jueves, 27 de septiembre de 2012

BROOKLYN NETS. BACK IN BLACK.


Espero que ganemos el anillo en tres años”.
Mikhail Prokhorov, acerca de la nueva etapa de los Nets tras abandonar New Jersey.


     Expectativas más que optimistas las del magnate ruso, sobre todo, para unos Nets que en 2010 firmaron el peor arranque de la historia de la NBA y, de siempre, han sido uno de los malditos de la Liga.

En las cuentas de la lechera del propietario está volver a playoffs en su regreso a Long Island, e irle enseñando los dientes a la clase alta del Este, hasta que los Nets se prueben un anillo que muchos piensan, les viene grande.

Para ello, primero deberán ganarse el cariño de un barrio que venera a sus Knicks, y que no se enganchará a un equipo con balance negativo, por muy baratas que vendan las entradas.

Y para ser competitivos se ha buscado atraer a las estrellas a Brooklyn,  balanceando delante de sus ojos contratos de ocho cifras como el que cautivó a uno de los mejores bases de la liga, Deron Williams.  

Tras ser desterrado a la Siberia de la NBA que era Nueva Jersey en 2011, por no haber respetado las canas de Jerry Sloan en los Jazz, se anticipaba que Williams pronto huiría hacia alguna franquicia con aspiraciones.

Sin embargo, Prokhorov expuso argumentos que persuadieron a D-Will de que en los Nets no se estaba tan mal.




Aparte de unos más que generosos 98 millones de dólares por 5 años,  se hizo llegar desde Atlanta, al escolta 6-Time All-Star Joe Johnson, y se avivó la esperanza de poder compartir vestuario con Dwight Howard a cambio de Brook López.

No obstante, Howard se marchó a Los Ángeles junto con el espejismo de ser candidatos desde el minuto 0, dejando el puesto de pívot al hijo listo del jugador de béisbol cubano, Heriberto López.


Sin opciones atractivas en el mercado, en los Nets deciden mirar lo que hay en casa y peritan el que a Brook se le caigan los puntos de los bolsillos y su ternura al luchar por el rebote, en 61 millones por 4 años.

Kris Humphries,
fan de las pelis de gladiadores. 
Cuando ya se piensa que a Prokhorov le han explicado mal lo del nuevo impuesto de lujo, se compensa la tibia defensa de López, reteniendo con el contrato de su vida (24 mill. x 2 años) al bravo power forward Kris Humphries, acostumbrado a sudar en el gimnasio y en la pintura, y no tanto en la alcoba de la divina Kim Kardashian.

Para cerrar el quinteto, y a pesar de que se daba por sentado que Kirilenko sería el 3 titular que convocaría a la abundante colonia rusa de Brooklyn en el Barclays Center, se prefiere a un outsider como Gerald Wallace.

Cabeza de ratón en su etapa en los Bobcats y un tanto baqueteado en el amor propio por la indiferencia de la Liga, con 30 años le llega la oportunidad de que el foco se pose sobre él y probarse en lo más hondo de la postemporada.

Y si las cosas salen mal, se puede consolar con los 40 millones de dólares de su nuevo contrato.

Para el banquillo queda la perla de la cantera, Marshon Brooks, el tiro exterior del ex-Baskonia Mirza Teletovic, la inestabilidad del ala-pívot Andray Blatche, un incombustible Jerry Stackhouse  que nos enterrará a todos, y la cólera del pequeño General, el Coach Avery Johnson.

Snooki y Kim, expectantes ante la nueva temporada de los Nets.

Roster profundo con un mucho de todo que puede llegar lejos si pilla a contrapie a unos Heat de barriga llena, o si se aprovecha de que en el Oeste se van a matar entre ellos.

Y si no lo consiguen, el magnate ruso puede hacer lo mismo que sus jugadores, y consolarse  con el dinero que va a ganar con el faraónico Barclays, donde el basket será uno mas de los espectáculos de los que disfrutar desde exclusivas suites de lujo, nunca antes conocidas en el deporte americano.  O con el lucrativo negocio inmobiliario que gira alrededor del nuevo pabellón, construido a golpe de especulación y desahucio. O con las posibilidades financieras y los contactos que brinda ser dueño de una franquicia NBA.


Anyway, a nivel deportivo, lo que esperan los fans es ese soldout del 1 de Noviembre, en el que los New York Knicks viajan al sur de la ciudad para probar la lealtad de Brooklyn y la solidez del bloque en el que se quiere comenzar a esculpir un trofeo Larry O´Brien para Prokhorov.


martes, 18 de septiembre de 2012

DCODE FESTIVAL 2012. DÍA 2 EN EL REINO DEL INDIE POP.


