martes, 22 de octubre de 2013

CARLES PUYOL. CORAZÓN DE LEÓN.

“Se hubiese dedicado al balonmano, y también hubiera triunfado” Álex R.H.




   Fracturas, esguinces, rotura de ligamentos en la rodilla izquierda, lumbalgia, doble artroscopia en la rodilla derecha,… siete meses parado y treinta y cinco años en las costillas.

Y seguro que el sábado viajó a Pamplona con la ilusión de un juvenil.

Con las mismas ganas que cuando saltó a Zorrilla en su debut de la mano del neurótico Louis Van Gaal. Un entrenador que entre el ramillete de tulipanes que se marchitaron, lejos del Allianz de Ámsterdam, buscó hueco para un recio carnero que devoraba la banda derecha y que suplía su tosquedad, con raza y compromiso.

Nacido en La Pobla de Segur, una pequeña aldea de invierno riguroso en pleno corazón del Pirineo catalán, pronto viajó a La Masía para aprenderse de carrerilla los valores del Barça y para enseñar que lo que no se alcanza con talento natural, se consigue dejándose la piel en el campo.

Le tocó vivir la época dura del postnuñismo y ver a Fabio Rochemback en el once titular del F.C. Barcelona, las caipiriñas vacías de Ronaldinho por el suelo del vestuario, y los cogotazos que, periódicamente, le calzaban a la selección española.

Pero tuvo paciencia y triunfó, centrando la calidad distraída de Piqué y encajando en la filarmónica culé de un Guardiola que sabía que para sonasen bien los violines, hacía falta que alguien tocara el tambor.

E incluso le llegó su noche de gloria, por una vez, en el área contraria:

Semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010. España-Alemania. Minuto 77.

La pelota sale del córner en vuelo templado hacia un corpulento bosque rubio del que emerge un moderno Tarzán que reniega del tiki taka y se disfraza de Santillana para poner el sueño del Mundial al alcance de la mano.

En la celebración del tanto, la forma en la que el resto de compañeros se cuelga de su espalda es metáfora de su papel en el equipo.

No quieren a otro capitán para ir a la guerra, porque conocen que las treinta y seis lesiones sufridas no han afectado sus dos principales virtudes.

Un enorme corazón cargado de coraje y una idea fija de que el destino del mundo sigue dependiendo de arrebatarle el balón al delantero rival.

1 comentario:

  1. Se puede decir más alto, pero nunca mejor. Aún suenan los tambores con la entrada del león a escena.

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