloso recorría Sunset Strip, envuelto en laca, cuero y maquillaje, encaminados a bajarle las bragas a América.

No repiten el esquema tradicional de frontman exaltado y arrogante guitar hero, como líderes de la banda. En su lugar, el corazón de los Crüe, son los malignos Terror Twins: el bajista devorado por sus taras y demonios, y el anfetamínico batería, capaces de tumbar al que sea bebiendo, esnifando y follando.

Tommy y Nikki
Primeras actuaciones en el Whisky A Go-Go y el Trobadour con una salvaje puesta en escena de sangre y fuego, que se condensa en el desaliñado “Too Fast For Love”(1981). Revisión sulfúrica de unos primeros Van Halen, que mezcla las melodías 70 de Cheap Trick, la suciedad sleaze de Aerosmith, y el espíritu glammy de los Dolls, recubierto todo con un brillante chapado de Metal.

Su bautismo tuvo lugar en el mítico U.S. Festival ´83, dónde los bastardos de los Kiss hierven 250.000 almas que extienden la palabra Crüe por todo el país, e inician el ascenso en el panteón rockero, apoyando el tacón en discos irrepetibles (sobre todo porque apenas recuerdan como los grabaron). Se encadena la oscuridad de “Shout At The Devil”(1983), con el resacoso “Theatre Of Pain”(1985) y el festivo “Girls, Girls, Girls”(1987) hasta esa obra maestra que sigue siendo Dr. Feelgood (1989).

Con el célebre Bob Rock a los mandos, los Mötley Crüe entran, por primera vez, sobrios a un estudio en el que liberan al animal salvaje que ruge poderoso en Rattlesnake Shake, Dr. Feelgood, Don´t Go Away Mad (Just Go Away)… y, sobre todo, en ese subidón de adrenalina (nunca mejor dicho) que es Kickstart My Heart.


Anyway, su primer álbum Nº 1 fue la antesala de un Purgatorio de salas medio vacías y clubs de tercera fila, al que fueron condenados para expiar sus pecados. 

Después de que Nirvana encendiese las luces de la fiesta del hard rock, intentaron ganar credibilidad con el profundo “Mötley Crüe”(1994), cambiando al frívolo cock rocker Vince Neil por un John Corabi que no soportó mucho tiempo el demencial Crüe lifestyle; metiéndose en el metal industrial con "Generation Swine"(1997); o desandando lo hecho en el back to the roots que fue “New Tattoo”(2000).

Palos de ciego, que carecían del embrujo de antaño al tratar de ser lo que no son, o al faltar Vince o Tommy, lo que derivó en la dispersión del grupo. 

Sin embargo, el éxito de su autobiografía “The Dirt”(2001), relato que supura  nihilismo y decadencia, y el revival 80, obraron un nuevo milagro.


En 2004, los cuatro Mötley originales se vuelven a reunir, para mirarse a lo ojos y restañar antiguas traiciones. Se publica un doble recopilatorio con temas inéditos, “Red, White and Crüe”(2005), que llega a disco de platino, y se les vuelven a abrir las puertas de los viejos Arenas.


Los fans, nuevos y antiguos, reciben a los Mötley Crüe como a gladiadores y las fechas de conciertos se multiplican. La espondilitis anquilosante de Mick Mars todavía no alcanza una mano izquierda que desentierra con saña los riffs del pasado, la batería de Tommy vuelve a volar, Neil mantiene a raya el dolor por la pequeña Skylar con el calor del público y Jack Daniels, y Nikki sonríe al ver que su bestia avanza por el siglo 21, con sus garras afiladas.

Pruebas innegables de la influencia divina en mantener con vida una banda que sólo cae para volver a resucitar, y que ya ha cumplido con creces los requisitos necesarios para rebautizarse con el título de su último disco.

sábado, 2 de febrero de 2013

JOSÉ MANUEL CALDERÓN. AIN´T NO MOUNTAIN HIGH ENOUGH.




   Tras siete temporadas y media en los Raptors, José Calderón abandona Canadá para recalar, de forma temporal o no, en los Detroit Pistons.

La decisión de traspasarle se justifica en facilitar un mayor margen de movimiento y esquivar el impuesto de lujo, en este último año de su gran contrato, pero, sobre todo, para tapar el fiasco del intermitente Kyle Lowry.

El último de una larga lista de jugadores (Jarred Jack, T.J. Ford, Jerryd Bayless…) traídos para intentar que este no drafteado, diese un paso a un lado y cediese el timón del equipo de Toronto.

A todos se los comió, y, en cada temporada, el número 8 terminó siendo el playmaker titular, batiendo el record histórico de asistencias de la franquicia.


Lowry y Calde.

Con la salida del único jugador al que, realmente, le hubiese gustado quedarse en los Raptors, el GM Colangelo se quita de encima el espejo que revelaba las carencias de sus fichajes exteriores, y termina de deshacer a esos campeones de la División Atlántica de la 06-07, de aire europeo, que apuntalaron su éxito en el extrapass.  

En Toronto, se queda un roster joven, ofensivo y físico, que, con la llegada del explosivo Rudy Gay, vivirá para el contraataque, el uno contra uno y el juego exterior. Unos Heat de los pobres, donde se valora innecesario el juego cerebral de Calderón.

Por el contrario, pese a no viajar demasiado lejos ni geográfica ni deportivamente, (300 kms. al Sur, y un puesto en la Conferencia Este), en su destino si es apreciada su planta de point-guard clásico, siempre con la asistencia en la mente, esforzado en defensa y, sobre todo, generoso en la máxima que preside su web, humildad y sacrificio. Rara avis en el actual paisaje de combo-guards anotadores que entienden el basket como deporte individual

En Detroit, se encuentra una franquicia tricampeona, deprimida desde hace varias temporadas y una ciudad asolada por la recesión.

No se supo hacer la transición del plantel dominador de la East Conference de los últimos años, y ahora se encomiendan al crecimiento de su pareja de pívots Greg Monroe y el rookie Andre Drummond.


Con la salida del alero Tay Prince, último vestigio del anillo de 2004, le toca a Calderón ejercer de mentor. A cambio, Joe Dumars, dirigente del equipo, le promete la titularidad y un contrato multianual al finalizar la temporada.

Está por ver, si este base, que oculta su talento bajo un envoltorio de normalidad, ya se ha cansado de remar a contracorriente y prefiere una suplencia cómoda en un favorito para el anillo, bajar a Segunda en la vieja Europa o, de nuevo, palear en las calderas de un equipo en reconstrucción.