El Pop os hará libres
 Máxima existencial popera.


      Tras experiencias más enfocadas al Metal (Festimad, Electric…) o más populeras como el Azkena Rock, me adentro con ciertos recelos en un DCode Festival, que en su segunda edición, sigue apostando por llenar su parrilla de bandas, cada una de su padre y de su madre, aunque unidas bajo la etiqueta del pop-rock independiente.

¿Cambiaría mi vida el DCode? ¿Me pasaría al indie? ¿Comenzaría a comprar la Rockdelux? ¿Se repoblarán mis listas de Spotify con voces somnolientas y distorsión lo-fi? ¿Me empalmaré oyendo las discografías completas de Los Planetas y Sonic Youth? ¿Agostos por Castellón como un fiber mas?

No es por ir de integrista, y no digo que me acueste cada noche rezándole a Bon Scott. Me gusta la música pop tanto como a cualquiera, sólo que dudaba de que el directo de las bandas de esta segunda jornada, le diesen personalidad al DCode, más allá de un The Killers+guest stars.


Enorme expectación en el escenario principal antes de la salida de Supersubmarina, la banda jienense que se presentaba con su reciente “Santacruz”(2012) como gran esperanza blanca del indie nacional. Por desgracia, la intensidad de sus obras de estudio no se plasmó en escena,  no sé si por culpa de la mesa de los técnicos o de los músicos. Sonido apagado y romo que apenas levantaba el vuelo con las canciones de su primera época (el temazo “Kevin McAlister”, “Supersubmarina”, ”Cientocero”…), más por el aliento del público que por el empuje del grupo.

The Right Ons y su hipervitaminado punk rock demostraron mayor brío en el Heineken Stage. Anyway, quizás porque aún me duraba el encomodo de Supersubmarina, que no sintonice con ellos y pronto volví al escenario principal, esperando que el pop dulce de The Kooks me cambiase el gesto.

Y me lo cambiaron, porque el que tenga oídos debe disfrutar con las suaves melodías de  Ooh La”(adoro esta canción!), “Junk Of The Heart” o “She Moves In Her Own Way”. Además, durante su actuación se produjo el momento apoteósico del día cuando apareció Mark, de Foster The People (que casi se parte la crisma al saltar al foso) acompañado por el groove hecho canción que es su “Pumped Up Kicks”.

Apoteósico, a la vez que revelador de cómo hasta los propios Kooks se dan cuenta de que les sobraba escenario, y de que su música está para librar otras batallas.    

Flojo balance que no pensé que fuesen a variar cuatro tipos con camisas hawainas, una trompeta, una guitarra y un Mac. Pero, hete aquí que los angelinos  Capital Cities y su crujiente electro-pop fue un golpe de timón en la deriva indolente del DCode Fest.

Todo el mundo a bailar con “Safe and Sound” (t-r-e-m-e-n-d-a !), “Patience Gets Us Nowhere Fast”, o la vacilona “Center Stage”. Dance ingenuo alumbrado por el fucsia intenso del vicio de Miami del que gozamos los pocos que aún no defendíamos posiciones para The Killers.


Hora H y 10 minutos, cuando sale a escena la causa de la presencia del 99´99 % de los 20.000 espectadores (yo incluido), allí reunidos.

Primero los gregarios y, por último, un marcial Brandon Flowers, sin pluma(s), que parecía José Tomás haciendo el paseillo en Nimes.

Tras tres años de ausencia, “Runaways”, resultón single del inminente Battle Born (2012), y la invencible “Somebody Told Me” fueron la apuesta inicial de los de Las Vegas en la jugada típica del que sube fichas cuando ya le ha visto las cartas a un público que aplaudiría hasta el “Cumpleaños Feliz”.

Human”, “Read My Mind”, “Mr. Brightside”, "When We Were Young"…smash hit over smash hit en un ejercicio de pirotecnia musical que sólo sorprendió con la desconocida “Miss Atomic Bomb” y con la versión acústica de la tierna “Forever Young” de Alphaville.

Al final, quedó en el ambiente la sensación de que el "...somos The Killers y venimos a por todas" fue una fanfarronada, y que les faltó grandeza para pisar el acelerador y arrasar, tal vez, guardándose para el American Express Unstaged de hoy Martes, en el Bronx, NY.


Lo que no sabe Mr. Flowers (experto en ese arte del que es maestro Jon Bon de cantar y sonreír al mismo tiempo) es que ese combate que libran con Coldplay por disputarle el cinturón de campeón mainstream a U2, se pierde en campos como Cantarranas.

