domingo, 8 de marzo de 2015

JOSÉ LUIS GARCI. QUERIDO MAESTRO.



Hace falta más gente como José Luis Garci en este país.

Hincha del Atleti pese a haber visto jugar a Di Stéfano, seguidor del boxeo y colaborador en amañar el 23-F.

Un mitómano empedernido del Hollywood antiguo que, como él mismo dijo en un inglés macarrónico aquella noche mágica del Chandler Pavillion, cumplió un sueño de infancia al ganar el Oscar por Volver A Empezar (1982). 

Alguien con una voz particular sobre la España de la Transición, que ahora comparte con los oyentes de COPE y esRadio.

El último que salió fumando en un programa de televisión.

Un hombre que rodó las películas que le apeteció y que hizo la machada de despedirse de la dirección con un film inclasificable con Sherlock Holmes tras la pista de Jack el Destripador en el Madrid del S. XIX.


Con el buen gusto de decidir nunca aprender a conducir, y cambiar a Ana Rosa por Cayetana Guillén Cuervo.

Un tipo que se encomendó la muy noble misión de hacer volver las películas clásicas a la parrilla televisiva y celebrar qué grande es el Cine. Durante diez años, cada noche de lunes, se ajustaba la corbata y junto al profesor Juan Miguel Lamet, el saber histórico de Juan Cobos, el verbo grácil del Sr. Fiscal Eduardo Torres Dulce y el enfoque certero envuelto en humo de cachimba de Miguel Marías, nos ayudaba a sumergirnos en el celuloide y a soñar en blanco, gris y negro.

Transmisor de su enfermedad cinematográfica mediante varios libros en los que continúa con su labor pedagógica, sin que le quite el sueño el que lo tilden de conservador y reaccionario.

Responsable de hacernos adictos al Crack y transformar a Landa en antihéroe noir.



Sin reparos para reconocer que ya no puede ver la escena entre Antonio Ferrandis y José Bódalo de su película más recordada, porque le puede la pena por los amigos que se fueron.

Amante del Dry Martini y de Nueva York, y con los reflejos para darse cuenta de lo grandioso que es compartir fila de urinario con Jack Lemmon y Paul Newman.

Uno de esos maestros que nos buscamos cuando terminamos la formación reglada, y que nos enseñan que lo más importante es buscar nuestro camino, disfrutar de lo que nos gusta, y saber que los fracasos sólo son oportunidades para volver a empezar.