Porque las chicas monas que hoy se agolpan frente al escenario, no van a durar siempre. Y ellos son un boxeador que depende del gancho de sus grandiosos himnos pop, ideales para el éxtasis colectivo del estadio, pero huérfanos de matices que rompan las barreras generacionales y les haga perdurar en el tiempo.

Por eso, Brandon, no queda otra que sudar sobre las tablas y FASCINAR en cada concierto, para no caer en el error del que cree tocar cima cuando apenas alcanza el campamento base.

Así que aplícate y escucha con atención el otro single conocido de Alphaville, para aprender como sortear el acabar siendo sólo “Big In Japan”.


El DCode Festival para los pijos de Madrid que te hacen querer lanzar a la basura tus Wayfarer. A mi que no me esperen el año que viene.

domingo, 9 de septiembre de 2012

ANDRÉS.


Lo ves sentado en la plaza de un pueblo, leyendo el periódico, y no te crees que es el mejor futbolista de España
José Antonio Camacho.


    17 de Mayo del 2006. Frank Rijkaard se mesa los rizos dándole vueltas a cómo evitar que la final de Champions se le escape de nuevo al F. C. Barcelona. El solitario gol de Campbell inyecta stamina a las piernas de un Arsenal que se aferra a que alguna del las cabalgadas de Henry por la banda izquierda, selle el triunfo Gunner.

Apenas iniciada la segunda parte, el entrenador hace que un 24 verde ilumine la lluviosa noche y, como durante todo el año, se encomienda a un joven de veintidós años para que desatasque el centro del campo blaugrana.

Un jugador menudo que todavía flota en la camisa del Barça, y que se prepara para entrar sin un mal gesto para con el hombre que había premiado su gran temporada, cerrándole la puerta de la titularidad.

Con Xavi recuperándose de su lesión de rodilla, Rijkaard no se atrevió a hacerle sitio a Andrés Iniesta en el once inicial sentando al arisco Deco, o sacrificando el futbol trotón de pierna dura de Edmilson o Van Bommel.  

A cambio, ganaba un perfecto suplente que ya se perfilaba como el futbolista con el manual de instrucciones para transformar el rectángulo de juego en mesa de billar.

La Copa de Europa levantada aquella noche al cielo de París por Puyol, fue la primera piedra arrojada en la revolución de los bajitos contra los demagogos del físico y el resultado.

Una revolución sublimada por un Pep Guardiola que convirtió cada partido del Barça en un fenómeno paranormal en el que, en lugar de rivales de Liga o Champions, en el campo se materializaban el Milán de Sacchi, el Brasil del 70, o los tíos lejanos de la Naranja Mecánica, para medirse con los canteranos de la Masía que tocaban con insistencia el timbre de la Eternidad.

El resultado fue de empate técnico, decantado hacia la esquina culé por su barroco tiqui-taca, por un iceberg de títulos y por la constante standing ovation que acompaña a Sweet Iniesta al despedirse de cada estadio.

Entre el recio metrónomo de Xavi, el fogonazo autista de Leo Messi, o el volcán en erupción de Carles Puyol, chispea la templanza torera de barbilla levantada con la que Don Andrés se presenta a las grandes citas.

Citas como el orgasmo de Stamford Bridge que trastornó hasta al mismo Guardiola que volvió a ser aquel recogepelotas del Camp Nou que se abrazaba con Víctor Muñoz. O la escalera al Cielo recorrida en la mágica noche de Johanesburgo en la que Iniesta de mi vida salió de la lámpara para desgarrar la red holandesa, conseguir un Mundial, y apretujar el corazón del planeta con el recuerdo al amigo caído.


Tanta excelencia debía de tener por justicia algún premio en el que se recalcase el esfuerzo del Mejor Jugador de la Euro de Ucrania y Polonia, por acercar la ficción anime de “Campeones” al documental deportivo.


Y ese galardón llegó con un merecidísimo UEFA Best Player in Europe 11/12, en el que este Clark Kent albino, que sólo tuvo palabras de agradecimiento para compañeros de equipo y selección, aportando discreción frente al arrogante desconsuelo luso.



Con, exclusivamente, imperios por reconquistar, a Iniesta ya sólo se le pide agasajarnos semanalmente con su fútbol, hasta una retirada tardía que, con el azúcar de la nostalgia, agrande aún más la leyenda del jugador que arrullaba la pelota, y que se elevaba del césped sostenido por el cariño unánime de la afición.